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Axolotes Mexicanos: el presente es de los jóvenes

La banda asturiana lleva unos cuantos años dando guerra en el plano musical y ahora lanzan su primer LP: Salu2

 

DAVID ESTANCOUSQUI

Desde el inicio de los tiempos, cada generación adulta ha intentado devastar a sus descendientes con argumentos de todo tipo. La poca implicación social, la ausencia de metas o la vagancia de los jóvenes. Axiomas atemporales de algunos pollasviejas orgullosos que, a su vez, desconocen que ellos mismos también utilizaron sus propias fórmulas para matar al padre, circunstancia fundamental sobre todo si uno quiere dedicarse y tener algo que decir en eso del arte.

Afortunadamente, se pueden rebatir esos argumentos si uno mira con provecho a la realidad en la que vive, la realidad física, no la del ensueño. Así es como uno acaba descubriendo bandas como Axolotes Mexicanos. Los hermanos Olaya y Juan Pedrayes, naturales de Villaviciosa (Asturias) y radicados en Madrid, completan su obra artística, después de varios años dando guerra en el panorama musical, con la publicación de su primer elepé de larga duración Salu2 y lo hacen en el emblemático sello discográfico Elefant Records. Su obra artística utiliza la música como instrumento de expresión, pero va más allá. Si uno visita las redes sociales de los hermanos Pedrayes podrá valorar la cantidad de proyectos en los que Juan participa y corroborar la frescura intelectual de Olaya, verdadera mujer del renacimiento, atendiendo a las tiras cómicas que dibuja y escribe o a los trabajos artísticos de esta estudiante de bellas artes.

El lenguaje del cómic, de hecho está muy presente en el nuevo trabajo de los Axolotes Mexicanos. Desde la portada cosplayer, que es un juego con la portada de su anterior mini elepé Holi <3 (Elefant Records, 2015), hasta las referencias que incluyen en las letras de esta nueva tira de canciones. En a penas treinta minutos de pop con tintes punk, maquinero, muy al estilo de Helen Love, Axolotes Mexicanos presentan una iconografía propia que representa muy bien el universo millennial, tan denostado por aquellos pollasviejas, desde una visión personal. ‘Vaga, por ejemplo, es una declaración de intenciones al respecto, con ironía y mala leche (Soy una vaga / Siempre estoy tirada / Y aunque lo intente / No quiero hacer nada).

Y es que Salu2 desprende rabia juvenil (‘Debora tartas) a través de guitarras frenéticas y rasgadas que se mezclan con melodías elegantes en los teclados y en la voz de Olaya, en esta ocasión más gruesa, con más personalidad y confianza. En todo esto tiene mucho que ver la mano del productor, Carlos René, que se ha convertido en referente para las nuevas generaciones de músicos y que integra con naturalidad su estética sonora con el sonido de marca Elefant, un sonido reconocible desde hace más de dos décadas.

Salu2 es menos chicloso que Holi <3, aunque mantiene las melodías joviales y la fugacidad punk y ruidosa de las maquinitas y cacharros robóticos que, en concordancia, dan a las canciones ese estilo de comic japonés tan verosímil para hablar de amistades imberbes y perdidas (‘Astor’), o del sentimiento de frustración al percibir como extraña esa nueva realidad adulta, una sensibilidad tan propia del adolescente que contrasta su nueva posición en el mundo, la del ser independiente, con la del niño que fue hasta ese momento (‘Menos 100’).

Dentro de la iconografía de Olaya y Juan, además de la nostalgia, la amistad, el amor, Internet y los vídeos de Youtube, abundan las resacas, las vivencias de los pisos compartidos y la poca pasta para subsistir (‘Sin ti). También anida en sus canciones el humor descarado, obtuso, negro como en ‘Nacida para sufrir’ (Voy a alistarme al ISIS / Y quemar el café de las bicis; He pedido por Navidades / Que se muera Jorge Cremades) o en Farmacia que, con ritmo de bossa nova punk, Olaya afirma que: Las chicas de mi pueblo / Son un poquito malas / Y a la mínima a una la llaman guarra. Y la divertidísima Estanquero en la que la protagonista se enamora de una forma psicótica del tipo que le vende tabaco.

Salu2 incide en la integridad de la imaginería de Axolotes Mexicanos a través de la arquitectura que Carlos René propone y arregla. Un paso adelante que mejora lo anterior, pero un disco que, afortunadamente, aun es descarado, vivaz y tierno, como lo es el presente que, sin duda, es de los jóvenes. Habrá que acostumbrarse a que ellos también tienen una voz propia.