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Cabeza de Gallo o cómo recupera la liturgia punk de Patti Smith

El animal sonoro que recupera la mística del rock psicodélico de los 70 y la crudeza noventera

 

RAQUEL ELICES

Cuando Alba Sanzo (Valladolid, 1994) conoció a Javier Vielba en uno de los Open Mic que el músico organizaba en Valladolid, todavía no había escuchado nada de Arizona Baby o Corizonas, pero llevaba desde pequeña escuchando bandas como Soft Machine o Cream, era una fiel admiradora de Patti Smith y estaba enamorada de la mística del folk americano. La conexión fue inevitable. Lo que no sabía Alba es que en aquel cruce de caminos encontraría al nuevo batería de su banda.

Cabeza de Gallo, el proyecto en solitario que Alba empezó durante sus años de estudiante en Salamanca, tomó forma a su regreso a Valladolid. Con la suma de Alicia Jiménez (Tentáculo) al bajo y Vielba marcando el ritmo, el power trío empezó a experimentar con los sonidos más psicodélicos del rock, la americana y la crudeza del grunge. Así llegamos hasta Coyote, el adelanto que presentaron a principios de año y carta de presentación de su debut en largo. Un disco homónimo que verá la luz esta primavera con Terrible Producciones Records y que contará con tres temas en español.

En Coyote, cada nota refleja ese caleidoscopio sonoro que empapa el universo musical de los tres componentes. Colores ácidos de épocas pasadas, brillos naif de folk setentero y distorsiones ledzepellianas que se ablandan con brisas del desierto de la meseta castellana. La sólida voz de Alba da cuerpo a esta historia sobre la amistad y el amor universal. “Coyote habla de ese destello que se encuentra en el amor universal, en los amigos, esa belleza que eres capaz de encontrar aún cuando estás metido en el lodo y que te puede acabar salvando”.

 

 

Siempre resulta fascinante escuchar nuevas voces recuperando sonidos del pasado con liturgias renovadas. Alba se nutre de referentes como Patti Smith, a la que define como “la diosa, la gran chamana”, Leonard Cohen o el rock toureg sahariano, en el que destacan artistas como Bombino. Hay algo místico en su forma de acercarse a la música. “Me gusta entender el arte desde ese prisma que te acerca a cosas más elevadas”, confiesa al otro lado del teléfono.

Llegó a la música a través de los discos que su padre ponía en el coche, atraída por las guitarras y por artistas como David Bowie. “Algo hizo clic cuando le escuché por primera vez. A través de su discografía fui tirando del hilo, descubriendo otras bandas y artistas, pero con él siempre trazando el mapa”, dice Alba. Por supuesto, ya es más que conocedora de la estela de su batería y padrino Javier Vielba. “Él es todo un referente”, confiesa.

 

 

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Para entender el nombre del grupo hay que irse, sin embargo, a la banda de rock progresivo The Mars Volta, y de la que extrajo el nombre de su banda. Un nombre que también guarda referencia con Demian, una novela de Herman Hesse que marcó a Alba y en la que aparece una deidad con cabeza de gallo. Un animal sonoro que canta a las vigilias de la noche y a la madrugada y que promete llevarnos de viaje desde el Valle de la Muerte hasta el Viejo Mundo haciendo resonorar sus solos de guitarra.