El consuelo soleado de los Apalaches y la gran familia del country
Buceamos en la historia de La Familia Carter (The Carter Family), pioneros del género
MARÍA CANTÓ
De pequeño, Johnny Cash (1932-2003) escuchaba a la Familia Carter en la radio. Su country amasado en las montañas sureñas de Estados Unidos llegó a los oídos de este chiquillo de Arkansas a tiempo para salvarle la vida, al menos, dos veces. Primero, en la desesperación de un hogar empobrecido y roto por la prematura muerte de su hermano, y años después, en el agujero negro de la adicción.
La primera familia del country, formada por A.P. Carter, su esposa Sara y su cuñada Maybelle, contagió al hombre de negro de su filosofía luminosa, esperanzadora y resiliente. Lo hizo a través de la música, que le acercó al folclore y al góspel, y gracias al amor de June Carter, hija de Maybelle y una de las sucesoras dentro del grupo, quien le acompañó durante la época más turbulenta de su vida.
Ambos se conocieron en Nashville en 1956 y mantuvieron una relación de admiración y dependencia que perduró hasta 2003, año en el que ambos fallecieron con pocos meses de diferencia. Con ayuda de la familia Carter, el músico quiso cambiar de vida, alejarse de los barbitúricos y las anfetaminas que estaban destruyendo su carrera. Cash visitó con June la tumba de A.P. Carter, fallecido en 1960, en el cementerio de Mount Vernon, en Virginia. En la lápida, un disco de oro con una inscripción resume el espíritu del que fuese uno de los padres del country: Keep on the Sunny Side (Mantente en el lado soleado), título de una de las canciones más conocidas del trío familiar, una adaptación de un himno cristiano escrito por la compositora Ada Blenkhorn en 1899.

Johnny Cash y June Carter
De este modo decidieron llamar también al disco que rinde homenaje al amplio legado de los Carter, grabado en 1964 por Cash junto al relevo de la familia: Maybelle y sus hijas, June, Anita y Helen. Un álbum que funciona como cancionero popular y refleja el eterno vínculo de Cash con el imaginario del country primigenio. Lo rural, las montañas, el trabajo, la cárcel, la muerte, la redención; todo ello está presente en este disco, alimentado en su mayoría por letras que A. P. Carter recopiló, adaptó y firmó, pero de cuya alma bien puede apropiarse Cash. Desde sus inicios, el músico demostró no tener miedo de versionar y esa última maravilla de American Recordings (2002), conjunto de seis discos producidos por el mago Rick Rubin, fueron buena prueba de ello.
En Keep on the Sunny Side, canciones como “Worried Man Blues” o “Banks of the Ohio”, una murder ballad sobre un hombre que asesina a su amada, no distan tanto del “Cocaine Blues” que Cash inmortalizó en Folsom Prison en 1968, ni tampoco de ese homónimo blues carcelario que le dio la fama de tipo duro.
Si en esas canciones se dejaba llevar por el rockabilly, en este álbum se rinde a la guitarra acústica de los Carter y el autoarpa, instrumento de cuerda muy popular en la música tradicional americana y con el que precisamente Maybelle era tan virtuosa. La grave voz de Cash, a diferencia de la de A.P. Carter que siempre estaba relegada a un segundo plano por la de Sara, resalta en este cuarteto coral femenino. La religión, a la que el artista se aferró quizá como recuerdo de un hermano que iba para predicador, también está muy presente en canciones como “Unclouded Day”, que describe el lugar al que aspira llegar el creyente tras la muerte como un “día sin nubes”.
El cielo estaba despejado el día que Cash visitó la tumba del patriarca de los Carter. “Los altos pinos se alzaban a ambos lados del cementerio y había un rayo de sol que caía sobre ese lugar donde A.P. Carter descansaba”. Lo contó el artista en su programa de televisión, Johnny Cash Show, una vez convertido en una estrella del country. El disco no solo supuso la unión entre Cash y los Carter, que culminaría en 1968 con su matrimonio con June, sino un recordatorio vital para aquel niño que halló consuelo en las viejas canciones de los Apalaches.