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Versiones que nos salvaron la vida

Desde Los Elegantes a los Flamin’ Groovies, un repaso por algunas de las versiones que mejoraron a su original

 

DAVID ESTANCOUSQUI

No hay nada más odiado en el entorno musical que las bandas tributo. Grupos sin un discurso propio que, en ocasiones con más voluntad que talento, desarrollan su carrera gracias a un mimetismo trasnochado. Sin embargo, casi todas las bandas comenzaron a dar sus primeros acordes interpretando las partituras de sus grupos favoritos. Otras muchas se dieron a conocer versionando canciones ajenas o, siendo ya conocidas, homenajeando a sus artistas preferidos, incluso hay unas cuantas cuyo mayor éxito es haber llevado a su terreno la canción de un tercero. Ejemplos hay a patadas.

De algunas de aquellas primeras versiones púberes de grupos consagrados no queda un testimonio sonoro accesible para el gran público, o el que ha llegado hasta nosotros resulta una anécdota de sonido deficiente. Es el caso del ‘Toma anfetas’ de Los Elegantes, una versión ebria del ‘Too Much Pressure’ de la banda de ska británica The Selecter que, en cambio, parece más limpia en la reversión de Scooters, la banda mod por excelencia del ambiente valenciano de los ochenta. Algo parecido sucede con ‘In The Midnight Hour ‘de Wilson Pickett. Conocida la versión de The Jam por ser una de sus canciones insignia, en España la reversionaron con dignidad Brighton 64.

 

 

También en España podemos disfrutar de una de las versiones más edificantes de la historia de la música pop adaptada al español. Los Nikis, conocidos entre las masas por ‘El imperio contraataca’ y su asimilación fascistoide, llevaron a su terreno ‘A Song Under The Floorboards’, de Magazine dando como resultado ‘La canción de la suciedad’. Una delicia de lirismo pop —ellos mismos adaptaron la letra— y un ejercicio de estilo que demuestra la importancia del legado de la banda madrileña —más allá de las controversias— y su influjo en grupos actuales tan portentosos como Airbag.

Magazine, formada por Howard Devoto en 1977 tras abandonar a los pioneros del punk británico Buzzcocks, fue una las bandas nuevaoleras que dio brío al sonido Manchester. Devoto quería alejarse del punk, pero no fue hasta su segundo sencillo, ‘Touch And Go’, que los sintetizadores comenzaron a aparecer. La cara b de aquel sencillo, lanzado en 1978, contiene una de las rarezas más extrovertidas de la banda, no solo por el tema en cuestión, sino por el contraste entre el sonido mainstream, para todos los públicos, y el discurso político-punk que hasta ese momento había sido sello de calidad de la anterior banda de Devoto —la primera que se atrevió a poner la palabra cocks (pollas) en la portada de un disco —. Se trata de la versión de ‘Goldfinger’, el tema principal de la banda sonora de la película de James Bond del mismo nombre, compuesto por John Barry e interpretado por Shirley Bassey. La versión de Magazine no solo interesa por la paradoja idelógico-política, sino que además es una pieza ocurrente del post-punk de la época.

 

 

 

Como rareza también está catalogado el ‘Landslide’ tras pasar por el filtro de Smashing Pumpkins y que los norteamericanos tomaron prestado del cuarto disco de Fleetwood Mac. De título homónimo, el elepé, que dio comienzo a la trilogía dorada de Fleetwood Mac —después vendrían Rumours en 1977 y Tusk en 1979—, salió a la venta en 1975 y procuró a los londinenses la repercusión comercial de la que hasta entonces no habían disfrutado, con dos números uno en las listas norteamericanas. Y todo esto tras una terrible crisis interna, exacerbada por el abandono de Peter Green, al empeorar su salud por la esquizofrenia que padecía, y por el ingreso en una secta de Jeremy Spencer; a la vez que el resto, las parejas de la banda, estaban en medio de procesos de separación o de divorcio. Así que no podía ser otro que el iluminado y megalómano Billy Corgan el que reinterpretase ‘Landslide’ con Smashing Pumpkins, otra banda cuyo proceso interno autodestructivo les ha llevado incluso hasta los tribunales. La canción aparece en el elepé Pisces Iscariot (1994, Virgin), junto a otras rarezas, demos y caras b. Sin mucho arreglo y casi desnudo, ‘Landslide’ pasa por la delicada voz de Billy Corgan que, a pesar de su presuntuosidad, está dotado de una sensibilidad caprichosa que en este caso imprime personalidad a la versión hasta el punto de no distinguirla de una producción propia.

