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No Ufo’s, el testamento apócrifo de Juan Atkins

El techno tuvo tres padres, pero un evangelista. Juan Atkins sienta las bases de la última gran revolución musical del siglo XX.

 

MANUEL LÓPEZ

Son mediados de los setenta, en el centro de Detroit ya no hay barrios, sino guetos. En una ciudad despoblada por la psicosis de una guerra nuclear y con una de las mayores tasas de desempleo de los Estados Unidos, las pandillas de jóvenes sin futuro son los dueños de las calles. Entre toda esta miseria, tres chavales negros, de apenas quince años inventan una nueva manera de hacer y entender la música.

Encerrados en sus habitaciones, Juan Atkins, Derrick May y Kevin Saunderson escuchan fascinados a Afrika Bambaataa, uno de los padrinos del hip hop. Sus grabaciones, con ritmos disco, beats funky y sampleados de Kraftwerk les abren los ojos al synth pop y a la música electrónica que se estaba haciendo en Europa. Por cercanía, también les llegan grabaciones del house que arrasaba en los ambientes gay más arty y exclusivos del undergroung de Chicago.

Los tres jóvenes, absorben todas esas influencias, pero son muy pobres y no pueden pagarse un estudio ni disponer de los sofisticados dispositivos y mesas de mezclas que usaban entonces los DJ. Así descubren dos aparatos, el TR808 y el TR909 de Roland, dos cajas de ritmo programables y extremadamente baratas. Con estas máquinas se dan cuenta de que no necesitan mezclar discos ni utilizar sampleados para hacer música. Ahora, sin moverse de sus habitaciones, pueden crear piezas enteras, grabarlas y pincharlas en las fiestas.

En una ciudad desolada como Detroit, las inmensas fábricas se convierten en el perfecto espacio para bailar los nuevos ritmos que Atkins, May y Sunderson han inventado. Son sesiones larguísimas, de más de diez horas, en las que no se cobra entrada ni, se venden consumiciones. Son lugares de comunión, de encuentro, en los que se hace comunidad y sirven para evadirse de la realidad que hay tras esos muros semiderruidos.

En este ambiente de cambio constante, Juan Atkins tiene la gran idea que daría la forma definitiva a este nuevo sonido. Desnuda la música de casi toda la melodía y se queda con el esqueleto más básico de cualquier composición, el ritmo. De este modo consigue temas duros, que suenan industriales y repetitivos con sonidos graves, bases hipnóticas, futuristas y voces sintetizadas muy parecidas a las que usaban Kraftwerk.

Aislado en sí mismo y obsesionado con su idea, Atkins graba ‘No Ufo’s’, un tema que define por sí mismo este nuevo estilo -no se denominaría Techno hasta que, años después, el productor inglés Neil Rushton exportara algunas grabaciones a Inglaterra-. Los poco más de siete minutos que dura la canción son considerados como la biblia de la música techno. La grabación contiene casi todos los elementos que, en mayor o menor medida, se han usado en este estilo en las décadas siguientes.

Juan Atkins nunca sacó su música de Detroit, llegando a rechazar la oferta de Neil Rushton de ir a Londres a promocionar su trabajo. Gracias a Rushton ‘No Ufo’s’ vendió cinco millones de copias en la década de los 90, pero Atkins quiso mantenerse fiel a sus principios de comunidad, viendo con malos ojos que el Techno saliera del ambiente underground en el que fue concebido.

El alcance y repercusión del Techno en las décadas siguientes es de sobra conocido. Grandes DJ como Jeff Mills o Richie Hawting, se lo deben casi todo al evangelio musical que Atkins ha legado a la historia de la música. Como todo evangelio, este ha sido reescrito y reinterpretado, pero la palabra de Atkins subyace, en gran medida, en las múltiples ramificaciones de la música electrónica actual.