TOP

Black Islands: “No tenemos que debernos a nadie a estas alturas”

Los catalanes regresan con Patio de luces, un trabajo producido por Paco Loco con el que la banda reafirma su estilo e indaga en amores crudos

 

RAQUEL ELICES

Asomarse a un patio de luces es como colarse en fotogramas de diferentes películas. Ahí fuera, cada vecino está rondado la suya. Hay matrimonios asfixiados, relaciones toxicas con algún amante que se convierte en polilla, hay enemigos que se aman, historias de fantasmas o bosques encendidos. Historias de amor con las que Black Islands han decidido construir la narrativa de su nuevo disco, Patio de luces (Mama Vynila Records, 2019).

“Todos nuestros trabajos tienen algo de cinematográfico y están contados como si fueran una película”, cuenta Manu Hego, guitarrista de la banda. En esta ocasión lo hacen al estilo Hitchcock, desde una ventana indiscreta por la que a través de la música diseccionan a todo un vecindario en nueve veloces y rotundas canciones con las que la banda catalana afianza su sonido. Patio de Luces habla del amor en diferentes estados, pero se aleja de cualquier discurso moral. Hay cierto surrealismo y personajes que se encuentran en situaciones extremas”, continúa Hego.

 

 

Siguiendo la estela de Disco Nuevo (Mama Vynila Records, 2018), su sonido sigue enraizado en el pospunk, pero ahora la banda se abre para incorporar más coros y teclados. “Nos apetecía mucho ampliar la paleta de colores”, apunta Hego. “Aquel disco era un reflejo del momento personal por el que estábamos pasando. Era más punk precisamente porque necesitábamos gritar, Patio de luces sería para el día después. Cuando te paras a mirar lo que dejaste atrás, reflexionas sobre el pasado y empiezas a superar las cosas”, analiza el guitarrista de Black Islands.

Algo en lo que ha tenido mucho que ver “la magia de Paco Loco con el que los catalanes han contado para la producción de este nuevo disco. “Nos ayudó a fijar el camino a seguir, a reafirmarnos como banda. Lo primero que nos dijo es que se nos llenaba la boca al hablar de influencias, con bandas internacionales o tratando de buscar sonidos descacharrantes y arriesgados, que sonaban muy artísticos, pero eran imperfectos para la radio”, confiesa el músico. Se dejaron llevar porque “a estas alturas no tienen deberse a nadie”. Eso sí, siguiendo siempre sus propias coordenadas. Un reflejo de ello son las baterías para las que la banda quería un tratamiento específico en cada canción: “hay parches de aceite, cajas que suenan como látigos o revers ochenteros”, cuenta el guitarrista.

Una amalgama de detalles grabados con equipo analógico entre los que la desgarrada voz de Javier Adrover, vocalista y letrista de los Black Islands, avanza de forma impecable entre canciones de amor crudo con potentísimos personajes. Entre ellos destaca La Veneno, un icono de los noventa que protagoniza la historia de la canción que lleva su nombre. “Los personajes extremos siempre nos han fascinado. Ahora que se habla mucho de la transfobia nos interesaba rescatar la historia de La Veneno. Un monstruo mediático que abrió muchas conciencias, aunque no fuera eso lo que pretendía aquella morbosa televisión”, cuenta Hego. Un homenaje que también se une al que suena en Bosque de Franco, uno de los temas más liricos del disco que la banda dedica a uno de sus locutores de radio favoritos. “Esta canción es un homenaje a Franco Batiato sí, pero también a Juan de Pablos y a su Flor de Pasión que tanto echamos de menos”, concluye el músico.

Genuinos y auténticos, la vuelta de Black Islands no solo supone un paso más en su trayectoria musical, también reafirma un estilo que les pertenece y con el que ya empiezan a colarse por las ventanas de muchos vecindarios. También sobre los escenarios, sobre los que los podremos ver el próximo 9 de noviembre en Sabadell, el 22 en Barcelona y muy pronto en Madrid.

Post a Comment