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Pablo Solo

Pablo Solo, el lado bueno de la nostalgia

El músico cántabro publicaba el pasado 13 de marzo su primer trabajo en solitario, bajo la influencia del pop, el rock o el soul de los 60’s/70’s

 

MARÍA F. CANET

La pandemia le cortó las alas a ‘Alondras’ (Folc Records, 2020) cuando apenas echaba a volar; el primer trabajo de Pablo Solo veía la luz el mismo día que se decretaba el estado de alarma. “Estoy tratando de no pensarlo, pero la primera semana tuve una depresión importante”, admite Pablo Fernández desde el otro lado de la pantalla. Aunque señala que “todos los días me llega un mensaje de alguien diciendo que le ha molado el disco y eso es bueno”, no puede evitar pensar que “si estuviera tocando llegaría a más gente”.

Como indica su seudónimo artístico, el parón ha supuesto una zancadilla en la incipiente aventura en solitario del músico cántabro, que se presenta como One-Man Band, tras años al frente de The Puzzles: “El trabajo es mayor y a veces echas de menos la vida de banda, pero va todo más rápido porque no tienes que consensuar con nadie ni hay lucha de egos. Tanto si acierto como si me equivoco, soy yo el que toma las decisiones”. Fernández no ha estado totalmente solo ante el peligro; Borja Juanco, productor del disco, le animó a despegar: “Llevaba año y medio sin estar en un grupo y me empezó a entrar el gusanillo de componer. Un día vino Borja a casa y me dijo que tenía material para grabar un disco en serio, y nos pusimos a mezclarlo en Moon River, los estudios de Fernando Macaya (Los Deltonos, Mikel Erentxun)”.

Autodidacta, a pesar de defenderse con diferentes instrumentos (guitarra, batería o piano), Solo no se considera “un músico muy técnico; no he ido a una clase de música en mi vida, de lo cual me arrepiento”. Sin embargo, trata de sacarle el máximo partido a su potente voz, “un instrumento más” que le permite “jugar y llevar cada tema a un sitio”; desde el falsete a lo Frankie Valli de ‘Gotta Leave’ a los graves de ‘Jerome’, en la onda James Brown. Debido a sus eclécticos gustos musicales, —“no me veo haciendo un estilo cerrado”— en ‘Alondras’ cada tema traslada al oyente a un escenario diferente; de las playas jamaicanas de ‘Bow Down’, reflejo de su reciente obsesión por la música de origen africano —“ he estado escuchando mucho a una banda que se llama MonoMono, amigos de Fela Kuti”— a una tarde lluviosa en alguna metrópoli europea en los años 20; ‘Macy’, para la que empleó “un grabador de 8 pistas de cinta antiguo”, parece provenir de una gramola.

La influencia del rock y el pop psicodélico de los 60’s/70’s, y, especialmente, artistas como los Beach Boys, Beatles, Dylan, Simon & Garfunkel —“los escuchaba de chaval mientras hacía los deberes y se me metieron hasta el tuétano; inconscientemente eso sale”— es constante en el álbum en temas como ‘A Dream’ u  ‘Ocean King’, un guiño fortuito a su tema favorito de los de Liverpool: “Lo escuchas y parece un homenaje obvio a ‘Sun King’, pero hasta que no me lo dijo un amigo no me di cuenta del parecido”. ‘Alondras’, tema que da nombre al disco mira hacia la costa oeste estadounidense, concretamente, “a lo que hacía la Steve Miller Band a finales de los 60’s, soy muy fan”, mientras que ‘Gus You Dog’, conserva el sonido sucio de grupos como Cream, los Animals o los Yardbirds. Un tema con continuos cambios de ritmo que refleja cómo imagina Solo la vida de su perro, al que adoptó hace 7 años: “La primera parte de la canción corresponde a cuando se va de casa; mi perro es famoso en el barrio, se escapa, se va por ahí, se pelea con un perro, se va con una perra… Es un tema especial para mí, porque el año pasado estuvo a punto de morir. Metí el tema en el disco, y el perro sigue aquí”, comenta entre risas.

Pero la música de los 60’s y 70’s no es la única obsesión del artista; el paso del tiempo y la añoranza por “una infancia maravillosa” asoman en cortes melódicos como ‘Tomorrow’ o ‘Wasting My Time’: “Tengo ahí esa nostalgia del tiempo pasado; a menudo pienso que no pude tener una infancia mejor, que la buena música estaba antes y que no hay manera de parar el tiempo, que cada vez más rápido”. Aunque reconoce con entusiasmo, la capacidad que poseen las canciones de transportar al oyente a otro momento: “Escuchar a los Kinks me lleva a la época de la Segunda Guerra Mundia en Inglaterra de una manera exagerada. Parece que has vivido esa época”.

El fuerte peso de la música anglosajona en su educación hace que a día de hoy no se plantee, “aunque tampoco me cierro”, a componer en castellano,—“me emociona la sonoridad de las palabras, si supiera cantar en portugués lo haría” —como hacen sus paisanos Los Estanques: “Que algo me emocione en castellano es complicado, y ellos lo consiguen. Cuando hablo con ellos lo de lo del idioma, creo que por un lado es un acierto, pero pienso que si cantaran en inglés competirían a primer nivel internacionalmente hablando”.

Aunque el confinamiento le tiene algo bloqueado, “a mí me inspira más estar feliz y motivado”, mantiene su ritmo de trabajo: “Trato de mantener una rutina porque en mi caso la inspiración no suele aparecer en el sofá”. En el horizonte vislumbra la posibilidad de lanzar un EP cuando la situación mejore  “me preocupa que el disco caduque”. Además de su carrera en solitario, el coronavirus también ha paralizado su gira junto a Diego Vasallo: “Soy músico de su banda desde hace unos años, el año pasado estuve yendo de batería, y este iba como teclista”. Mientras, la música de los Four Freshmen, Madison Cunningham y Laura Marling —“estoy flipado con su canción ‘Alexandra’”— ameniza su cuarentena.

Las alondras de Pablo Solo han quedado suspendidas en el aire, sin poder mover sus alas, atrapadas en una realidad que permanece congelada mientras el calendario avanza, a la espera de que pronto puedan echar a volar.