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Dani Llamas

El camino a la verdad de Dani Llamas

El músico ha transitado por muchos caminos: del hardcore, al punk, el power pop o la americana. Charlamos con él sobre su primer trabajo en castellano, La Verdad

 

CARMEN SERRANO

“We are ugly but we have the music” (Somos feos, pero tenemos la música), afirmaba Leonard Cohen en su legendaria canción ‘Chelsea Hotel No 2’. Décadas después, podríamos decir algo similar de un año tan nefasto como 2020: fue horrible, pero, una vez más, la música puso un poco de luz entre tanta oscuridad. Dani Llamas, reconocido músico de la escena underground andaluza, ha sido uno de los artistas nacionales más prolíficos en ese año tan convulso. En pleno confinamiento grabó un disco homenaje a su difunto amigo Grant Hart, batería, cantante y co-compositor de la banda de punk rock Hüsker Dü. Un par de meses más tarde, lanzó el EP ‘The Heavy Hours’, en el que ya incluyó una primera canción en español como avanzadilla de lo que vendría después. Poco antes de despedir 2020 sorprendió con La Verdad (Wild Punk,2020), un disco íntegramente en castellano en el que reivindica la autenticidad a partir de algunas revisiones personales del cancionero popular andaluz y otros temas propios inspirados en la tierra que le vio nacer.

Tras más de 20 años de carrera musical en los que ha transitado por el hardcore y el punk rock con G.A.S Drummers, el power pop con The Ships y el rock próximo a la americana en sus discos en solitario, Dani Llamas hace un viaje de vuelta a sus raíces para resurgir como el Ave Fénix. “Para mí este disco ha sido como volver a empezar de cero. No solamente por el idioma, sino porque está hecho en Jerez, la ciudad donde he nacido y crecido, y donde empecé a hacer música, con los mismos chavales con los que empecé a tocar e incluso en el mismo estudio donde grabamos las primeras maquetas de G.A.S Drummers”, explica con entusiasmo. Un camino de vuelta que, asegura, “no habría sido posible sin un camino de ida”.

La Verdad es fruto de todo un recorrido personal y musical a lo largo del cual ha ido sacudiéndose los miedos y prejuicios. Surgió en un momento en el que “de alguna manera necesitaba encontrar algo un aliciente nuevo, un nuevo vocabulario”, señala. El músico andaluz cuenta que, cuando hace algo más de un año se lanzó a dar forma al que sería su quinto LP en solitario, tuvo una especie de “revelación divina”. El detonante fue ‘Fui Piedra’, una brillante adaptación al pop de la soleá de Mercedes La Serneta que popularizó La Niña de los Peines: “Se la pasé a mi amigo Manuel, que es mi flamenco de cabecera. Él me dijo que sonaba a mí, y que tiré para adelante sabiendo que no estaba haciendo una cosa demasiado insultante”. A partir de ahí, las otras 9 canciones del álbum llegaron en cascada. “En una semana conseguí tener el disco hecho. Fue un proceso que ahora mismo sería incapaz de poner en pie; en ese momento estaba en éxtasis absoluto, como Santa Teresa de Jesús”, reconoce entre risas.

Sin embargo, el flamenco siempre estuvo ahí. Fue la música que se escuchaba en su casa cuando era pequeño y de la que decidió renegar en un gesto de rebeldía adolescente: “Yo no soy hijo de padres rockeros. En mi casa no había apenas discos y los que había eran sobre todo de copla, flamenco y algunos de cantautores. Vengo del barrio de Santiago de Jerez, donde la conexión de la cultura popular con el flamenco es indisociable. Así que cuando a los 14 años empiezo a escuchar música rock lo que hago es huir de todo eso, crecer en contra de esas cosas”. Ahora, a sus 40 años, afirma gustarle “cada vez más la música que tiene menos artificio”, sea del género que sea. Desde Slayer hasta Héctor Lavoe, pasando por Propagandhi, los Beatles, José Menese o el grupo de música andina Los Calchakis, cuyo disco Canto a los poetas revolucionarios dice llevar “tatuado en vena”.

Al igual que hicieran Billy Bragg y Wilco con las canciones de Woody Guthrie en Mermaid Avenue (1998), Llamas reivindica el derecho a revisitar y “reacondicionar” el folk de su tierra y se alegra por el resurgir de una escena musical andaluza que mira a sus raíces “con ganas de rescatarlas, con muchísimo respeto y sin ningún complejo”. Un movimiento en el que bandas como Pony Bravo o Derby Motoreta’s Burrito Kachimba recogen el testigo de grupos tan emblemáticos como Triana o Smash y al que este jerezano acaba de sumar una nueva propuesta de sonido fronterizo sureño.

 

 

En ese terreno donde los géneros se difuminan, algunas canciones remiten al pop sesentero de Los Brincos o Los Bravos de manera no intencionada. “Quería que sonase como esos discos de John Lennon en solitario que son pequeñitos, como el Plastic Ono Band, que es para mi una referencia muy importante. Si a ese sonido le sumo el ‘aflamencamiento’ de alguna de estas canciones bien porque parten de canciones flamencas o por las progresiones de sus acordes: eureka, sale algo parecido a lo que hacían esos grupos”, argumenta.

Pese a la libertad creativa con la que ha afrontado esta nueva etapa, confiesa que tuvo algo de miedo por cómo podrían verse algunas de las adaptaciones en el mundo del flamenco. “Hice una versión de El Cabrero a la que llamé ‘Con el viento y con el agua’, que no tiene absolutamente nada que ver con la canción original, así que le mandé la canción a su mujer, Elena Bermúdez, que es la autora de la letra. Supongo que fliparían porque es casi Spoken word, rollo Nick Cave, pero le gustó mucho”. Otra de las personas que tiene un papel especial en este disco es Ramón Rodríguez, alma máter de The New Raemon. “Ramón es uno de mis mejores amigos y llevaba detrás de mí años para que me lanzara a hacer un disco en castellano. Cuando escuchó ‘Pozo de la Víbora’ me dijo que le gustaría hacer coros en esa canción, y yo encantado, claro”. Esa canción es, junto a ‘El salto al cielo’ y ‘Caulina’, uno de los tres topónimos que aparecen en el disco y, según explica, hace referencia a “una zona de Jerez donde en 1936 hubo fusilamientos fascistas y además han ocurrido otros episodios trágicos”. Canciones que desentierran verdades silenciadas se entrecruzan con historias populares en el que, dice, es el trabajo que mejor representa lo que es él de verdad: “Creo que estoy mucho más cerca de la verdad que en otras cosas que he hecho antes donde una pequeña parte de impostura sí que existía”, afirma.

Músico inquieto y comprometido, a Dani Llamas la música le ha llevado más lejos de lo que podía llegar a imaginar cuando “todo empezó como un juego” con G.A.S. Drummers en el 98. “Desde entonces no he parado. Siempre he seguido haciendo cosas y me han pasado cosas maravillosas, como conocer y hacerme amigo de muchos de mis ídolos”, declara satisfecho. Y la aventura continúa. Con este nuevo disco, el jerezano abraza la madurez encontrando su centro en sus propios orígenes y demostrando que aún le queda mucho por jugar. El viaje de vuelta no ha hecho más que comenzar.