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Dinosaur Jr. Una banda de peleas y distorsión

Sweep It Into Space es el enérgico regreso de la banda pionera del grunge, aprovechamos su vuelta para repasar su carrera

 

PABLO VÁZQUEZ

A pesar de contar con una media de edad de 20 años cuando publicaron su primer álbum en 1985, Dinosaur no se convirtió en junior hasta que una banda homónima amenazó con denunciarlos si no cambiaban de nombre. Dicen que el tiempo pone a cada uno en su lugar, y no deja de resultar irónico, e incluso divertido, que en la actualidad casi nadie se acuerde de los otros saurios, a pesar de contar entre sus filas con miembros de Jefferson Airplane, Big Brother and the Holding Company y Quicksilver, y sí de estos tres chavales de Amherst, Massachusetts.

J Mascis y Lou Barlow, compañeros en el grupo de hardcore Deep Wound, formaron junto con Murph un trío en el que dar cabida a sus diversas influencias musicales: desde el noise pop de Sonic Youth hasta el rock áspero y distorsionado de Neil Young. Melodía y ruido se abrazan en su disco debut Dinosaur (1985), en el que ya dejan claras sus señas de identidad. Un producto casero, subversivo, melancólico y laberíntico en el que destacan las suaves voces de Mascis y Barlow sobre unas guitarras pesadas y un bajo serpenteante. De aquellas no lo podían saber, pero la influencia de su sonido en artistas como Nirvana o Kurt Vile sería mayúscula.

Sus canciones huyen de lo comercial como los dinosaurios del meteorito. Y vaya si lo consiguieron: el álbum vendió solo unas 1500 copias en su primer año, siendo injustamente ignorado por crítica y público. No deja de ser llamativo lo sucedido con la canción ‘Bulbs of Passion’, una pieza salvaje y afilada que formaba la cara B del sencillo ‘Repulsion’. En la primera edición de vinilo quedó fuera de las diez seleccionadas, pero a partir de la reedición de 2005 fue colocada en primer lugar por tratarse, en palabras de Mascis, de la canción que más se acercaba a su “propio sonido”, mostrando una “nueva dirección”. 

Quizá el eclecticismo de Dinosaur, un pastiche sonoro prácticamente único a mediados de los ochenta en el que las influencias se van sucediendo como diapositivas, no fue comprendido en unos años en los que el pop, el glam y la música disco copaban las listas. La revista Pitchfork llegó a utilizar los términos “jodido desastre” para referirse a este conjunto de canciones “demasiado largas e inconsistentes”. Mejor quedarse con el lado bueno: sólo pagaron 500$ para grabarlo. 

 

 

Seguramente el desplante de la prensa no les dolió tanto como la indiferencia que provocaron en sus admirados Sonic Youth la primera vez que tocaron delante de ellos en Nueva York. Afortunadamente las segundas oportunidades existen y meses después los neoyorkinos se los llevaron de gira, llegando incluso a participar Lee Ronaldo en su próximo álbum, You’re Living All Over Me (1987). Este trabajo continuaría la tendencia distorsionada y decibélica de su predecesor, manteniendo ese sonido de grupo de adolescentes que tocan con el volumen al 11 en el garaje de un barrio residencial estadounidense. 

Pero al contrario que esos niños, que se juntan para divertirse, las fricciones entre los miembros de la banda comenzaron a abrir unas grietas que acabarían por romper, aunque temporalmente, su relación. J Mascis controlaba con mano de acero la grabación, hasta el punto de indicarle al batería como debía dar exactamente cada golpe. Un problema que años después no tendría, puesto que Murph abandonaría el trío y Mascis se encargaría de las baquetas en los discos Without a Sound (1994) y Hand It Over (1997). También cambió de sello discográfico, dejando tirado a su amigo de la infancia Gerard Cosloy de Homestead Records para firmar por los californianos SST Records, compañía en la que publicaron artistas como Black Flag, Hüsker Du o Meat Puppets, muy del gusto del trío de Massachusetts. 

El éxito de la banda fue en aumento, al igual que la tensión entre Mascis y Barlow, a quien acabó echando tras publicar Bug (1988). El bajista formaría Sebadoh, agrupación de indie rock con más de una decena de referencias discográficas que aún hoy continúa en activo. Estos desencuentros marcarán el devenir de Dinosaur Jr. en las próximas décadas, caracterizada por una curiosa dualidad: la inestabilidad personal y la solidez musical. Con todo, se convirtieron en uno de los grandes predecesores del rock alternativo y del grunge, una de las tendencias más masivas (y breves) de finales del siglo pasado. Casi tres décadas después, los ánimos parecen haberse calmado en el seno del conjunto, que vuelve a estar formado por el trío original. Eso sí, ya que se acercan peligrosamente a la sesentena, igual no estaba de más quitarle el “Jr.” al nombre, ahora que parece no haber riesgo de denuncias.