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Ele o la libertad de hacer lo que quieres

Elena Iturrieta, que presenta su nuevo álbum, forma parte de las nuevas voces femeninas destacadas en el panorama español como Nat Simons o Joana Serrat

SAÚL QUIJADA

Ele es una de las bandas que mayor crecimiento han experimentado en el último año gracias a una extensa gira de teatros que finalizó hace unos meses. Tras la aceptación del primer disco, Summer Rain, Elena Iturrieta y su banda tenían claro que había llegado el momento de apostar y grabar fuera de nuestro país el segundo álbum, What Night Hides. El lugar elegido fue un templo musical: Abbey Road, los míticos estudios de Londres por los que han pasado grupos de la talla de The Beatles, Adele o Jeff Beck. Integrante habitual de Gospel Factory y pianista desde muy joven, Ele forma parte de la nueva hornada de grupos liderados por mujeres que, cantando en inglés en la mayoría de los casos, están haciendo cosas muy interesantes como Morgan, Nat Simons, Joana Serrat, Rubio, Maika Makovski o Iseo, entre otras.

Late Madrid con la velocidad propia de un día laborable. Elena llega a la entrevista a la carrera, apurada y sin tiempo para frenar los caballos que llevan revolucionados unos días tras la publicación del disco. Son semanas de promoción y ensayos que conjuga como puede con su faceta de profesora. El té humea en la mesa y la tranquilidad llega justo a tiempo para iniciar la conversación. El buen trabajo realizado con el primer álbum tuvo su recompensa cuando representaron a España en festival South by Southest de Austin, Texas. “Fue una experiencia inolvidable por poder respirar durante unos días el ambiente musical que emana Austin. Si con Summer Rain llegamos a América espero que con What Night Hides podamos vivir momentos parecidos”, cuenta la artista madrileña.

Con una puesta en escena muy americana, Ele defiende sus canciones a piano flanqueada por una extensa banda que dota al show de un empaque característico que suena a las viejas bandas de soul y góspel de EE UU. En este disco hay tiempo para trasladamos a una misa góspel en Harlem con Olympus, mover el cuerpo al ritmo de To the ground o escuchar la versión más clásica de Elena en Nocturnal, un tema evocador que podría incluirse en cualquier ópera.

A pesar de liderar la banda y ser la cabeza visible de este proyecto, Elena hace hincapié: “Somos amigos antes que una banda que se sube a un escenario a tocar. El concierto solo son dos horas del día, las otras 22 las pasamos en furgonetas, hoteles o restaurantes y es fundamental que exista una buena conexión entre nosotros. Me he rodeado de gente que tiene un corazón enorme y que ha confiado desde el primer en el proyecto sin ninguna pretensión económica. Están aquí porque creen en ello”. Ir a tumba abierta con los amigos y creer en su manera de trabajar provoca vivencias naturales y realidades que surgen sin forzar ninguna máquina, por eso “el nacimiento y ascenso de Ele ha venido del boca a boca. Vivimos un crecimiento natural, donde nos hemos forzado nada en ningún momento y tenemos la suerte de que la gente que nos apoya está ahí de verdad y porque le gusta mucho lo que ve”.

Antes de entrar a grabar en Abbey Road -“algo increíble por la historia que desprende el lugar”- Elena tuvo que ponerse manos a la obra para terminar el trabajo previo y llegar con las maquetas definidas. “Soy una persona que funciona bajo presión y un mes y medio antes de irnos a Abbey Road no tenía las canciones terminadas. Estaba todo organizado para irnos, los billetes comprados y no tenía lo más importante que era el contenido. Entré en crisis y me encerré para poder terminar los temas. Le iba pasando las maquetas a nuestro productor, Pablo Cebrián, y nos dábamos cuenta de que a piano y voz ya funcionaban. Cuando una canción se sostiene en acústico es sinónimo de que el esqueleto está bien diseñado y no se va a desmoronar”. Canciones como Longing o I`m falling arrancan con una cadencia acústica y terminan con una energía y un ritmo que muestra todo el trabajo de Pablo a la hora de darle a cada tema el vestido que se merece.

Es un disco que merodea por una atmósfera especial donde los silencios son parte fundamental de las canciones. Hay un halo de magia que rodea a cada tema y lo envuelve de una manera única. Las partes melódicas donde no está la voz de Elena se convierten en fragmentos cargados de introspección y vitalidad. “Ha quedado un trabajo muy cinematográfico donde una orquesta te conduce por cada canción hasta que llega el último tema, Flowers in the desert, que es instrumental y pone el broche de oro. Hemos logrado un sonido muy bonito, más enérgico y maduro”. Si la música nos traslada a una película, merece la pena indagar en la vida de los personajes que la protagonizan para conocer qué hay detrás de las letras. En ellas, Elena ha reflejado “la libertad de hacer lo que quieres, el disfrute sin límites como modo de vida”. Es lo que tiene haber elegido una vida pirata llena de pedazos de rock and roll.