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Combo Paradiso

Combo Paradiso: una orquesta de ciudad para devolver la alegría

Los cuatro veteranos músicos publican mañana Loco Vaivén, su primer trabajo en común

 

MARÍA F. CANET

“Lo que te diga uno, el otro te va a decir lo contrario, el otro no se entera y el otro está pensando en lo que ha dicho el resto”, advierte Julián Maeso en una terraza próxima al Matadero. Adrián Costa, Alberto Anaut, Juan Zelada y él mismo se interrumpen y vacilan constantemente. En su conversación hay tanto caos como complicidad. Después de pasar un rato en su compañía, no sorprende que Loco Vaivén haya sido el título escogido para su primer disco como Combo Paradiso, el cuarteto musical que estos cuatro amigos decidieron formar tras la cuarentena. “Todo empezó con una llamada de Juli en pleno confinamiento”, cuenta Adrián Costa. “Llevábamos tiempo diciendo ‘a ver si un día hacemos algo juntos’. Estábamos deseando salir de nuestro entorno chungo, de la pandemia, y era la oportunidad de juntarnos y hacer música” añade Maeso.

Líderes de sus respectivas bandas y proyectos —Costa en Los Reyes del K.O o The Criers, Maeso en Speak Lowe, los Sunday Drivers o en solitario, Alberto en Anaut y Zelada con una sólida carrera en Inglaterra— ansiaban pasar a ser uno más para “tener otra perspectiva; nos repartimos las cosas, nos echamos unas risas, y es uno de los atractivos. Cambia mucho la forma de trabajar cuando eres líder”, apunta Adrián. En las buenas vibraciones que transmiten sus canciones ha tenido mucho que ver Galicia. El centro y el origen del proyecto ha sido El Náutico de San Vicente do Mar (O Grove). Como hicieran los Rolling Stones encerrándose en Nellcôte para grabar su célebre Exile On Main Street, los cuatro se retiraron a ese oasis musical que Miguel De La Cierva ha logrado crear en la playa de La Barrosa, donde cada estío propicia encuentros musicales únicos conocidos como “El Laboratorio”. “Ya quisieran los Stones grabar mientras te hacen un arroz”, comenta Maeso entre risas. Tras pasar el último verano tocando juntos allí, en noviembre regresaban para grabar el álbum: “Nos metíamos en la cabaña que nos preparó Miguel con 3 cajas de cerveza y salían canciones como churros”, bromea Costa.

Aunque, como comenta Juan, las comparaciones “nos dan un poco de apuro”, es inevitable pensar en una filosofía similar a la de los Traveling Wilburys (supergrupo formado por George Harrison, Tom Petty, Bob Dylan, Roy Orbison y Jeff Lynne en los ochenta): cuatro amigos reunidos de forma espontánea con el único objetivo de disfrutar haciendo música. Como su propio nombre indica, el disco no tiene una dirección clara, pero los cuatro se muestran firmes, lo importante son las canciones: “Los temas que hicieron los Wilburys eran buenos, esa es la clave. Si no hubiesen sido buenos, o hubiesen visto la luz”, señala Maeso.

A pesar de que resulta fácil intuir quién es el autor de cada tema, —“Se nota, uno habla de la ría, y yo escucho su tema y me relajo; a mí con el calor de Toledo me salió ‘Vienen Detrás De Mí’ (tema de rock sureño a lo ZZ Top), nos compensamos”, dice Julián— el objetivo era “que ganase la canción”, por ello, uno no siempre canta su composición: “Nos estamos acostumbrando a proponer e ir buscando hasta llegar a un punto común, eso es lo bonito, el proceso”, añade Costa. “Si la cantaba yo sonaba a Krahe y si la cantaba Adri sonaba a Bola de Nieve. No hemos venido a mostrar lo que sabemos, si no lo que no sabemos”, bromea Maeso. Entre carcajadas afirman tener desacuerdos “todos los días”, y que es Julián el que tiene la última palabra: “Juli tiene el bastón de mando. Si uno llega con una propuesta y ponía cara de que no, era que no”, cuenta con sorna Zelada.

