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Doctor Explosion: eterna pasión de juventud

Tras once años de silencio, Doctor Explosion regresa con Superioridad Moral

 

MARÍA CANET

Un chaval de 25 años y un preadolescente de 11 funden cacerolas para hacer soldaditos de plomo en el Gijón de principios de los ochenta. Poco después, el primero será conocido como Jorge Ilegal; el segundo, se convertirá en Jorge Explosión. En la cocina de la madre del líder de Ilegales se fraguó una amistad soldada por la música, que “llegó más tarde. Cuando tenía 13-14 años Ilegales sacaron el primer disco”, recalca el alma máter de Doctor Explosion, Jorge Muñoz-Cobo (Gijón, 1969).  Aquel niño que creció entre música clásica y discos de Sergio Mendes & Brasil’ 66, puede presumir de haber cumplido su sueño: tener una banda de rock and roll. “Era lo único que nos importaba. En eso pusimos todo nuestro empeño”. Tres décadas más tarde, ese afán de juventud se antoja intacto al escuchar Superioridad Moral (Slovenly Recordings, 2022), el nuevo trabajo de uno de los referentes del garage punk patrio.

El elepé pone fin a once años de silencio discográfico, tiempo en el que, afirma, “ha pasado de todo: muchos viajes a Estados Unidos; me puse a tocar con The Ripe, monté un estudio en Austin, tuve una inmersión muy profunda en Latinoamérica mientras giraba allí y eso me voló la cabeza”, explica. Cruzar el charco le permitió recuperar el entusiasmo por su proyecto musical: “los miembros de mi grupo muchas veces no me daban prioridad y tenía que ensayar a trompicones con otro batería o bajista. Eso hizo que me desencantara un poco”. Empaparse de la escena psicodélica de Austin —“inmensa y muy joven”— al trabajar junto a Jake García (The Black Angels) en The Ripe —”vino a grabar a Gijón y acabé girando con ellos por Estados Unidos. Grabamos un segundo disco que aún no se ha lanzado”—, ha contribuido a lograr una mayor variedad sonora. Aunque en el álbum imperen “el punk y el salvajismo, sin ese maquillaje que se le da a la música en el estudio”, cortes como ‘Mi Lista de Cosas que hacer’ o ‘Vestir de Mujer’, tema que nació con “los Shakers en la cabeza”, conducen el álbum hacia el pop psicodélico, sin abandonar la provocación en la lírica: “el rock y el garage, son mundos muy machistas. He llegado a tocar en un festival heavy, vestido muy británico, y me han llamado de todo. Que alguien como yo pueda resultar extraño en un contexto de rock me resulta gracioso”, confiesa.

Temas como ‘Acidez’, ‘Insatisfacción’ o ‘Grises’ mantienen la esencia cruda y descarnada del garage —“el género por excelencia de los inadaptados”—, mientras que con ‘Paleto’, confirma su aproximación a otros estilos, en este caso, el country. La letra, una adaptación en castellano, “bajo nuestro espectro cultural,  de una composición de Lee Hazlewood para Sanford Clark, pretende elaborar una a “deconstrucción de qué es ser un paleto; todos somos ignorantes de algo que nos hace ser un paleto para otros”. La complejidad de las relaciones humanas, casi patológica, sale a relucir en ‘Apego Evitativo’, inspirada en esas personas que “escapan de lo que quieren. Hace unos años tuve una novia que me duró pocos meses. Empezó como una cosa muy fogosa pero acabó de manera muy abrupta. Al año me comentó que un psicólogo le había dicho que tenía apego evitativo”.

A la variedad estilística se suma un sonido más limpio a cargo de Frank Arkwright (Joy Division, Oasis) en quién delegó la masterización para “poner en práctica lo que he aprendido en los últimos 10 años produciendo discos. Necesitaba un punto de vista externo que me dijera si había hecho las cosas bien”. Grabado y producido por el propio Jorge en Estudios Circo Perrotti, la masterización se realizó en los míticos estudios  Abbey Road, a los que Jorge acudió en persona: “Fue brutal, una emoción increíble. En la máquina de café coincidí con Lester Smith, jefe de mantenimiento del estudio; yo había grabado con Liam Watson, que era amigo suyo, y me enseñó todos los recovecos, el grabador  del Sgt Pepper’s…”. Superioridad Moral esconde un vínculo más con los de Liverpool. Sean, hijo de John Lennon y Yoko Ono, ayudó a Jorge en la composición de ‘Mi Lista de Cosas Que Hacer’: “nos hicimos amigos gracias a Florencia Zavala, de Golden Animals. Vino a Gijón y me dio claves respeto a la estructura del tema y le dio un rollo más Kinks; yo la tenía más Troggs. Tengo muy buenos recuerdos de esos días”.

“No te adaptas ni en lo que se supone que encajas: el garage está lleno de clichés, siempre estás en busca de algo, igual sólo lo alcanzas durante un determinado periodo de tu vida que luego se desvanece”

Sin embargo, Explosión huye de la mitomanía. De la “gente que dramatiza con la muerte de estrellas del rock” se burla en ‘El Día que David Bowie Murió’, un atípico homenaje a Bowie hecho “desde el cariño y el respeto”, pero sin admiración:  “nunca me ha generado interés musicalmente hablando. Simplemente, iba a la caza de una canción y su muerte se cruzó en mi camino”. Una ambigüedad siempre latente en sus composiciones — “no me gusta que los posicionamientos sean muy obvios; restan interés literario a la canción”— que también late en ‘La Polilla’, donde analiza, tanto con ironía como con crudeza, la vida lejos de las grandes metrópolis: “existe la idea de que si te quedas en una ciudad de provincias te apolillas, no pasa nada en tu vida”. Un tema con el que también ha querido hacer una defensa de la música en español y del folclore asturiano: “Hace poco descubrí que mi tatarabuelo está considerado el Stradivarius de la gaita asturiana, quise romper una lanza a favor de mi raíz”. El nuevo disco es, además, el primero que compone íntegramente en castellano: “aunque musicalmente vengamos de la tradición anglosajona, ahora estoy en contra de cantar en inglés”, reconoce.

Eternamente fuera de lugar, —“no te adaptas ni en lo que se supone que encajas: el garage está lleno de clichés, siempre estás en busca de algo, igual sólo lo alcanzas durante un determinado periodo de tu vida que luego se desvanece”— con cierta nostalgia reconoce haber encontrado lo más parecido a un refugio en Austin: “quiero volver pronto y espero que mis amigos sigan ahí”. A pesar de la experiencia, la sorpresa enciende aún a día de hoy la mirada del músico asturiano: “el hecho de que una aguja entre por un surco y sea capaz de hacer sonar música me sigue pareciendo ciencia ficción”, dice con la mirada encendida. La ilusión intacta de aquel niño que jugaba con soldaditos de plomo.