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Bambikina contra sus pájaros negros

La artista regresa con Túnel, un EP de cinco temas en el que su genuino folclore de raíz se convierte en revulsivo contra los dolores del alma

 

RAQUEL ELICES

La ansiedad lo paraliza todo. Como en un estado de alarma, la vida se rompe en mitad de un dolor punzante, invisible, que aprieta fuerte la garganta y agrieta la voz. Como una noria que no avanza. Esther Méndez (Jaraíz de la Vera, 1991), conocida como Bambikina, sabe muy bien lo que es enfrentarse a ese monstruo. Ocurrió en plena gira de presentación de su anterior trabajo, El pájaro que trajo el fuego (Mad Moon Music, 2018). Un mensaje en sus redes sociales anunciaba la cancelación de todos sus conciertos. “A veces para continuar hace falta parar”, esas fueron las palabras con las que la artista extremeña se alejaba de los escenarios.

Dos años después, Bambikina ha transformado aquella experiencia en un disco conceptual que narra su lucha contra los trastornos de la ansiedad. Bajo el título Túnel (Mad Moon Music, 2020) se esconde, en realidad, un potente ansiolítico cargado de música de raíz americana y genuino folclore bambikino que Esther Méndez ha utilizado como revulsivo contra los dolores del alma. “Cuando empecé a lidiar con todo esto no quería coger la guitarra, tampoco podía componer. Necesitaba desconectar y alejarme de todo”, confiesa la jaraiceña.

Fue entonces cuando llegaron los extraños visitantes a su balcón. “Pasaba muchas tardes tirada en la cama, mirando por la ventana y, de repente, casi como un augurio, un pájaro negro se posó en mi balcón”, recuerda. Aquella visita volvería a repetirse en varias ocasiones hasta que, finalmente, Esther tomó su libreta y anotó en ella la palabra túnel. Rasgadas sobre el papel, aquellas cinco letras eran la descripción de su estado de ánimo y al mismo tiempo se convirtieron en el punto de partida de un nuevo viaje hacia afuera. “Desde ese momento, me aferré a este proyecto con una ilusión nueva que me ayudó a salir de allí”, cuenta.

 

 

Con la luz titilando al final del aquel largo corredor oscuro, Bambikina empezó a componer el relato de su viaje desde el principio. “El orden de las canciones no es casual. Están dispuestas siguiendo las diferentes fases por las que pasé, desde que me introduje en el túnel, hasta que conseguí salir y ver la luz”, señala. Y así empieza, dictando un ‘Testamento’ en el que una voz cruda y directa, que parece llorarle al augurio de su propia muerte, nos cuenta la historia de una mujer que entrega a su padre sus trajes (“pa’ que cuenten mis historias y mis días de gloria) y a su hermano su guitarra primera (“aunque lo que yo quiero /es que la quemen conmigo / pa’ tocarla en el cielo”, reza la canción). “Es el comienzo, pero en realidad esta canción es una despedida. El inicio de la oscuridad”, cuenta Bambikina. Una canción en la que revela su voz al natural, dejando que su acento extremeño baile con la cadencia flamenca a la que invita el tema.

Como si se abrieran rendijas por las que se cuela el aire, a medida que avanzamos en el túnel de Bambikina, los instrumentos comienzan a acompañar su voz. En ‘Todos los pájaros negros’, la primera canción que compuso para este EP, desliza por ellos su voz entre la esperanza y el dolor. Entre el polvo fronterizo y las trompetas. Una canción que le sirvió para aceptar una visita que había llegado para quedarse: “Esta canción me recuerda que esos pájaros se han instalado en mi balcón y parece que tendré que convivir con ellos”.  También reconoce que, al final, “la ansiedad también fue una gran maestra, un poco cabrona, eso sí”.

El efecto sanador de la música ha jugado un papel fundamental en el regreso de Bambikina. “Cantar me ayudó a no perder mi propia voz. Me di cuenta de que yo escuchaba la voz que salía hacia fuera, la que escuchan todos, pero me faltaba prestarle atención a la de dentro”, cuenta sobre su proceso de recuperación. A su llamada, acudieron también amigos como Club del Río (‘Hazme llorar un río’) o Jairo Zavala (Depedro), con el que tenía un asunto pendiente que resolver: “Es un regalo que alguien a quien admiro tanto haya grabado conmigo una canción tan importante para mí como es ‘Fe’. Jairo ya había colaborado conmigo en los discos anteriores, pero su participación se limitaba a la guitarra o el lap steel y por choques entre discográficas nunca pudimos contarlo abiertamente”. Una deuda que ahora queda saldada en la que es la canción más luminosa del EP y a lo que, sin duda, ayuda mucho las manos de David Schulthess (Morgan) al piano. Con ella, empezó a recordar a aquella muchacha que sonreía en sus viejas fotos y a tatuarse la palabra fe en el pecho, si hiciera falta, como dice la canción. Un tema esperanzador que bien podría servir como himno en estos días oscuros, pero que Bambikina prefiere dejarlo de balcón para dentro. “Estos días la gente se está sacando canciones de la manga aludiendo a la situación que vivimos. Algo que no me parece mal, pero sí un poco oportunista”, señala.

 

 

El confinamiento la ha pillado en su tierra, Jaraíz de la Vera (Extremadura), en casa de sus padres, con los que celebró la salida de Túnel el pasado 3 de abril abriendo una botella de bourbon. “Su compañía y la guitarra están siendo los mejores aliados para afrontar estos días tan pesados”, reconoce. Allí se encontraba también cuando supo de la muerte de Luis Eduardo Aute, un “referente absoluto” para Esther que se refleja en temas como ‘La increíble historia del cartón que quería ser cometa’, la canción que cierra el disco. “Aute, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés… fueron la banda sonora de mi adolescencia. Pero especialmente Aute que fue quién puso música a mis amores y mis desamores”, rememora. Como ocurre casi siempre, fue su hermano mayor quién se lo descubrió, y fue él quien le dio la noticia de su muerte: “Antes de que lo leas en un frío diario digital, te lo cuento yo, me dijo. Él sabía lo que significaba para mí, para nosotros”.

Afortunadamente “queda la música”, como decía Aute. Y entre las cenizas de cualquier fuego pasado siempre quedan llamas dispuestas a prender de nuevo. Lo cantaba la propia Bambikina en aquella Caravana (EP, 2014), que emprendió el viaje hace ya seis años, que “cuando queman los fracasos, arden los sueños perdidos”. Puede que los pájaros de fuego de Bambikina hayan cambiado de color. Ahora son negros, pero han resurgido con más fuerza que nunca.