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El destello folk del Merseybeat

En plena ‘beatlemanía’, The Searchers sentaron las bases del folk-rock británico erigiéndose como uno de los grupos más singulares de los sesenta

 

CARMEN SERRANO

El desembarco de los Beatles en el programa de Ed Sullivan el 9 de febrero de 1964 sentó frente al televisor a 73 millones de personas que enloquecieron con su interpretación de ‘I Want to Hold your Hand’. Se había desatado la beatlemania y, con ella, la expansión del sonido beat. Meses más tarde, The Searchers, otra banda surgida a orillas del río Mersey deslumbraba al mundo una luminosa versión del clásico de Sonny Bono y Jack Nitzsche ‘Needles and Pins’, sentando las bases del folk-rock.

The Searchers tomaron su nombre del título original de la película ‘Centauros del desierto’ de John Ford, y nacieron a principios de los sesenta en Liverpool fruto de la asociación de cuatro jóvenes procedentes de varias formaciones de skiffle: John Mcnally (guitarra rítmica y voz), Michael Pender (guitarra líder y voz), Tony Jackson (bajo) y Norman McGarry (batería).

Tras un primer año como banda de Johnny Sandon, el grupo continuó curtiéndose en locales como Iron Door Club o The Cavern, ya con Chris Curtis reemplazando a Norman McGarry a la batería. Como cualquier grupo beat que se preciara, a mediados de 1962 dieron el salto a Hamburgo, donde fueron acogidos con gran entusiasmo por el público del Star Club. Allí tocaron durante 128 días con sesiones de tres y cuatro actuaciones diarias.

El rodaje en los escenarios de Hamburgo supuso una mejora notable en el sonido de estos jóvenes y captó la atención de la compañía Pye Records con quien grabaron su primer sencillo: una versión del archiconocido ‘Sweets for My Sweet’, producida por Tony Hatch y lanzada en julio de 1963, que llegó a desplazar a los Beatles del primer puesto de las listas. Luego llegarían otros éxitos como ‘Love Potion Nº9’ o ‘Farmer John’, también incluidas en su primer disco ‘Meet The Searchers’ (1963), o ‘Sugar and Spice’, dentro del disco homónimo lanzado como segunda entrega de la banda.

Y por fin, en 1964, The Searchers alcanzaron su cénit con el lanzamiento del álbum ‘It’s the Searchers’, 14 canciones pop entre las que se encuentran algunas de sus mejores interpretaciones como la célebre ‘Needles and Pins’, cuya versión caló entre la juventud anglosajona mucho más que la que hiciera Jackie DeShannon. Una balada optimista, con unas armonías vocales perfectamente acompasadas por el efecto de coro que provoca la introducción de la guitarra de doce cuerdas, que se convirtió por mérito propio en el gran éxito del cuarteto y sentó las bases de lo que sería el folk rock de bandas como los Byrds.

El gran éxito que obtuvo esta canción certifica una realidad: es en el espectro pop-folk donde más destaca este grupo y donde pudo haberse reservado un lugar más destacado en la historia de la música popular. Este hecho también queda patente en otra de las joyas del disco: ‘Where have you been’, versión de la canción de Arthur Alexander que destaca igualmente por sus armonías vocales y que también formó parte del repertorio de los Beatles en Hamburgo, o en la canción que cierra el disco y que fue lanzada como segundo single: ‘Don’t Throw your Love Away’.

Sin embargo, estas incursiones en el folk no dejan de ser anecdóticas dentro de un álbum que es puro sonido beat, como muestran sus interpretaciones de ‘Glad All Over’, ‘Shimmy Shimmy’, ‘Gonna Send You Back to Georgia’, ‘Livin’ Lovin’ Wreck’ y ‘Hi Heel Sneakers’, versiones poco atrevidas pero enérgicas donde destaca con contundencia el sonido de las guitarras de McNally y Pender. Lo mismo ocurre con la acelerada revisión que hacen del ‘I Count the Tears’ de los Drifters o la menos afortunada versión de ‘It’s in His Kiss (The Shoop Shoop Song)’, lanzado como single un año antes por la magnífica Merry Clayton y que abre este disco sin pena ni gloria.

Si bien todas esas canciones podrían emparentarse con los éxitos de Gerry and the Pacemakers o los Hollies, el ritmo de ‘Sho’ Know A Lot About Love’ nos remite claramente a los Troggs. It’s the Searchers es un disco en apariencia homogéneo, pero donde los de Liverpool más dan rienda suelta a la experimentación según los estándares de la época. Resulta bastante llamativa la interpretación que hacen del ‘Sea of Heartbreak’ de Don Gibson, convirtiendo este éxito de country comercial en una canción pop, o la magnífica versión de ‘This Empty Place’, donde juegan con los tonos graves para añadir dramatismo a la letra de la canción. En el lado opuesto está el que quizás sea el corte menos arriesgado del disco: Can’t Help Forgiving You, también lanzado previamente por Jackie DeShannon pero que, a diferencia de ‘Needles and Pins’, resulta un tema demasiado plano.

En total, 14 canciones que, con mayor o menor acierto, formaron parte de uno de los discos clave del Merseysound. Un disco que introdujo elementos esenciales para el sonido folk-rock que explorarían los Byrds o Tom Petty y que, sin embargo, prácticamente ha pasado desapercibido. Tan solo un año después de este éxito, la banda cayó a un segundo plano. Los Searchers no supieron o no quisieron ver el cambio de rumbo en la música británica hacia el que evolucionaron otras bandas de la época como los Beatles, los Hollies o los Rolling Stones, que desplazó al Merseybeat de las listas de éxitos. Con varios cambios en la formación, la banda continuó grabando con regularidad hasta el 81 y sigue tocando ante audiencias bastante menores. El próximo 31 de marzo en la pequeña localidad de Milton Keynes (Reino Unido) pondrán fin a una gira de tres meses con la que se despedirán de los escenarios, apagando definitivamente ese chispeante destello folk que alumbró en el Merseybeat.

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