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Quique González, rompiendo filas con la americana

El músico madrileño se metió de lleno en el universo de la música norteamericana en los discos ‘Daiquiri blues’ y ‘Delantera mítica’

 

IVÁN GONZÁLEZ

Dicen que todo comenzó al escuchar por primera vez Here I Am de Steve Earle y tomar la decisión de emprender un nuevo camino “Aquí estoy / siguiendo mi propio camino /…/ con una canción en mi corazón y la ilusión de los comienzos”. La canción estaba producida por Brad Jones y en ese momento, Quique González dejó atrás su banda La Aristocracia del Barrio (el nombre era una clara alusión a la canción de Serrat), con la que había grabado Averia y Redención #7 (Warner, 2007) y puso rumbo a Tennessee.

De esta forma Quique González graba en Nashville su octavo disco, Daiquiri blues (Last Tour Records, 2009) y lo hace en los estudios “Alex The Great” propiedad del que también fue su productor para la ocasión: Brad Jones, un reputado músico que había trabajado con Steve Earle, Chuck Prophet y con nuestro ilustre Ariel Rot en su disco en solitario Cenizas en el Aire (Dro East West, 2000). Grabó con diversidad de músicos norteamericanos entre los que destaca el primer batería de Wilco – Ken Coomer – y sobre todo el pedal steel de Al Perkins, que había tocado en Exile on Main Street (Rolling Stones Records, 1972) y colaborado con Gram Parsons, The Flying Burrito Brothers y el mismísimo Bob Dylan.

El resultado es la quintaesencia del folk rock americano en español, un disco de sentimientos, muy emocional, que habla de desamor y que suena a la mejor Lucinda Williams de Car Wheels on a Gravel Road (Mercury Records, 1998). Posee una instrumentación y unos arreglos de cuerdas muy trabajados, que suponían una clara evolución en su sonido y que lograron generar ambientes íntimos y reposados, como un buen tequila.

Literariamente, representa la lírica y la mitología de una América en España, de carreteras y camareras esperando ‘Su Día Libre’, posiblemente la mejor canción del disco. También está a la altura ‘La Luna Debajo del Brazo’, en la que una rítmica mágica te lleva a la libertad de las playas de Cádiz “con sus piernas ardiendo en el salpicadero” o, por el contrario, de rabia y amores perdidos en ‘Nadie Podrá con Nosotros’ aunque “estuvieron muy cerca ayer”.

 

 

Cuatro años después, Quique vuelve a Nashville para grabar en los mismos estudios y con el mismo productor, el que se convirtió en su noveno disco: Delantera Mítica (Cultura Rock Records, 2013). Esta vez lo hizo con una única formación de músicos entre los que destacaban Bryan Owings y Will Kimbrought ambos en aquel momento músicos de la banda de Emmylou Harris.

En esta ocasión entrega un disco mucho más eléctrico, con más rabia, muy del momento que nos toca vivir social y económicamente, aspecto que subyace durante todo el álbum. Desaparece el pedal steel artífice de los ambientes íntimos de su anterior entrega para dar paso a guitarras mucho más presentes y enérgicas. Es como el Dylan que pasa a eléctrico a mitad de los sesenta con Bringing It All Back Home (Columbia Records, 1965) y Higwhay 61 Revisited (Columbia Records, 1965).

Delantera Mítica es un trabajo más poderoso y más rock dónde aparecen más referencias de lo que se conoce como sonido americano, llegando a sonar a veces a Ryan Adams, a veces a Tom Petty y que termina cerrando con un bonus extra: una inmejorable versión de ‘Is Your Love in Vain?’ de Bob Dylan con una cuidadísima y acertada traducción al español.

Destaca la rabia contenida y las guitarras de ‘La Fábrica’, cantando a las ganas de arrasar con todo “ahora parece que vas a mezclar fuego y gasolina” cuando ya no te queda nada e incluso “Dios se ha largado sin pagar la última ronda”. Llama la atención la mandolina en el himno ‘Dallas – Memphis’ – que no hace referencia a un viaje entre ambas ciudades sino a un partido de la NBA – una canción que nos transporta a un sonido tex-mex que incluso por momentos suena a ranchera y donde está muy presente el lamento derivado de la cobardía, la traición y el abandono final: “ejércitos del rock rompiendo filas”. Por último, la melancólica ‘No Encuentro a Samuel’ donde echa de menos a las personas y lugares queridos: “Luego llamé a mi mejor amigo, volví a comprarme las gafas de Mike /…/ no estoy en Madrid, no reconozco las calles”.

 

 

Musicalmente siempre ha estado al otro lado del Atlántico, pero la aventura física de Quique González en Estados Unidos, trajo canciones de carácter impresionista, demostrando una gran maestría para transmitir sensaciones dentro de la historia que construye en ambos discos, todo a través de una lenta sucesión de fotografías en blanco y negro. Si cantase en inglés, sus miles de seguidores se contarían por millones, pero se nos privaría de la emoción de poder cruzarte con él por Madrid, sin dejar de pensar que en el fondo “nadie podrá con nosotros”.