Dylan, Morrison y Young, los eternos titanes

JUANJO RIESGO

Hay artistas que desafían las leyes naturales. Mientras el inexorable paso del tiempo y catastróficas circunstancias han sacudido el mundo de la música llevándose en poco tiempo a David Bowie, Leonard Cohen, Prince o Tom Petty, parece haber músicos que, contra todo pronóstico, siguen en plena actividad tanto discográfica como escénica. Entre esos artistas que sobrellevan los achaques de la edad a base de canciones se encuentran Bob Dylan, Van Morrison y Neil Young.

Conocida era la frenética actividad de Dylan, pero cabría esperar que con los años el impredecible músico bajara el ritmo. Por el contrario, con su ininterrumpido Never Ending Tour, la gira que comenzó allá por la década de los ochenta, sigue recorriendo esencialmente la geografía norteamericana y saltando el charco de cuando en cuando. Para el recuerdo queda su reciente visita a España, donde acabó por arrancarse con unas palmas en plena ‘Desolation Row’. Discográficamente hablando, los últimos años han sido especialmente prolíficos para el cantautor que marcó un antes y un después en la historia de la música popular. Desde hace un par de años, Dylan ha publicado tres trabajos en los que se encarga de desenterrar viejos clásicos del cancionero americano. El primero de ellos, ‘Shadows in the Night’ (2015), contiene composiciones escritas entre los años 1923 y 1963. A pesar de que el inigualable Frank Sinatra ya grabara los diez temas que componen el álbum, Bob Dylan afirmaba que realmente no estaba versionando a Sinatra sino volviendo a sacar esas canciones a la luz. Siguiendo esa línea crooner, en 2016 se publica ‘Fallen Angels’, lo que sería una continuación de ‘Shadows in the Night’, puesto que Dylan sigue revisitando melodías populares de antaño interpretadas anteriormente por Frank Sinatra. Dos discos que incitan a pasar tardes otoñales escuchándolos frente a la chimenea.

Entre uno y otro trabajo vio la luz ‘The Bootleg Series Vol. 12: The Cutting Edge 1965-1966’. Para los menos conocedores de la carrera de Bob Dylan, es costumbre que cada cierto tiempo publique una colección de material inédito, ya sean tomas alternativas de las canciones que conforman su carrera musical o grabaciones de sus directos. En este caso, el bootleg publicado está dedicado a los años 1965 y 1966, entre los cuales se gestan los álbumes ‘Bringing It All Back Home’, ‘Highway 61 Revisited’ y ‘Blonde on Blonde’. Esta compilación de rarezas contiene versiones descartadas de temas icónicos como “Subterranean Homesick Blues”, “Like a Rolling Stone” o “Visions of Johanna”. Ya en este 2017, Dylan volvía a las andadas con ‘Triplicate’, un triple álbum que, al igual que los dos trabajos de estudio anteriores, no contiene canciones originales, sino que retoma el redescubrimiento de la música popular norteamericana. En este trío de elepés se rinde homenaje a letristas estadounidenses como Charles Strouse, Lee Adams, Harold Arlen o Cy Coleman, entre tantos otros. Recientemente, Bob Dylan ha tenido a bien volver a deleitarnos con un nuevo bootleg. En esta ocasión, ‘The Bootleg Series Vol. 13: Trouble No More 1979-1981’ descubre grabaciones desconocidas de su denominada “etapa cristiana”, que incluye los álbumes ‘Slow Train Coming’, ‘Saved’ y ‘Shot of Love’. Realmente, esta nueva colección de descartes y fragmentos de conciertos que es una maravilla, se puede apreciar el estado de gracia (sin entrar a valorar sus creencias y enajenaciones religiosas) en el que se encontraba Dylan en aquella época, acompañándose de sonidos cercanos al góspel y de músicos de gran talla como Mark Knopfler o Ronnie Wood. A la vista de este pequeño resumen, se puede afirmar que Bob Dylan sigue estando por encima de todos y de todo. Ah, y no olvidemos el Premio Nobel de Literatura que le fue otorgado en octubre del pasado año. Galardón que no admite discusión ni debate, completamente merecido.

