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Tami

La tradición americana encuentra su cápsula del tiempo

La canadiense regresa con CHICKABOOM! un vibrante recorrido por el sonido añejo del country, el rockabilly y el soul

 

MIGUEL CANALDA

Los actuales amantes de géneros cuya época dorada pasó hace varias décadas se enfrentan a menudo a una dura realidad: la imposibilidad de escuchar en una canción actual lo que ofrecen aquellos temas clásicos de sus discos totémicos. La mayoría de las veces esos referentes ya ni siquiera viven y, a los que todavía siguen subiéndose a los escenarios, la avanzada edad les ha arrebatado el brío de antaño. Por esa razón la llegada de CHICKABOOM! (Outside Music, 2019), el nuevo disco de Tami Neilson resuelve ese problema casi cuántico para regocijo de los entusiastas del sonido añejo del country, el rockabilly o el soul.

Pocas veces la intención de un artista se plasma tan claramente en su trabajo. Basta con ver el abultado peinado beehive, el maquillaje y el vestido de flecos de Neilson en una carátula que evoca con tanto acierto la estética y la manera de los años 60 que no desentonaría en un mercadillo de segunda mano de Nashville. Lo difícil es que el contenido esté a la altura de la intención y ahí Neilson puede respirar tranquila. Pasados los 40, con varios discos a sus espaldas y procedente de una familia dedicada al country -como manda la tradición-, la voz de esta canadiense afincada en Nueva Zelanda ha alcanzado el equilibrio perfecto entre vigor y solera. Es todo un acierto que en este disco vaya acompañada tan solo de un par de guitarras, una percusión básica, algunos coros y un bajo ocasional, alejada de la mayor instrumentación por la que optó en SASSAFRASS! (Outside Music, 2018), su anterior trabajo.

Neilson comenzó su carrera en solitario con un sonido similar al de su compatriota Shania Twain y con el paso de los años ha retrocedido en el tiempo para acercarse a las grandes damas del country y el soul. Ella misma se declara una mezcla a partes iguales entre Tammy Wynette, Loretta Lynn y Mavis Staples, a quien rinde homenaje explícito en ‘Sister Mavis’. Quizá esa naturaleza frankensteiniana sea la clave para sonar tan desafiante en ‘Call Your Mama’ como adorable en ‘Any Fool with a Heart’, representar con igual éxito la socarronería de ‘Ten Tonne Truck’ y la dulzura de ‘Sleep’, dominar tanto el rockabilly de ‘Hey, Bus Driver!’ como el soul bluesero de ’16 Miles of Chain’.

Ahora que hay estudios sobre cualquier cosa, sería interesante saber cuánta gente es capaz de escuchar la media hora de CHICKABOOM! sin buscar en algún momento entradas para el próximo concierto de Tami Neilson. Resulta casi imposible no regalarse la experiencia de presenciar en directo una canción como ‘You Were Mine’, a la que hasta a la mejor de las 25 películas oficiales de James Bond le costaría estar a la altura. Su única parada registrada en España es la del Azkena Rock Festival del pasado verano, pero la gira de su nuevo disco la traerá próximamente a Madrid, Bilbao, Avilés, Zaragoza y de nuevo Vitoria.

Tras ser reconocida durante varios años como una de las principales exponentes del country en Nueva Zelanda y empezar a llamar la atención en el Reino Unido a partir de Dynamite! (Neilson Records, 2014), ahora este nuevo disco otorga a Neilson una mayor proyección internacional que solo puede considerarse una buena noticia para quienes no tuvieron la fortuna de presenciar el auge de estrellas como Patsy Cline, Peggy Lee o Wanda Jackson, pues con él recoge su legado para traerlo renovado a nuestros días.