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Quédate con The Faces

Revolucionaron el rock británico en los primeros 70 y llegaron a ser tan grande como los Rolling Stones: ¿Conoces su verdadera historia?

 

IVÁN GONZÁLEZ

Un supergrupo con un directo apabullante, actuaciones épicas y un espectáculo que continuaba con una fiesta en el hotel hasta bien entrada la madrugada. Oír The Faces producía en los alojamientos hoteleros una reacción unánime – “lo siento, estamos completos” – y en Estados Unidos la cadena Holiday Inn llegó a vetarlos oficialmente; ellos empezaron a registrarse con el nombre de Fletwood Mac y posteriormente, cuando los descubrieron, bajo el nombre de Grateful Dead.

En la segunda mitad de 1969, Rod Stewart y Ronnie Wood (provenientes de The Jeff Beck Group) se unen a los restos de la recién disuelta The Small Faces – Ian McLagan (teclados), Ronnie Lane (Bajo) y Kenney Jones (batería) – y forman The Faces. No se conocían de nada, Ronnie Wood – fan de la banda – contactó con Ronnie Lane y al poco estaban ensayando juntos en un almacén prestado por los Rolling Stones en el 47 de Bermondsey Street en Londres. Así nace la banda, de una forma casual, unos amigos que sin tomárselo muy en serio, se juntan porque disfrutan de la misma música, del alcohol – eran bebedores asombrosos – y del ritual del rock & roll.

Su fuerza y la creatividad que desarrollan los lleva a grabar cuatro discos entre 1970 y 1973, periodo en el que Rod Stewart sigue además en paralelo con su carrera en solitario. De hecho, Every Picture Tells a Story (Mercury Records, 1971) es casi también de la banda. A los meses de empezar a tocar graban su primer disco, First Steps (Warner Bros., 1970). Los primeros pasos de una banda todavía en construcción, donde destacan los ambientes creados por el órgano Hammond de McLagan y las melodías de guitarra de Ronnie; por lo demás mucha mezcla, algo de folk, de blues, una versión de Bob Dylan, dos canciones instrumentales…

Nada más terminar salen de gira y todo toma mucha velocidad. Nacieron para el escenario, ningún disco hace honor a sus directos, a su energía; a su puesta en escena; a sus atuendos estrafalarios y al ambiente festivo que creaban – llegaron a poner una barra de bar con camarero sobre el escenario –. Es cierto que en ocasiones todo era un desastre, improvisaban, nunca llevaban setlist y bebían demasiado; ¿Planificar el concierto? ¿Prueba de sonido? ¿Ensayo? Eso era de cobardes…

Al año siguiente despachan dos discos Long Player (Warner Bros., 1971) y A Nod is as Good as a Wink…to a Blind Horse (Warner Bros., 1971). El primero es ya un disco más definido, con sonidos rhythm and blues, donde todos aportan, comparten e intercambian papeles (Ronnie Lane es el vocalista en dos de las canciones). Es un álbum como la banda misma, algo caótico, despreocupado. Habla de idas y venidas, de salir a darlo todo “contento por venir, no me gustará irme, pero mientras esté aquí, lo voy a pasar realmente bien”, como dice en ‘Had Me a Real Good Time’ y de volver a casa tras agotarse como cantan en ‘Bad ‘n’ Ruin’ “pronto en la mañana, encontraré el camino a casa, vuelta a casa, derrotado y con el rabo entre las piernas”. Tiene dos canciones grabadas en directo en el Fillmore East de Nueva York en octubre de 1970 siendo una de ellas una insuperable versión de ‘Maybe I’m Amazed’ de Paul McCartney, que se convirtió en uno de sus grandes éxitos.

A Nod is as Good as a Wink…to a Blind Horse (Warner Bros., 1971) los lanza al estrellato. Es el álbum más Faces de todos, equilibrado en cuanto a la participación de toda la banda y al estado de ánimo reinante. Es como pasar por una fiesta de la que no te quieres ir, es un disco de blues rock, muy divertido, pero también con momentos emotivos gracias a increíbles baladas y a la inconfundible voz rota de Rod Stewart. Incluye la que es probablemente su mejor canción ‘Stay with Me’, un rock ‘n’ roll con riffs de guitarra sucios y pegajosos que con una gran base rítmica que se acelera hacia el final, transmite mejor que nadie la esencia de la banda.

Siguen las giras y la carrera de Stewart en solitario – que toma mayor velocidad – y en 1973 publican su último disco de estudio Ooh La La (Warner Bros., 1973). Un producto compacto a pesar de ser una banda que se está quebrando y donde sigue habiendo canciones movidas: ‘Borstal Boys’ o ‘Silicone Grown’ son sus mejores ejemplos. El álbum cierra con ‘Ooh La La’ cantada por Wood que junto a Ronnie Lane toma más protagonismo frente a un Stewart cada vez más ausente; los buenos tiempos terminan y todo podría haber salido mejor “ojalá hubiera sabido cuando era más joven lo que sé ahora” como dice la canción que da título al disco. Ronnie abandona Faces al poco tiempo recordando lo que le enseñó su padre “aprende a tocar un instrumento y siempre tendrás amigos”.

‘Stay with Me’ es el grito de guerra de la banda, la historia de una noche de pasión de la que no quieres saber nada al día siguiente. Lo mismo ocurre con la banda, Ronnie Wood a los Stones, Kenney Jones a los Who y sir Rod Stewart por su cuenta y es que en el rock, la promiscuidad siempre ha sido un valor al alza.

 

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