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Jaime Wyatt

Jaime Wyatt: huir para encontrarse

La norteamericana publica su segundo LP, un ajuste de cuentas con su pasado en el que apuesta por un sonido más moderno y comercial 

 

 

MARÍA F. CANET

Jaime Wyatt lleva toda su vida huyendo. Intentó burlar la ley sin éxito (fue encarcelada con tan sólo 21 por atracar a su camello) y acabó sumergida en una espiral de drogas y alcohol que dio lugar a las composiciones de Felony Blues (2017), su primer álbum. El objetivo de esa autodestrucción era escapar de sí misma. Una huida que parece haber llegado a su fin. Tras salir del armario y superar un tormentoso pasado, como hizo hace unos años Brandi Carlile, Wyatt pretende exorcizar sus demonios con Neon Cross (New West Records, 2020), un segundo trabajo que ha contado con Shooter Jennings en la producción, y en el que apuesta por la fusión del country clásico con el pop comercial o el rock.

El peso que la cantante ha cargado sobre sus hombros durante años se percibe desde el inicio, en la oscura e íntima ‘Sweet Mess’, donde las teclas de piano, que lentamente se sostienen, parecen alargar su agonía para clamar “dejadme sola”. Una soledad que se rompe por la potente percusión, como 100 caballos al galope, del tema que da nombre al disco, mientras admite “me he pasado toda vida huyendo”, con modernos sonidos fronterizos de fondo. La culpa vuelve a aflorar, a través del tempo lento de la batería, en la conmovedora ‘By Your Side’, donde la desgarradora voz de Wyatt, que parece aullar de dolor, rompe una espiral de guitarras eléctricas para enfrentarse a dos de sus fantasmas: la muerte de su padre y la de un íntimo amigo, víctima de una sobredosis.

La de Washington ahonda en su particular psicoanálisis mediante piezas como ‘Rattlesnake Girl’, un animado autorretrato donde se equipara a una serpiente cascabel, o ‘LIVIN’ un medio tiempo bañado en whisky y guitarras de Honky-Tonk, adornado con armónica y un escurridizo pedal Steel, en el que rinde cuentas consigo misma: “he vivido demasiado tiempo en el infierno/he tenido demasiado miedo de vivir/todo lo que hacía era llorar”.

Si en ‘Make Something Outta Me’, entre pianos stonianos, apuesta por un country más comercial, el sonido más folclórico, fiddle y coros gospel mediante, aparece en ‘Demon Tied To A Chair In My Brain’, cercana al bluegrass, donde despliega todo su poderío vocal. ‘Mercy’, es otro dulce llanto desesperado, en el que su voz áspera se mezcla con sintetizadores. Potente y luminosa, ‘Goodbye Queen’ es un soplo de aire fresco que narra la fugacidad de los romances de una noche mientras se da tregua a sí misma: “doy lo mejor de mí para vivir de la manera más adecuada”.

La crítica social está presente en la melódica ‘Just A Woman’, más próxima al country clásico, con un brillante pedal Steel y una sutil sección de cuerdas que puede evocar al cancionero de estrellas del género como Tammy Wynette o Dolly Parton; un alegato feminista que plantea lo duro que sigue siendo hoy en día ser mujer en la industria musical, y que cuenta con la colaboración de la considerada primera dama del outlaw country, Jessi Colter. La compositora muestra que es una digna heredera de aquellos forajidos (Waylong Jennings o Willie Nelson) en ‘Hurt So Bad’, donde también sobresalen guitarras cósmicas a lo Flying Burrito Brothers.

Jaime Wyatt ha perdido el miedo a mostrarse tal y como es: mujer, lesbiana y forajida. Si bien en Neon Cross parece haber encontrado su identidad personal, también se ha alejado del sonido polvoriento y de barra de bar de sus inicios, con alguna aproximación a sonidos más edulcorados. Sólo es el punto de partida de su nuevo camino en el que huir ya no forma parte del plan.