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Eva Ryjlen, flores en el infierno

La artista publicaba a principios de abril Onírica, su segundo LP en solitario

 

MARÍA F. CANET

Hace un año, Eva Ryjlen (Guadalajara, 1979) se vio sumida en una crisis existencial provocada por la pandemia: “Me encontraba perdida”, admite sin reparos. Aquellos días de bloqueo, los discos de R.E.M y los cuentos de Cortázar fueron su particular terapia. Al leer Instrucciones para dar cuerda a un reloj, se topó con la frase “Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido”.  Aquello resumía cómo se sentía: “Estaba pasando por una situación complicada y a la vez estaba rodeada de belleza que no era capaz de apreciar”. Hoy, ese ‘Pequeño Infierno Florido’ es uno de los 12 temas incluidos en Onírica (SideralMusic, 2021), el segundo trabajo en solitario de la que fuera mitad de Idealipsticks, dúo de garage-rock vigente entre 2009 y 2015.

Sin apenas tiempo de desayunar en esta intensa mañana de promoción, Eva reconoce que, durante aquellos meses en pausa, tuvo, por primera vez, tiempo para mirarse por dentro y “limpiar, vaciar todo eso que llevamos en la mochila”. Grabado en los estudios Gismos 7 de Motril (Granada), con Jave Ryjlen y Paul Grau a la producción, el álbum se distancia de su predecesor, Violencia Posmoderna (Desvelo, 2018) con un sonido que no abandona el rock oscuro que la caracteriza, pero se aproxima a otros terrenos como la electrónica mediante la fuerte presencia de sintetizadores. Un disco mucho más ecléctico para lograr expresar que “no somos la misma persona todo el tiempo, pasamos por diferentes estados de ánimo. Tenemos sentimientos y eso nos transforma”. En efecto, en Onírica, el pop barroco de ‘Arquitecturas Extrañas’ —con un clavicordio que recuerda al ‘In My Life’ de los Beatles— convive con melodías etéreas como la de ‘Gotas de Luna Llena’ o el garage psicodélico de ‘Santuario’: “He pasado la mayor parte de mi vida haciendo garage y al final la cabra tira al monte”, se sincera.

Si bien la artista ha innovado en lo musical, con este segundo elepé afirma haber encontrado “el hueco que ocupa mi voz”, algo que empezó a buscar hacer tres años cuando se arrancó a componer en castellano. Acostumbrada a cantar en inglés, Ryjlen abrazó el idioma tras asistir a un seminario de consciencia corporal con la también música Ana Laan, cuando estaba inmersa en la concepción de Violencia Posmoderna: “Me pidió que le cantara algo en mi lengua materna y no fui capaz. Me dije: “¿cómo no voy a poder hacerlo?”. Todo un reto que supuso “aprender a escribir de nuevo. El castellano es un idioma mucho más rico, puedes expresar más cosas, pero las frases se hacen mucho más largas; en inglés si no te cuadra una frase acabas con un ‘oh’ al final y ahí lo tienes”, comenta entre risas.

Cuenta que concibió el álbum como un trabajo conceptual, con “inicio, nudo y desenlace”. Los temas seleccionados forman “un puzle” por su temática reflexiva, en ocasiones existencialista: “Me gusta dedicar mi tiempo a pensar, a romperme la cabeza con las cosas que no entiendo o que no tienen respuesta, las cosas del terreno emocional. De hecho, las dos primeras canciones que pensaba grabar se quedaron fuera porque no encajaban”. Emoción y razón conviven en el universo de la artista, que en ‘Caminar’, composición que abre el disco, se presenta, según su letra, “con el corazón en la mano y en los dientes el cuchillo”: “Siempre me dicen que soy muy emocional, pero no sé ser de otra manera y tampoco quiero serlo”. A pesar de escribir “desde los rotos que tenía dentro”, subraya el optimismo que desprende su obra: “Soy de la opinión de que las caídas favorecen el aprendizaje. De las heridas pueden salir grandes cosas”. Algo que refleja bien ‘Bailas’, con un sugerente slide harrisoniano, que compuso tras haber tocado fondo: “Sólo nos queda subir para arriba, y creo que la energía que debemos de tener es que vamos a salir de esto o de cualquier movida en la que estés metido”.

Tanto en su forma de escribir como en la de cantar, Eva Ryjlen se mueve por la fina línea que separa lo tierno de lo salvaje; lo carnal de lo puro. Entre risas explica que ‘Criatura Salvaje’ es un intento fallido de nana dedicada a su hija, de 5 años: “La primera versión fue a piano y voz, pero no me cuadraba porque ella es pura energía y destellos de luz por todas partes”. Temas como ‘Quiero’ reflejan ese crecimiento personal, al iniciarse con tímidos teclados y culminar con un apoteósico coro al estilo gospel: “La idea era ir desde lo más pequeño a lo más grande. Lograr esa apertura interior y acabar cantando a pleno pulmón”. Sin miedo a exponerse, en ‘Tormenta de Arena’, se presenta como una mujer sin términos medios —“o estoy eufórica o estoy abajo”—, mientras en la oscura ‘Kamikaze’ (con ese potente tándem teclados/batería), lanza una feroz crítica a la superficialidad que impera en la sociedad actual: “contracultura cosmética/ lleva la duda como estandarte/ no luches más contra la carne”. Lo hace desde un lugar “tranquilo y relajado, que creo que muchas veces tiene más fuerza. Es una de las letras que más me gusta, le di muchas vueltas musicales para que la música transmitiera eso”, narra con orgullo.

Reivindicativa, tampoco tiene reparos en abordar temas que aún son tabú, como el deseo sexual femenino en la magnética ‘Shangri-La’ o ‘La Fiera’, a caballo entre los Rolling Stones de los 70’s y el cabaret: “Hay como una norma no escrita en la que se suele pensar que las mujeres no sentimos deseo, no nos gusta disfrutar de nuestra sexualidad y sólo pensamos en el príncipe azul”, señala mientras se le escapa una sonrisa burlona. Con respecto a la situación de las mujeres en la industria musical, insiste en que “nunca he tenido queja alguna con respecto a los compañeros; siempre he sido una más. Sin embargo, es cierto que en festivales seguimos siendo minoría. Se ha mejorado, pero queda mucho por hacer. Hace unos años se hablaba de “grupo de tías”, como si fuera un género musical aparte. Incluso, a veces, me han preguntado que por qué llevo mujeres en mi banda. No hay más que verlas tocar, están porque son las mejores músicas que conozco, como los hombres que también están. Hay mucha gente a la que concienciar aún”.

Los ojos de Eva se llenan de emoción al mencionar la presentación en directo de Onírica. La música volverá a subirse a un escenario el próximo 21 de mayo en la sala El Sol, acompañada por su banda (Laura Solla, Ruth Pinel, Carlos Pinto y Rodri García) y con la colaboración de Lete G. Moreno, Álex Izquierdo y con Jave de Idealipsticks, así como de 3 coristas: “Estamos preparando un show muy bonito para que no pierda una pizca de intensidad”. Ahora sí, Eva Ryjlen es capaz de ver las flores crecer en el infierno.