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Buddy Guy

Buddy Guy: El primer paso de una leyenda

Con Left My Blues In San Francisco comenzó a forjarse la leyenda del que es uno de los bluesman más importantes de la historia

 

PEPE RODELLAR

Hablar de Buddy Guy (Lettsworth, Louisiana, 1936) es hablar del último guardián vivo de los secretos del blues de Chicago. Él es actualmente el rey de la ciudad del viento tras ocupar el trono que el bueno de Muddy Waters dejó huérfano cuando falleció en 1983. Sin embargo, y aunque cueste creerlo, al de Lousiana le costó bastante triunfar en esto de la música.

Allá por 1957, Guy emigró de su pueblo natal en el sur de Estados Unidos a Chicago para ganarse la vida como bluesman. Tras un periplo en el que el artista llegó incluso a plantearse volver a casa, la vida le brindó un golpe de suerte (sería injusto atribuirle aquí todo el mérito a la suerte y no a su pericia con la guitarra) cuando Muddy Waters decidió “apadrinarle” tras verle tocar en un garito y quedar impresionado. Desde ese momento, Buddy Guy pasó a ser un músico de sesión de Chess Records, una de las discográficas más influyentes en la música popular y hogar de artistas del calibre de Howlin’ Wolf, Chuck Berry, Etta James o Little Walter. No obstante, no fue hasta 1967 que Guy grabó su primer disco de estudio, Left My Blues In San Francisco, en el sello de los hermanos Chess.

 

 

Este primer trabajo de Buddy Guy cuenta tan solo con tres canciones de su autoría de los 11 cortes que contiene el disco (el resto son composiciones de otros artistas como Willie Dixon o el saxofonista Gene Barge) que se grabaron entre los años 1962 y 1967. Aunque Left My Blues In San Francisco podría catalogarse como un disco de blues, lo cierto es que también concentra distintos estilos como el soul, el rock and roll, el R&B e incluso el funk. Por desgracia, este larga duración no obtuvo el éxito esperado pero sí sirvió para que Guy demostrara de lo que es capaz.

El disco arranca con ‘Keep It To Myself’, un blues rápido y enérgico con tintes soul en el que predominan la sección de vientos y las líneas de bajo. Una pequeña muestra de la fuerza de Buddy Guy. La energía no decae con ‘Crazy Love’, la canción más rock del álbum y en la que parece que el propio Guy esté corriendo detrás de ese amor loco. Sin embargo, hay que esperar hasta ‘I Suffer With The Blues’, para encontrar el primer tema propio del músico de Louisiana y es precisamente aquí donde más se le reconoce. Un blues crudo y agudo en el que el artista ataca la guitarra (porque hay que recordar que Guy no toca la guitarra, la acaricia o la ataca) y se desgañita al más puro estilo de la vieja escuela. Del mismo modo suenan su segunda obra ‘Leave My Girl Alone’ y también ‘Mother-In-Law Blues’ y la soberbia ‘When My Left Eye Jumps’. Así mismo, ‘Goin’ Home’ y ‘Every Girl I See’ (mención especial aquí al poderío inmenso en la voz de Buddy) recuerdan al sonido del tema inicial de Left My Blues In San Francisco, mientras que los aires funk se cuelan en la tercera composición del artista, ‘She Suits Me To A Tee’ y en ‘Buddy’s Groove’. Finalmente, quizá el tema que menos encaja y el más “blanco” de los once, es la excesivamente dulce ‘Too Many Ways’.

Con Left My Blues In San Francisco comenzó a forjarse la leyenda del que es uno de los bluesman más importantes de la historia. Vivo por suerte todavía, Buddy Guy es uno de los pocos reyes a los que probablemente no sería necesario votar.