Melodías latinas y letras en castellano, esas son las dos únicas premisas que impusieron antes de empezar a rodar: “Lo que mola es que son canciones propias y en otro idioma; estamos empezando de 0”, indica Alberto. Vinculados a la escena de la música negra con carreras próximas al soul, el funk o el blues, los sonidos latinos — “Adrián tiene un gran conocimiento de la música cubana, le sale más natural y a la hora de hacer los temas nos dio una dirección”, cuenta Maeso—y las armonías vocales — “Lo demás es más secundario”, sentencia Adrián— son los dos grandes protagonistas del elepé. Aunque admiten escuchar poca música en castellano —Boleros, Drexler, Kevin Johansen o Bola de Nieve son nombres que destacan—, no es la primera vez que componen en su lengua materna, como aclara Alberto: “Seamos claros, no hemos hecho pinitos. Tú tienes un disco en español, tú también, Juli la mitad de un disco que aún no ha salido, el próximo disco de Anaut es en español…” advierte mientras señala a sus compañeros. Zelada reconoce que el esfuerzo ha consistido en “interiorizar las letras y que salgan de una forma natural. Te quedas con el culo al aire, con el inglés puedes enmascarar más”. “No es una cuestión de que en España no se hable inglés, sino de que nadie le presta atención a la letra. Cuando cantas en español el público es más crítico y tienes que trabajarlas más”, añade con ímpetu Adrián. “Dirán que tocas bien, pero, si la gente no entiende lo que dices, no se crea la fidelidad. La clave de este grupo es que, si tú vienes a un concierto, puedas cantar el estribillo, zanja Maeso.

Loco Vaivén es ante todo un disco con un sonido optimista, que traslada a un verano infinito donde no faltan los amigos, la cerveza y el mar. Una postal idílica para tiempos convulsos: “Hemos venido a pasarlo bien y a que la gente lo pase bien”, menciona Alberto. Una necesidad de desconexión que sin duda surge de la crisis sanitaria: “Estamos todos pasando un momento súper chungo y la gente quiere estar bien, recordar cuando vas a las fiestas de un pueblo y estás ahí con tu calimocho, bailando y pasándotelo bien, con las orquestas tocando hit tras hit”, cuenta Maeso. Ciertamente, la imagen de las verbenas veraniegas asoma inmediatamente al escuchar cortes como ‘Soy Como Soy’, original del cubano Rubén González: “Queremos ser una especie de orquesta de ciudad”, añade con entusiasmo Costa. ‘La Sonrisa de Mis Amigos’ transporta a una sobremesa interminable donde abundan el licor café y las risas, mientras que en ‘Ensoñación’, en la onda del bolero, casi se puede oler el mar: “Grabamos el sonido de las olas y también se escucha a los perros de Miguel, Golfo y León”, cuenta Juan.

Referencias clásicas como The Band o The Beatles están presentes en ‘Vámonos de Aquí’. Sobre el grupo liderado por Levon Helm, Zelada menciona: “Eran músicos que con pocos elementos y, aunque no tocaran perfectamente, hacían grandes cosas”. Lo que le lleva a enzarzarse en un divertido pique con sus compañeros: “¿Cómo que no tocaba bien? Es mi batería favorito”, responde Costa; “Dicen que El Último Vals se regrabó muchas veces”, añade Alberto; “No eran perfectos, pero tenían magia”, sentencia Maeso.

Melómanos inquietos, no pierden la pista a la actualidad musical: “Hay gente saliendo con mucho talento, gente joven, grupos de hip-hop o de trap, y también, y esto hay que señalarlo, mujeres como María José Llergo, Silvia Pérez Cruz o Rita Payès que cantan y tocan a un nivel muy alto”, comenta Julián. “Yo mencionaría a Marcelinho da Lua, los brasileños siempre van por delante”, recomienda Adrián.  Los cuatro camaradas, que ofrecerán un concierto el próximo 19 de mayo en el Gran Teatro Bankia Príncipe Pío de Madrid, lanzan una advertencia: “En directo va a gustar mucho más”.

Envueltos en ese alegre caos, Julián pide otro vino mientras Alberto y Juan apuran su copa de cerveza y Adrián emula a Stevie Wonder cantando en castellano. “Todos tenemos muchos defectos, pero nos ponemos a tocar y es como qué guay, se olvida todo”, concluye Alberto Anaut. Combo Paradiso, una orquesta de ciudad para celebrar la música y la amistad, para devolver la alegría.