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Sebastián Orellana, dolor de ultratumba a ritmo de bolero

El músico chileno, afincado en Sevilla, presenta Dios Perro, un viaje sonoro que mezclan inquietudes sureñas, rock de cabaret y folclore latinoamericano

 

RAQUEL ELICES

Para quien ande despistado y aún no lo conozca, Sebastián Orellana (La Concepción, 1990) es el abrigo que viene a despojarnos del frío invierno, el que prende la candela al fuego. Pero al contrario de lo que esta imagen pueda evocar, el suyo es un disco cargado de oscuridad narcotizante. La llama que agita Dios Perro (Sociedad Fonográfica Subterránea de Granada, 2020) tiene en realidad el poso negro, pero brillante, de quien baila sobre su propia tumba. A lo largo del disco, escuchamos el lamento de un hombre que se resquebraja, pero aún tiene fuerzas para moverse a ritmo de bolero y baladas agridulces. Dios Perro es un último crepitar vibrante, antes de echarse encima otra palada de tierra.

 

 

Si Tom Waits y Nick Cave se hubieran paseado, quién sabe, por las costas chilenas de Concepción hubiesen creado canciones como las que dan forma a Dios Perro. Un álbum en el que un blues oscuro tiñe el colorido folclore latinoamericano que late en él. “Llora mi canto en la lejanía, llora de la agonía, porque mi canto es dolor… Que el sol me diga dónde hay que ir, y luna me cante su canto antes de partir”, así reza en Paloma Blanca, un tema en el que Orellana deja que su voz dance en un limbo mágico entre la vida y la muerte. Así transita, noctámbulo en una suerte de música de raíz en la que el chileno mezcla cumbias crepusculares con rock de cabaret, como ocurre en Banjo Perdido, una canción que avanza en una niebla onírica en la que solo te puedes dejar guiar por el suave piano y los instrumentos de viento alienígena que acompañan a Orellana.

Entre las canciones más destacadas, Cómo no quererte, que sirve de luz entre tanta oscuridad gracias a la dulce voz de la cubana Zule Guerra para dar forma a este precioso bolero. No es la única colaboración que encontramos en el disco, la también chilena Soledad Vélez, acompaña con su áspera y particularísima voz a Orellana en Luna Despierta, una hermosa elegía en la que también se cuelan coloridos acordes que iluminan el álbum.

También hay descaro y mensajes sin segundas lecturas en este trabajo. Es el caso de Entierro del Malo en el que azota a la religión y canta aquello de: “Dale a Cristo que le gusta que le den / sopla humano imperfecto / rezas para sentirte bien”. Una herencia inequívoca de su paso por la banda La BIG Rabia, el dúo formado junto al batería Iván Molina en 2011, en el que “Puñete”, como era entonces conocido Orellana, ya jugaba a mezclar boleros, garaje y rock.

De aquella etapa se publicaron cinco álbumes, entre ellos La BIG Rabia, producido por Pedro de Dios (Guadalupe Plata) y Boda Negra que salió a la luz bajo el sello sevillano Happy Place Records. Unas conexiones sureñas que acabarían atrayendo a Orellana a la capital hispalense, donde reside desde 2017, y que han marcado la esencia de este disco. Porque además de boleros, rock, jazz de cantina y vals, en Dios Perro suenan también marchas de la Semana Santa sevillana que se dejan sentir en la pieza que abre el álbum, Jesús de las Penas, nombre de una de las marchas fúnebres más solemnes de los pasos de Sevilla.

Con proyectos abiertos con bandas clave en la escena andaluza como Califato ¾, Derby Motoreta Burrito Cachimba o Pony Bravo, en estos años se ha convertido en un habitual de bares, salas y festivales como el Monkey Week en el que este 22 de noviembre estará presentando su debut en solitario Dios Perro dentro del ciclo “Cruzando el charco: cantes de ida y vuelta” que podrá seguirse por streamig.

 

 

Grabado a lo largo del 2019 en los estudios de Berklee College Music de Valencia, este trabajo ha permitido al compositor chileno mostrar matices mucho más refinados gracias a la producción musical de Martín Benavides, multinstrumentista de gran prestigio en Chile y de Marcelo Wilson, colaborador de Alex Anwandter, una de las mayores figuras musicales del país latinoamericano. Le respalda además la plataforma Chilemúsica, para la promoción de la música chilena que explota en nuestro país a través de artistas como Javiera Mena, Soledad Vélez o la rapera Anita Tijoux.