Otra banda que agotó sus días a golpe de escándalo fue la formada originalmente por los galeses Pete Ham, Ron Griffiths y Dai Jenkins. Badfinger, que así se llamaron finalmente, se convirtieron en tal obsesión para Paul McCartney que fueron el único grupo, aparte de los Beatles, que editó discos en Apple Records, el sello deficitario que crearon los londinenses. Antes de grabar su primer disco en 1969, Griffiths y Jenkins dejaron la banda y fueron sustituidos por Tom Evans y Mike Gibbins, a la postre la formación que cosecharía los mayores éxitos, pero también el mayor de los fracasos: los tres músicos están muertos. Pero antes de la droga dura y de los hechos luctuosos, dejaron algún que otro disco decente y algunas buenas canciones. Una de ellas es la archiconocida ‘Without you’ —en la lacrimógena versión y el mayor pelotazo de Harry Nilsson (Grammy a la mejor interpretación masculina en 1971)— y que fue compuesta por Pete Ham y Tom Evans para el segundo elepé de Badfinger, No Dice (Apple Records, 1970). Merece la pena recuperar la versión original.

Talking Heads es uno de los grupos más nombrados al hablar de pop de los ochenta. Pero la voz elegante de David Byrne y aquellos arreglos soul que imprimían cuerpo a canciones estrictamente pop, no empezaron a ser conocidos hasta su segundo disco, More Songs About Buildings and Food. Fue el sencillo ‘Take me to the river’ el que dio visibilidad a los neoyorkinos en agosto de 1978. El tema había sido compuesto cuatro años antes por Al Green, unos de los artistas soul más fructíferos de Estados Unidos. Sin embargo, ‘Take me to the river’ no puede estar más en sintonía con Talking Heads; no solo porque supuso su primer gran éxito, sino porque —para gustos colores— mejoró a la original: la voz de Byrne, la introducción de sintetizadores en los vientos y los contornos soul de las percusiones y la línea de bajo — más reposados, menos saltarines que en la original—, aportaron gravedad y una nueva sensualidad a la canción.

En ese mismo sentido, que una versión sea más conocida que la propia canción original, uno de los casos más paradigmáticos fue el de Dusty Springfield. En 1965, la británica participó en el Festival de San Remo sin demasiado éxito. A pesar de quedar eliminada, presenció el resto del festival. En la final, que ganó un insufrible Bobby Solo con ‘Se piangi, se ridi’, descubrió a Pino Donaggio y a su canción ‘Io che non vivo senza te’. Springfield quedó fascinada de tal modo que, pese a la oposición de su discográfica, Phillips Records, decidió apropiarse de la canción del joven italiano. Adaptó la letra al inglés, modificándola por completo, y creó unos arreglos personales. Así nació uno de los mayores éxitos de Dusty Springfield, ‘You don’t have to say you love me’, una versión que posteriormente sería a su vez reinterpretada hasta la saciedad —¿quién no la recuerda en la voz de Elvis?— y que se estrenó en 1966 llegando al número uno en Reino Unido. En esta ocasión, por curiosidad merece la pena recuperar la balada del italiano.

Casi todas las bandas, con más o menos caché, han versionado las canciones de otros. Es también el caso de Led Zeppelin y su ‘When the levee breaks’, exponente de que en los británicos no todo era potencia, aunque sí intensidad. ‘When the levee breaks’ es en realidad un blues compuesto por el matrimonio norteamericano Kansas Joe McCoy & Memphis Minnie en 1929. Lo que llama la atención de este blues no es la honda versión de Led Zeppelin, sino que lo compuso Memphis Minnie, una mujer nacida en 1897 que fue una mujer multi instrumentista, compositora y cantante de un género en el que las mujeres eran fundamentalmente intérpretes.

Un tipo y una banda que trascendieron el power-pop fueron Alex Chilton y Big Star. Big Star desaparecieron dejando una herencia cargada de profundidad para centenares de grupos, independientemente del género en el que los tengamos codificados. Uno de los discos homenaje a Chilton se editó en 1991 y en él participaron un variopinto conjunto de bandas. En Not the Singer But The Songs (Munster Records, 1991), se perpetraron verdaderas atrocidades, pero también algún acercamiento interesante. Los Bichos, por ejemplo, llevaron a un terreno fangoso y adherente, inclasificable, ‘Holocaust’ que ya de por sí resultaba angustiosa en Third (PVC, 1978), el tercer disco de la banda norteamericana. Y es en el propio Third en el que aparece una hermosa y tierna versión de ‘Femme Fatale’ de The Velvet Underground, una de las influencias principales de Alex Chilton.

Y sin abandonar el power-pop, los Flaming’ Groovies son tan conocidos por sus canciones como por la cantidad de artistas a los que han releído o versionado. Es el caso de ‘Reminiscing’, una canción que incluyeron en Flamin’ Groovies Now (Sire, 1978) y que a primera vista parece una más de las canciones escritas por otros que presentaron en este disco, desde el ‘Paint it black’ de los Rolling Stones hasta el ‘There’s a place’ de los Beatles. Pero lo que tiene de particular ‘Reminiscing’, más allá de la versión que pergeñaron los de San Francisco, es que fue compuesta por el saxofonista y director de orquesta King Curtis, que fue asesinado a los treinta y siete años por unos traficantes de droga; la canción fue popularizada por Buddy Holly, que también murió joven, a los veintidós años, en un accidente de avioneta, acompañado de Ritchie Valens y el Big Bopper.