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Chris Stapleton

Cada canción es un nuevo comienzo

Chris Stapleton publica Starting Over, un disco que supone su consagración como uno de los compositores más destacados de la música americana

 

MARÍA F. CANET

Se teme a las hojas en blanco porque están inundadas de incertidumbre, también de posibilidades y de ilusiones, pero, sobre todo, de la dichosa incertidumbre. Lo mismo ocurre con los nuevos comienzos. La inmaculada portada de Starting Over (Mercury Nashville, 2020) —únicamente mancillada por el título del disco y el nombre de su autor en la esquina izquierda—,  lo nuevo de Chris Stapleton, transmite inquietud y sosiego a partes iguales. La aparente sencillez de ese lienzo en blanco que simboliza un inicio esperanzador, esconde numerosas capas, a cada cual más compleja, que tratan de ocultar los resultados de experiencias anteriores. Libertad, paz, adrenalina, emoción, pero también miedo, desesperación o ansiedad laten en los 14 temas que conforman el nuevo trabajo de este trovador de alma rockera y voz soul. Entre líneas, un claro mensaje: lo importante son las canciones.

Producido por Dave Cobb y grabado entre los estudios RCA de Nashville, Starting Over es el tercer álbum en solitario del de Kentucky, quién tras dejar atrás el bluegrass de sus inicios con los SteelDrivers, se ha consagrado como uno de los compositores norteamericanos más destacados junto a compañeros de generación como Jason Isbell o Sturgill Simpson. Algo que el músico norteamericano ha logrado gracias a sus eclécticas inquietudes musicales; desde el country, al rock fronterizo, pasando por la música negra o el pop, con composiciones para artistas del mainstream como Justin Timberlake. Siempre arropado por la cálida voz de su mujer, Morgane Stapleton, en los coros, en esta ocasión, el artista ha contado con el talento de Mike Campbell y Benmont Tench (miembros de los Heartbreakers de Tom Petty) en las guitarras y teclados.

Los acordes iniciales de ‘Starting Over’, tema que da nombre al disco, aparecen tímidamente, como la luz intermitente de primera hora de la mañana que brilla pero aún sin fuerza, entre el miedo, las ganas de arriesgar y el deseo de dirigirse a un lugar mejor, con un poso que guarda el aroma y el espíritu del Tom Petty de ‘Wildflowers’. Después de la esperanza, los demonios interiores siempre resucitan; ‘Devil Always Made Me Think Twice’, es salvaje y oscura gracias al siniestro slide y la furia que vibra en las cuerdas vocales de Stapleton. Soledad, incapacidad de perdonar y autodestrucción son los lastres que el músico arrastra en ‘Whiskey Sunrise’, entre guitarras fronterizas y distorsión eléctrica, que bien podría formar parte de la BSO de un western moderno, como ‘Hillbilly Blood’, más terrenal y polvorienta, con una atmósfera mística capaz de trasladar al oyente a una autocaravana perdida en mitad del desierto.

La sucesión de piezas acústicas como ‘When I’m With You’, balada de espíritu outlaw a lo Willie Nelson o Waylon Jennings que aborda la serenidad y la fortuna de dar con la persona adecuada, y cortes de rock sureño como ‘Arkansas’, todo velocidad y sudor, conforma un contraste perfecto. El desgarro en la voz de Stapleton escuece en ‘Cold’, sorprendente tema orquestal donde sobresale una elegante sección de cuerdas propia del sonido Philadelphia, mientras ‘Maggie’s Song’, un tierno homenaje a la perra que acompañó durante 14 años a la familia, posee una estructura similar a la célebre ‘The Weight’ de The Band, gracias a las armonías vocales, piano y un hammond celestial.

Especialmente conmovedores, aunque por diferentes motivos, resultan ‘Watch You Burn’ y ‘You Should Probably Leave’. El primero recuerda el tiroteo perpetrado en un festival de música country en Las Vegas en 2017 en el que hubo 58 fallecidos; la violencia y la confusión del momento se logran captar en la melodía a través de una batería que aumenta la tensión, guitarras eléctricas desbocadas y coros gospel apocalípticos, para desembocar en un abrupto final. Por el contrario, ‘You Should Probably Leave’, un medio tiempo más cercano al soul y al R&B, que convierte en música ese nudo en el estómago que aprieta cuando el miedo a hablar las cosas paraliza y los silencios son una sentencia que acaba en derrota.

Además de ofrecer 11 nuevos temas, Stapleton deleita con 3 versiones. La acústica y reposada ‘Joy Of My Life’, original de John Fogerty, incide en la plenitud de una relación amorosa, mientras que en ‘Old Friends’, composición de Guy Clark, recita y canta para rendir homenaje a los viejos amigos “que brillan como diamantes”. ‘Worry B Gone’, también firmado por Guy Clark, irrumpe con fuerza a modo de rock and roll clásico. El álbum se cierra con ‘Nashville, TN’, un visceral retrato de su relación amor-odio con la ciudad en la que se ha consagrado como artista, con un pedal steel que carga de nostalgia el ambiente.

Tome el camino que tome, el destino de Chris Stapleton parece estar ligado al de las buenas canciones, esas de las que es difícil despegarse, algo que equivale (o al menos es muy similar) al éxito. Con su voz grave y añeja, es capaz de empapar a quién escucha de alegría o de dolor. Cada canción es el punto de partida de un nuevo comienzo donde la incertidumbre da paso al esplendor.