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Nacha Pop

Nacha Pop: tu cita con el rock ‘n’ pop no puede esperar

Se cumplen 40 años de su álbum debut

 

IVÁN GONZÁLEZ

Cada vez que Rubén Pozo hace una pausa en sus conciertos para afinar su guitarra, suele explicar que lo hace “porque ya no estamos en los ochenta”. Los años de la transición democrática, de la movida madrileña, donde todo valía. Una época bien conocida por todos en la que aparecían y desaparecían bandas a diario y donde la actitud de ruptura y la irreverencia eran casi más importantes que la música. En ese escenario nace Nacha Pop compuesto por Antonio Vega (guitarra y voz), su primo Nacho García Vega (guitarra y voz), Carlos Brooking (bajo) y Ñete (batería)  —todos ellos sorprendentemente para ese momento, muy buenos músicos— .

La banda se formó en 1978 con los ojos puestos en el pop y el rock clásico anglosajón. Ese mismo año pasaron un tiempo en Londres, donde respiraron la música del momento: el punk (llegaron a ser teloneros de los Ramones en su concierto de Madrid en 1980) y sobre todo la new wave británica capitaneada por sus adorados Nick Lowe y Elvis Costello y de la que llegaron a ser el mejor exponente en nuestro país.

Bajo estas influencias, el grupo desarrolló un estilo y un discurso propio que mantuvo en los discos a lo largo de toda su carrera. Instrumentalmente funcionaban muy bien, un bajo notable y muy presente, baterías potentes, algunos teclados muy en la onda británica de esos años y dos guitarras que se compenetraban perfectamente, con riffs y melodías inolvidables. A nivel compositivo, un encaje perfecto: por un lado, Nacho García Vega con canciones movidas, luminosas, llenas de vida y esparcimiento y por otro un intimista y melódico Antonio Vega, con canciones más personales e introspectivas, llenas de fotografías y momentos, pura melancolía. Una banda redonda.

Estrenando la década, y hace ya cuarenta años, publicaron su primer disco Nacha Pop (Hispavox, 1980). Un referente para la industria discográfica del momento; es un elepé sofisticado, de gran nivel para ser un debut, moderno y adelantado a su tiempo. La portada es una fotografía realizada por Juan Ramón Yuste, fotógrafo pop y experimental que refleja con un color vivo a una banda en actitud estelar, segura de sí misma, como si ya se hubiesen comido el mundo. La contraportada combina fotografía y dibujo y recoge una cita algo descarada y divertida: “Este disco debe ser reproducido a niveles perjudiciales para el oído”.

Contiene 12 canciones donde se alternan rock ‘n’ roll y puro pop. En el primer grupo ‘Nadie Puede Parar’ con un Nacho García Vega pletórico con sus letras algo inconexas cantando e invitando a disfrutar del momento —tenía 19 años—: “Ven conmigo esta noche / los pubs están abiertos / los torpedos y los patos van a romper esta noche / el ambiente está vibrando / escucha a los chicos / cierra los ojos”. También ‘Déjame Algo’ con un Antonio Vega sencillo y directo: “En mi barrio no me quieren / me mudo al tuyo” o “Tus palabras, tus consejos, tus mentiras / me dan igual / tu peinado, tu vestido, tu dinero / me gustan más” como dice en ‘Cita con el Rock’n’Roll’. En el segundo grupo destacan las guitarras de ‘Antes de que Salga el Sol’, el hedonismo de ’Sol del Caribe’: “Quiero jóvenes muchachas / que me sepan dar placer / nos iremos al Caribe / a jugar y descansar” y la melancolía de ‘Eres tan Triste’ o ‘Miedo al Terror’.

También hay espacio para temas más tranquilos y crípticos, marca de la casa: el disco incluye la icónica ‘Chica de Ayer’, paradigma del pop español. La canción pasó desapercibida en su momento y fue reivindicada posteriormente a raíz del disco de despedida Nacha Pop: 80-88 (Polygram, 1988). La original era de muy larga duración y con un tiempo muy lento, todo ello fue corregido gracias al asesoramiento y la producción de Teddy Bautista. A pesar de los últimos rumores de plagio debido a su gran parecido a ‘La Caza del Bisonte’ de Piero, simplemente oír el bajo del inicio, los arpegios y el riff inicial es suficiente para conmover a cualquiera.

Tras cuatro décadas, este disco sigue musicalmente vigente, como todos los clásicos. Literariamente resulta atemporal: mezcla vitalidad y juventud; melancolía y urgencia por vivir y por que pasen cosas, quizá para profundizar en esa misma melancolía; los amores que fueron y se fueron; las contradicciones y la fragilidad de una existencia siempre al borde del abismo, unas letras como las vidas de sus protagonistas, como las nuestras: vidas agridulces sin más.