Por su parte, Van Morrison daba la sorpresa publicando hace una semana You’re Driving Me Crazy junto a Joey DeFrancesco, tan sólo cinco meses después de que saliese a la venta Versatile y menos de un año desde Roll with the Punches. Este último trabajo, que traslada al oyente a caminos que rodean el blues, el jazz y el góspel, contiene cinco temas propios de Van y diez versiones. A pesar de que el disco deja un poso agridulce, como si el irlandés se hubiese mostrado demasiado comedido, es evidente su buena mano en lo que a producción se refiere. Composiciones originales de T-Bone Walker, Sam Cooke o Sister Rosetta Tharpe pasan por el filtro de Van The Man que, acompañado por la infalible guitarra de Jeff Beck, deja perlas como “Transformation”, “Goin’ to Chicago” o “Automobile Blues”. Sin embargo, este elepé desentona con el rotundo éxito que supuso su predecesor, Keep Me Singing (2016). Trece canciones de cosecha propia muestran a un León de Belfast pletórico. En el álbum se muestra una faceta afable de Van Morrison, que contrasta con su gruñona personalidad. Es como si sus mejores años, gobernados por ‘Astral Weeks’ (1968) y ‘Moondance’ (1970), hubiesen madurado de la mejor manera posible. Así lo demuestran temas como el que da nombre al disco, “Every Time I See a River”, “In Tiburon” o “Too Late”, que forman junto a las demás composiciones la última colección de nuevo material desde ‘Born to Sing: No Plan B’ (2012).

Entre los dos últimos trabajos mencionados está ‘Duets: Reworking the Catalogue’ (2015), donde Van repasa su carrera en forma de duetos. Así, canciones que distan de ser superéxitos como lo fue ‘Brown Eyed Girl’ lucen con ese cuidado encanto que da el cantautor irlandés a sus producciones. Destacan, por poner algunos ejemplos, las piezas interpretadas con Bobby Womack (“Some Peace of Mind”), Mavis Staples (“If I Ever Needed Someone”), Steve Winwood (“Fire in the Belly”) o Mark Knopfler (“Irish Heartbeat”).

El tercer componente de este repaso es Neil Young, otro músico inquieto donde los haya. Desde que el canadiense adoptase a Promise of the Real, conjunto de Lukas Nelson (hijo de Willie Nelson), como banda de acompañamiento, parece estar viviendo una segunda juventud. Con esta joven formación publicó en 2015 ‘The Monsanto Years’, un álbum conceptual que gira en torno a la producción de alimentos transgénicos por parte de la compañía Monsanto. Neil Young, para quien no lo sepa, es un tipo realmente comprometido con el medioambiente y la agricultura sostenible, por lo que este disco presenta una dura crítica a la modificación genética de los alimentos. Esta peculiar reivindicación no le impide crear buenos temas como “A New Day for Love”, “People Want To Hear About Love”, “Workin’ Man” o “Rules of Change”, canciones que emulan el sonido de Young cuando grababa y giraba con los Crazy Horse. Tras recopilar la gira que sucedió a ‘The Monsanto Years’ en el directo ‘Earth’, Neil Young volvía al estudio de grabación, dando como resultado ‘Peace Trail’ (2016). Esta vez decidió dejar a un lado su proyecto con Promise of the Real para lanzar este trabajo por su cuenta. El resultado fue un álbum esencialmente acústico que pasó desapercibido y sin embargo contiene cortes interesantes como “Indian Givers”, “John Oaks” o “My Pledge”. En esta ocasión su causa era la oposición a la construcción de un oleoducto que atravesaría una reserva india.

Al igual que Van Morrison, Neil Young también ha anunciado nuevo disco dos meses después de la publicación de su último lanzamiento: “Hitchhiker”. Pero aquí hay truco. Este elepé realmente fue grabado en 1976 y, de hecho, la mayoría de las canciones que lo componen ya fueron incluidas en discos como ‘Decade’ (1977), ‘American Stars N’ Bars’ (1977) o ‘Rust Never Sleeps’ (1979). En su próximo trabajo, ‘The Visitor’, retoma a Promise of the Real como banda. Su adelanto, “Already Great” augura buen material.

Pase el tiempo que pase, ocurra lo que ocurra en este decadente mundo, que Dylan, Morrison y Young sigan deleitándonos desde los estudios de grabación y los escenarios.