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Malamente

El trazo de Rosalía

“Yo era tuya, compañero
Hasta que fuiste carcelero

Voy a tatuarme en la piel
Tu inicial porque es la mía
Pa’ acordarme para siempre
De lo que me hiciste un día”

 

A ningún hombre  Cap. 11: Poder

 

ANA VALVERDE | Texto e ilustración

 

Poco o nada importan los millones de seguidores que tiene en Instagram, las líneas de ropa que ha diseñado para marcas conocidas o su inmersión en el mundo reguetonero. A Rosalía hay que liberarla de la exposición mediática y mirarla detenidamente para saber lo que vale.

 

TODO EMPEZÓ POR CAMARÓN

 

Aunque las listas de éxitos están llenas de talentos a los que descubrieron por casualidad, lo de Rosalía lleva curtiéndose desde que nació. Con tan solo 5 años asistía a clases de danza y a los 7 tenía claro que quería cantar. Sus padres le inculcaron el gusto por la música de los Beatles, Springsteen o Bob Marley, pero el flamenco la atrapó. A través de las calles del barrio y sus amigos llegó hasta Camarón; un enamoramiento que jamás se esfumó. A los 16 años, su ambición la llevó a matricularse en el Taller de Músicas de Barcelona, donde, además de flamenco, estudió técnica vocal, guitarra eléctrica, piano, lenguaje musical, educación del oído o  armonía.

 

Basta con verla y escucharla para saber que es más que música. Sus referencias literarias son asombrosas, desde cantares del siglo XVI hasta la Generación del 27.

 

TÚ SÍ QUE NO VALES

Internet no olvida y en Youtube podemos encontrar un vídeo de una Rosalía   adolescente desafinando en el programa Tú sí que vales. El veredicto de estos cuatro “entendidos” fue un “no”; tenía que sacar más carácter y voz.

Vaya si lo hizo.

¿Pero qué clase de fuerza hay que tener para recibir una negativa después de desnudarte mostrando tu arte y seguir?

Una muy grande. Después del rechazo, sacó por cuenta propia, Los Ángeles, y volvió al ruedo escondida dispuesta a intentarlo en el paraninfo de la Universidad. El álbum vio la luz en 2017, llegando a conseguir una nominación a los Grammy Latinos.

 

 

LA YOUTUBER MÁS SINCERA

En un mundo donde un crío se hace millonario hablando de Pikachu o donde tu vecina adolescente se hace “influencer” probándose bañadores en Instagram, es muy difícil conservar la fe en uno mismo. Bombardeados con vídeos de reggaeton, repletos de nuevas estrellas que nacieron embutidas en licra, que no cantan ni bailan pero que por alguna misteriosa y aleatoria razón están destinadas al éxito masivo y tú no. Porque si no facturas, no existes.

Pero entonces llega una de esas estrellas como las de antes, de esas que  “nacen ahí puestas”.  Esa que cantaba en los peores sitios de Barcelona, recorriendo todos los antros, pidiendo que la dejasen cantar.

 

“Llevo años preparándome para esto sin saber si lo iba a conseguir. Hay que tener muy pocos momentos de duda y al tenerlos hay que decidir ir para adelante. Es mucho trabajo y mucho esfuerzo”

 

Y es ahí cuando haces las paces con el mundo. Que el éxito se consigue con preparación, talento, ganas, esfuerzo, ayuda, suerte y trabajo. Y no siempre se consigue. El Malquerer tiene millones de visitas, lo ha imaginado, lo ha escrito, lo ha montado y lo ha producido ella misma. Es fruto, de estar encerrada frente a un ordenador durante dos años.

Así se pare al éxito.

EL MAL QUERER

“Todo está hecho, es el contexto lo que crea una ilusión de novedad”

                                                                           

Sí, todos lo conocemos; hay mil vídeos desmontando su contenido, explicando las metáforas, articulando su discurso.

Pero lo haremos una vez más. Se inspiró en una novela anónima (Flamenca, S. XVI) y como si se hubiera bebido toda la filmografía de Bigas Luna y Darío, ha ideado una performance artística convertida en un nuevo género musical.

Estructurado en capítulos, el disco narra la historia de una mujer aprisionada por un marido celoso. Lejos de incurrir en un discurso previsible, ahonda, remueve y pone en jaque temas candentes y por desgracia demasiado actuales. Sin miedo, habla de pasiones mal entendidas, de religión, de toros, del empoderamiento a través del sufrimiento. Todo ello mientras se envuelve en una cuidada estética de madame de pole dance manchego.

 

 

Y AL FIN, ÉXITO

Gracias a su expareja, C. Tangana, Rosalía consiguió llegar a la discográfica Canadá y empezar su carrera. De cantar con sus amigas en la trastienda a imponerse como culto. Veinte años sin parar de creer en lo que hace, buscándose la vida para decir lo que quería decir, siempre atenta, siempre gobernando su producto; este es el nuevo modelo de triunfo.

Es ella, liberada, atada por los pelos, saltando en un polígono; ella vestida de torera y sentada con las piernas abiertas. Sin miedo, sin dudas, sin discursos ambiguos. Rosalía es la esperanza de todos aquellos que creen que la calidad triunfa y que trabajando se consigue.

 

Esperemos que nunca se olvide de que el éxito te quiere…malamente y “Fuck Vox.”

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