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Ramones o el nihilismo pop de los 70

Los primeros 30 segundos de su álbum de debut demostraron todo lo que querían ser y fueron

 

FIDEL OLTRA

Si alguna vez ha habido un grupo candidato a sacar un par de discos y desaparecer como una estrella fugaz, esos fueron los Ramones. Su música era impermeable a la evolución, buscaban hacer pop como los Beatles – el nombre “Ramone” es uno de los alias que utilizaba Paul McCartney – pero con los mínimos acordes posibles y a la máxima velocidad alcanzable. ¿Y qué decir de sus letras? Aunque en ellas había rabia y sentido del humor, resultaban casi infantiles; recordemos su predilección por construir varias de sus canciones alrededor de un simple “quiero hacer esto…” o “no quiero hacer aquello…” Aunque surgieron de la misma escena neoyorquina – los míticos clubs del Lower Manhattan, CBGB y Max’s Kansas City – que alumbró a gente como Television, Talking Heads o Patti Smith, avanzadilla intelectual del punk, los Ramones se ganaron un nombre partiendo desde el extremo estilístico. En lugar de citar a Rimbaud o ponerse nombres de poetas europeos, ellos hablaban de esnifar pegamento, de películas de terror cutres, de prostitución masculina y de golpear a gente con bates de beisbol.

 

 

Todo lo que eran y deseaban ser Ramones se encuentra ya en los primeros 30 segundos de su álbum de debut, un disco homónimo que grabaron en menos de una semana y que vio la luz en abril de 1976. Esos 30 segundos de “Blitzkrieg Bop” definen perfectamente su estilo simple pero poderoso: la guitarra centelleando sobre tres acordes, el bajo ametrallando un par de notas, la batería intentando seguir el ritmo y una voz macarra escupiendo su famoso “Hey, ho, let’s go!”.

Todo el universo Ramone sintetizado en medio minuto. Las canciones restantes no se mueven apenas de esa hoja de ruta. “Beat on the brat”, “Chain saw”, “Now I wanna sniff some glue” o “Loudmouth”, aunque en esta última hay algunos acordes más de los habituales, siguen un patrón muy similar, a veces casi calcado, al de “Blitzkrieg bop”.

Sería injusto, sin embargo, no apreciar el espíritu brillantemente pop que subyace bajo estos primitivos esquemas. En temas como “Judy is a punk” o “I wanna be your boyfriend” podemos atisbar el pop de principios de los 60, el sonido “girl group” y el muro de Phil Spector, el del surf y la California soleada, subvertido y reducido a su mínima expresión, además de extrapolado a las malas calles de una Nueva York sucia y turbia.

Los coros de “I wanna be your boyfriend” nos dan tímidas pistas de esa esencia pop, como también la frase “third verse, different from the first” en “Judy is a punk”, recuerdo irónico al “Second verse, same as the first” en la canción “I’m Henry VIII” de los Herman’s Hermits, de quienes quizás copiaron también su desenfado y falta de pretensiones. Incluir una versión del “Let’s dance”, el éxito de Chris Montez en 1962, es otra señal del origen de sus referencias más profundas.Con su disco de debut, los Ramones supieron canalizar la insatisfacción y el nihilismo juvenil hacia una forma musical tosca pero atractiva.