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El Hombre Garabato: el tiempo decanta la verdad

“Lo que más importa es la música. Hace diez años también decía esto, pero era mentira; había otras cosas que en el fondo nos importaban más, todavía teníamos la esperanza de subir a nivel cuantitativo. Ahora sí es verdad, la música es lo más importante, y valoramos lo cualitativo más que tocar en festivales o tocar en muchos sitios”. Así define Nicolás Hernández la filosofía de su grupo, El Hombre Garabato, del cual es cantante y principal compositor. El quinteto de Granada cuenta con más de una década de trayectoria, lo cual no es poca cosa en una escena en la que muchos grupos surgen y se desvanecen cada poco tiempo. Herederos de la tradición pop granadina, cercanos a los 091 (son la banda que acompaña en los últimos años a José Antonio García en su proyecto en solitario) y abiertos a influencias anglosajonas, siguen dando pasos cortos y seguros.

El 26 de noviembre de este año lanzan Babilonia, un nuevo EP con seis canciones compuestas durante el confinamiento de 2020. Como es lógico, en estos temas encontramos referencias a la situación que nos tocó vivir. “He utilizado algunas imágenes muy directas que se dieron en esos meses, como ‘puedes aplaudir en tu balcón’. Pero mi intención no era hacer una fotografía exacta del momento, sino que el mensaje pudiera ser aplicable a otras situaciones, reflejar aspectos políticos o emocionales, como la angustia, la soledad, la incomunicación, porque por mucho que haya comunicación virtual faltaban relaciones sociales verdaderas… Pero también hay un mensaje de esperanza, del espíritu de superación del ser humano para salir de situaciones complicadas. La necesidad de libertad, la necesidad de oxígeno…”. Ante las dificultades que podría plantear el proceso compositivo y de construcción de las canciones, las tecnologías fueron aliadas para poder compartir las ideas. “Componemos principalmente Óscar (Gallardo, guitarrista) y yo. Yo hago casi todas las letras, y a través de mensajes y llamadas íbamos intercambiando las ideas, las melodías, las aportaciones que hacía cada uno. Claro, el resto de la banda decía ‘y nosotros qué’, pero iban completando sus partes grabando en sus casas. En cuanto pudimos salir fuimos lanzados al local de ensayo”.

Llevan varios años publicando sus trabajos en forma de EP por una cuestión práctica. “Yo no soy capaz de componer más de diez canciones buenas para un disco, habría cosas de relleno, y además la gente no las escucha todas. Si haces un disco largo y paras dos años o más para sacar otro, la gente se ha olvidado de ti. Sin embargo, dosificar el material permite ponerte en el escaparate más a menudo”. Anteriormente habían lanzado tres EPs seguidos: Demonios (2016), Aullidos (2018) y Luciérnagas (2019). Apuestan por el vinilo y por el formato físico. “En esta ocasión vamos a hacer algo que no sé si será un suicidio comercial, pero hasta dentro de unos meses el EP no va a estar en plataformas digitales, que no nos aportan nada económicamente ni en cuanto a difusión, porque la mayoría sólo escucha el single. Mientras tanto, quien quiera escucharlo que se dé un paseo a la tienda de discos y se lo compre, comprar un disco es algo muy bonito. No es sólo por reivindicar el formato físico, es también por dignificar nuestra labor, la labor del músico. Durante el confinamiento todos estuvimos creando contenido gratuito, y ahora necesitamos que el público haga ese pequeño esfuerzo”.

En esta ocasión han contado con el ilustre Raúl Bernal para las labores de producción. Es la primera vez que trabajan con él, aunque se seguían la pista con anterioridad. “En la trilogía anterior de EPs habíamos quemado las naves, lo habíamos dado todo. De alguna manera sentíamos que habíamos llegado a un sitio por el que no podíamos seguir, un techo creativo que no sabíamos cómo romper. Necesitábamos un productor, y manejábamos tres nombres de gente de Granada, Raúl entre ellos. Milagrosamente, antes de que se lo dijéramos, fue él quien se ofreció. Se lo dije, yo creo que éramos amigos desde antes aunque no lo sabíamos”. En cuanto a trabajar con él, Nicolás comenta: “Es un músico muy completo y con mucha cultura. Te escucha y te da una visión de tu propia banda distinta a la que tenías, te muestra por dónde puede ir la canción y te lo dice todo muy claro y directo. Es muy serio pero tiene una gran capacidad para conectar. También ha intervenido con algunos teclados y guitarras”.

El confinamiento fue una época que se prestó a escuchar mucha música. Ante la cuestión de si hay algún disco o artista que haya influido especialmente en este último trabajo, Nicolás explica: “Las influencias a veces son algo que tú quieres, pero luego tu sonido igual no se corresponde tanto a eso. Si tengo que decir alguna banda que hayamos estado escuchando todos y que hayamos dicho nos gustaría sonar así, diría Eels, también The National. Yo por mi parte he estado escuchando mucho a Paul McCartney, y el trabajo del resto de Beatles en solitario, de Ringo quizá menos, con All Things  Must Pass muy presente”.

El tiempo decanta la verdad, y la verdad de El Hombre Garabato es que es un grupo maduro, sólido, en el que todos son igual de importantes; elegante, con una musicalidad muy completa y las ideas muy claras. “Antes hacíamos más actuaciones, pero ahora, si vemos que una no nos compensa, no la aceptamos”. Por el momento tienen presentación de disco en Granada, tanto en acústico como en eléctrico, un festival y probablemente actuarán en Jaén y en Almería. Pasos pequeños pero firmes, llevando su verdad en forma de canciones.