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Cecil Taylor, paradigma de la tecla correcta

Repasamos el recorrido profesional del principal mentor del free jazz

 

GUILLERMO GARCÍA-VALDECASAS

El jazz se encontraba de luto tras la muerte en 1955 del saxofonista Charlie Parker, alias Bird, quien logró el vuelo más alto del género con la corriente del bebop. Durante el siguiente lustro su herencia discurrió por distintos cauces que sedimentaron estilos nuevos como el hard bop o el jazz modal. En esta generación se germinó una de las manifestaciones más subversivas cuyo sello de identidad fue la polémica: el free jazz, dispuesto a eliminar los corsés de la improvisación jazzística, estipulados por el repertorio de entonces, para abrirse cual caja de Pandora a una creación musical deliberadamente asilvestrada. Se asocia al saxofonista Ornette Coleman la invención del término con su álbum homónimo Free Jazz (1960), pero el papel de primer profeta reside en el pianista Cecil Taylor, figura que se mantuvo fiel a la controversia desde el minuto cero hasta sus últimos días.

Nacido en 1929 en Long Island, Cecil Taylor creció unido a la comunidad musical afroamericana. A los cinco años se inició en el piano y más tarde, a principios de los 50, ingresó en el New England Conservatory donde amplió su formación incluyendo la composición y arreglos. Pero la instrucción académica no terminó por resultarle estimulante a nivel artístico y sus ojos estaban fijados en el entorno afroamericano en general y en el jazz en particular. Taylor fue testigo del rechazo que estas músicas generaba por aquel entonces en un entorno académico ensimismado por la vanguardia de la música clásica europea de principios del S. XX. Progresivamente desarrolló un camino singular que le condujo a una abstracción musical similar a la propugnada por la Europa contemporánea, pero preservando las raíces del colectivo afro. A la pregunta que le formuló el compositor francés Pierre Schaeffer sobre que opinaba de compositores como J.S. Bach, K. Stockhausen o J. Cage su respuesta no pudo ser más sintética: “No pertenecen a mi comunidad”.

La carrera discográfica de Taylor se inició en 1956 con su primer álbum Jazz Advance junto a Buell Neidlinger al contrabajo, Denis Charles a la batería y la puntual colaboración de Steve Lacy al saxo soprano. El disco deja ver el espíritu rupturista de Taylor al desafiar la ortodoxia armónica jazzística con disonancias intrusivas en el piano dentro de los imperativos rítmicos del swing. El máximo exponente lo encontramos en su tema ‘Rick Kick Shaw’, donde el golpeteo esquizofrénico del piano fundamenta una simetría y correspondencia en cada línea de la improvisación que aleja el tentador argumento de “¡eso lo puedo hacer yo!”.

Tras varias grabaciones posteriores como el álbum Love for Sale (1959), donde Taylor seguía experimentando esta improvisación vanguardista en los standards de jazz, se produce en los 60 un cambio muy notable en su registro. El free jazz llegó a un punto donde la “no norma” imperaba como ley destronando al ritmo estable y los músicos acompañantes dejaron de llevar de la mano a los solistas para diluirse con estos en la denominada improvisación libre. Una muestra de ello lo vemos en la grabación Unit Structures (1966), donde la composición parcial de los temas por parte de Taylor deja entrever cierta anarquía jerarquizada.

 

Taylor continuó con estas formaciones de improvisación colectiva, pero es en sus performances solistas donde expresa su mayor potencial. La madurez pianística estuvo condicionada por la incorporación de un toque vinculado a la percusión, que también había estudiado en su juventud. Su piano adquirió un pulso rítmico muy marcado, desligado del swing del que provenía, enganchando acordes que alternaba entre sus dedos y esparcía a los extremos hasta alcanzar clímax de diluvios sonoros. Los shows de Taylor se convirtieron en ritos donde había lugar para la recitación de poesía y la danza. Bajo esta distinción grabó alrededor de 20 discos destacando su extraordinario número solista del álbum Historic Concerts (1979) en el que testimonia un lirismo melódico soberbio dentro de su energía interpretativa. Actualmente se pueden encontrar en internet numerosos vídeos de estos recitales, como el de la obra Pontos Cantados.

Sus proyectos grupales y a solo continuaron sin cesar hasta su fallecimiento el 5 de abril de 2018 a los 79 años. Con algo más de 90 discos a su espalda, este personaje singular y a contracorriente forjó un estilo pianístico distintivo en el jazz respecto de nombres como Thelonious Monk o Duke Ellington para crear un arte vanguardista que siempre vinculó con el mundo afroamericano. Su música ha sido la inspiración de generaciones de posteriores jazzistas de vanguardia, no solo americanos, sino también europeos como los pianistas Alexander Von Schlippenbach o Marilyn Crispell. El vuelo que Taylor heredó de Parker planeó sobre terrenos pantanosos que muy pocos hubieran transitado con la misma convicción y efecto. Ya sea por escoger un sendero necesario a explorar o por expresarse adecuadamente en este con cada nota que tocó, el caminó que tomó Taylor puede resumirse en la elección de la tecla correcta.