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Pablo Solo

Alondras: un viaje entre la añoranza y la esperanza

El músico cántabro publica su primer disco en solitario tras dejar atrás The Puzzles

 

MARÍA F. CANET

Tiempo detenido y nostalgia desde las ventanas, dos conceptos que bien valdrían para describir el estado de la mayoría de la humanidad estos últimos días, o para definir ‘Alondras’, el primer disco de Pablo Solo. El músico cántabro lleva ventaja al resto de mortales en eso de recluirse; tras dejar atrás su anterior proyecto, la banda The Puzzles, intentó alejarse de la música. Un intento fallido, puesto que la libertad que experimentó en solitario dio alas a su creatividad, algo que se ha materializado en las composiciones de su primer elepé.

Las alondras de este singular músico, un One-Man Band del S.XXI, han echado a volar con la ayuda de Borja Juanco, productor del álbum, desde el nido de Fernando Macaya (Los Deltonos, Mikel Erentxun): los estudios Moon River.  Catorce temas mezclados de forma analógica, que conforman una especial cápsula del tiempo con las décadas de los 60’s-70’s por Norte: pop, rock, soul, psicodelia o funk se cruzan, a medio camino entre la añoranza y la esperanza.

El disco se abre con la adictiva ‘Gotta Leave’ un tema de reminiscencia dance setentera, con un cántico en falsete que evoca a Frankie Valli & The Four Seasons. Tras los pantalones acampanados y los cuellos en pico, llegan los tupés, la gomina y los vestidos con vuelo; la balada ‘Wasting My Time’, entre Doo-wop de los cincuenta y el soul de principios de los sesenta, bien podría haber sonado en el baile de fin de curso de algún instituto americano de la época.

La dulzura da paso a la provocativa ‘Jerome’, entre maracas y salvajes teclas de piano, que oscila entre el rhythm & blues y los Rolling Stones del ‘Sticky Fingers’, mientras Solo canta como poseído por el espíritu de James Brown. Esa sensualidad se retoma en la festiva ‘Bow Down’, un himno tribal de influencia reggae, que a través de maracas y timbales, invita a mover las caderas; sólo hace falta cerrar los ojos para sentir la arena de Jamaica en los pies, mientras se diluye con el sonido de las olas.

La fantasía pop llega con ‘A Dream’, una composición en la que los hipnóticos coros y el órgano son un claro homenaje a Brian Wilson y ‘Pet Sounds’, mientras que los Beatles de Abbey Road, sintetizadores mediante, están presentes en ‘The Ocean King’.

Con sus continuos cambios de ritmo, el instrumental ‘Gus, You Dog’, es uno de los cortes más atractivos del LP: el rock and roll más crudo y sucio descendiente del sonido de los Animals, Cream o los Yardbirds, da paso a la psicodelia, para desvanecerse con unos dulces arpegios de guitarra española, todo ello aderezado con ruidos caninos. El rock psicodélico de la costa oeste aflora en ‘Alondras’, otro instrumental donde comparten protagonismo los interminables solos de guitarra eléctrica y el hammond.

La nostalgia se palpa a través del tono jazzístico de ‘Macy, Pt. 1’ —que parece provenir de una gramola— mientras Solo reza “creo sentir tus dedos en mis manos” sobre las teclas del piano, para posteriormente romper esquemas mediante un psicodélico in crescendo.

El pop rock melódico —heredero de los Zombies o los Small Faces— está presente en cortes como ‘Tomorrow’ o ‘Thank You’, más acústica, a medio camino entre Tom Jones y Harry Nilsson. Ambas contrastan con la oscura y funky ‘Menina’, con una potente sección instrumental. La dulce melodía acústica de ‘Happy Birthday’ se impone al sonido de la lluvia de fondo, como una lucha por mantener viva la alegría en días grises, mientras que ‘Macy, Pt. 2’ cierra el álbum, entre la oscuridad y la esperanza.

En definitiva, ‘Alondras’ es una carta de amor a la música de los sesenta y setenta, que combina experimentación con melodías redondas. Cada tema es un viaje, no solo al pasado, sino también a un escenario diferente. Canciones entre la añoranza y la esperanza, que siempre serán luz.