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Marcus King

El nuevo horizonte de Marcus King

El joven músico norteamericano publica su primer LP en solitario con Dan Auerbach a la producción

 

MARÍA F. CANET

El ímpetu de los músicos por renovarse es continuo; la búsqueda es su estado vital por excelencia. En los dos años transcurridos tras la publicación de Carolina Confessions (2018), Marcus King se enfundó el traje de explorador para dar con un nuevo sonido. Su habitual tripulación, la Marcus King Band, permaneció en tierra, y el barco en el que zarpó fue capitaneado por Dan Auerbach (Black Keys). Ambos dieron con El Dorado, un disco grabado en el Easy Studio de Nashville, con Bobby Wood a los teclados, Gene Chrisman a la batería y Dave Roe al bajo.

En el horizonte menos rock sureño, pero más soul, algo que comienza a ser habitual en la marca Auerbach.  Como ya sucedió con Yola o Dee White en 2019, el de Carolina del Sur es el último joven talento —tan solo tiene 23 años— producido por el líder de The Black Keys. Un sello que se percibe a lo largo del álbum: mezcla de sonidos tradicionales de la música norteamericana, aura retro, y un pedal steel que cohabita con sintetizadores.

Frente a la potencia con la que se abría el anterior trabajo de King y su banda, El Dorado comienza con la pausada ‘Young Man’s Dream’, una nostálgica vista hacia atrás llena de matices, como los teclados que evocan los sueños perdidos. El poso melódico del álbum se confirma en baladas como ‘Beatiful Stranger’ o ‘Love Song’, canciones de tinte soul alimentadas por coros gospel casi celestiales en las que King demuestra su poderío vocal; a pesar de su juventud su garganta parece rasgada por numerosas experiencias vitales. La dulce ‘Sweet Mariona’, se encuentra a medio camino entre la música negra y el country, iluminada por el brillo del pedal steel.

El virtuosismo de King a la guitarra destaca en cortes como ‘The Well’ —un himno para recorrer carreteras a toda velocidad— ‘Turn It Up’ con toques dance, o ‘Say You Will’, más cercana al rock oscuro y próxima a la filosofía Black Keys. Rescata su alma de rockero sureño en ‘Too Much Whiskey’, con harmónica y guitarras al más puro estilo Allman Brothers, mientras que ‘Wildflowers & Wine’, es un medio tiempo con deje de blues en el que guitarras stonianas, pianos y hammond acompañan al artista, que parece cantar como poseído por Otis Redding.

Los ritmos setenteros salen a la palestra en ‘One Day She’s Here’, más bailable y ‘No Pain’, ambas aderezadas con una potente sección de cuerdas muy en la línea del estilo Philadelphia. ‘Break’, es una apuesta por el soul y el rhythm & blues más moderno, que evoca al último trabajo de Leon Bridges gracias a los sintetizadores.

Con su primer elepé en solitario, King parece querer resaltar su valía como vocalista, más que revalidar su título como líder de la última gran banda de rock sureño. Sin duda, la voluntad de Dan Auerbach ha sido destacar a este melenudo vaquero con cara de niño como una nueva gran voz dentro del soul. Si sus anteriores trabajos eran como un whisky on the rocks, potentes, directos e incendiarios, El Dorado es un disco repleto de detalles, para degustar trago a trago, como el buen vino. La ausencia de la Marcus King Band, tan potente y característica con sus guitarras atronadoras y vientos grandilocuentes, es notoria. La búsqueda ha llevado al joven artista a una nueva orilla; está por ver si permanece en ella o si por el contrario, regresa a sus orígenes.