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Mermelada, el tren que bordeó El Rollo y La Movida

Entre La Movida y El Rollo, analizamos la trayectoria de la banda madrileña

 

MIGUEL CANALDA

La historia dirá que el big bang de La Movida Madrileña se produjo cuando los hermanos Urquijo, Nacha Pop y Alaska y los Pegamoides compartieron escenario en el concierto homenaje a Canito, pero quien encabezó el cartel aquel 9 de febrero de 1980 fue Mermelada. De los nueve grupos que se unieron para recordar al recientemente fallecido batería de Tos, embrión de Los Secretos, el único que ya contaba con un elepé en el mercado era Mermelada y esa veteranía quedó plasmada en el Salón de Actos de la Escuela de Caminos, donde su rocanrol tradicional fue lo que realmente hizo vibrar al personal gracias a un Javier Teixidor desatado, con la lección aprendida sobre cómo debe comportarse un auténtico líder de una banda de rock.

A pesar de su presencia en ese acto oficiosamente fundacional de La Movida, Mermelada nunca llegó a nadar en la nueva ola que empapó la capital española durante los 80. Como si el Manzanares fuera un afluente del Misisipi, este cuarteto de Chamberí se encomendó al blues rock para lanzar Coge el tren (Chapa Discos, 1979). “Contaminación, esto es un follón / coge las maletas, no pagues más letras / Coge el tren de las tres y diez”, aúllan en la canción homónima de su primer álbum, en el que mezclaron lo castizo con la imaginería del rock para huir de las radiofórmulas: “El disc jockey dijo ‘¡Ey! Olvida el rock and roll, a los bluesmen negros y a los Stones”, se oye en ‘O.M.’, donde Mermelada critica a los “héroes de plástico” que pueblan las secciones de discos de los grandes almacenes.

 

Si en la ecuación aparece una banda de rock originada justo antes de La Movida, con espíritu underground y que dio sus primeros pasos de la mano de Chapa, el sello dependiente de Zafiro que durante la segunda mitad de los 70 publicó los trabajos de grupos como Asfalto, Bloque, Cucharada, Topo, Leño y su precedente Ñu; la solución sería que Mermelada formó parte de lo que se conoció como El Rollo, la escena roquera que puso banda sonora a la Transición. Pero la música no es una ciencia exacta y el sonido añejo de Mermelada, con su protagonismo de la harmónica, su boogie y sus versiones aceleradas y traducidas de clásicos como ‘Crossroad’ o ‘Down the Road Apiece’, tampoco encajaban con el rock urbano, más afín a su vertiente dura y progresiva.

En un mundo acostumbrado a las etiquetas es arriesgado moverse entre dos grandes corrientes sin dejarse llevar por ninguna. El problema añadido en el caso de Mermelada fue que la baza del rock stoniano ya habían empezado a explotarla los integrantes de Tequila, con una diferencia clave: mientras Alejo Stivel cantaba su ‘Rock and Roll en la plaza del pueblo’ con una frescura idónea para el gran público juvenil, Teixidor abusaba de una actitud más desafiante, propia de las bandas de pub rock inglesas que por entonces habían tomado el testigo del rock tradicional y que se asemejaban al punk en su manera de cantar. Resumiendo con un chiste fácil, cuando se trata de bailar siempre entra mejor el tequila que la mermelada.

La banda de Chamberí se mantuvo en activo con altibajos y cambios de personal hasta mediados de los 90, consciente de sus raíces, pero con algunas concesiones al inconfundible pop ochentero, lo que provocó que Teixidor acabase fundando la J. Teixi Band, un proyecto que todavía mantiene en activo para dar rienda suelta al rhythm & blues clásico que siendo un adolescente le llevó a coger un tren que pasó de largo las estaciones del Rollo y la Movida.