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María Yfeu

María Yfeu, incansable exploradora del sonido

Santo Amaro, su álbum debut, es una apuesta por la renovación del jazz con la mezcla de estilos como motor

 

MARÍA CANET

El oído de María Yfeu (Sevilla, 1998) parece estar programado para la búsqueda, el descubrimiento. Al repasar sus últimas escuchas en Spotify, destacan lo nuevo de Rosalía —“me flipan los sonidos que está introduciendo”— James Blake, Yo La Tengo o Sonic Youth. Una ausencia de prejuicios que es el resultado de su crianza musical: tan pronto escuchaba a Silvio Rodríguez, Aute o música brasileña en casa de sus padres, como flamenco —“sobre todo fandango”— en la de sus abuelos o indie y rock and roll gracias a su hermana.  Esa variopinta explosión de sonidos se refleja ahora en las nueve canciones que conforman Santo Amaro (Universal Music, 2022), su primer larga duración. Un disco que toma el jazz como kilómetro 0 para serpentear por multitud de géneros: bossa nova, psicodelia, soul o rock progresivo.

Como su compañera, María de la Flor, la sevillana ha sabido moldear los clásicos a su manera; ambas forman parte de una joven escena que aborda los estándares desde una perspectiva contemporánea. La irrupción de Shakira con Fijación Oral (Epic Records, 2005) marcó un punto de inflexión en su vida: “me di cuenta de que podía hacer mis canciones sin necesidad de ser una cantautora tipo Silvio o Aute”, explica. Sus prematuras composiciones cuando aún cursaba primaria — “canciones a lo Avril Lavigne” comenta entre risas—,  cobraron mayor seriedad en la adolescencia, al descubrir a Amy Winehouse: “gracias a ella descubrí a Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan y a partir de ahí ya me abrí al jazz, que es un universo gigante”. Tras cursar dos años de Derecho, María decidió cambiar las leyes por las notas; en la actualidad compagina su carrera artística con el final de sus estudios de jazz en la Escuela de Música Creativa de Madrid, en pleno corazón de Malasaña: “me gusta mucho el ambiente de estudio, ir a un sitio y que haya gente tocando. El jazz además va de eso, no puedes ir a clase y decir “ya sé jazz”; hay que tocar con personas”, insiste. 

El mayor reto que ha asumido, subraya, ha sido hacer un disco con el que la gente “se parara a escuchar”.  El factor humano es clave para que Santo Amaro ofrezca dos caras diferentes. Por un lado, la perfección técnica fruto de la constancia, la reflexión, que reflejan cortes como  ‘It Can’t Be Any Other’, solemne composición que abre el álbum y que es una conversación consigo misma: “habla de mirarte al espejo, analizarte, sacarte adelante. También quería que transmitiera esa rabia de cuando estás enfadada. Nadie más que tú puede ponerte las pilas”, sentencia. por otro, la magia que ofrece la improvisación, la conexión entre músicos tocando en directo que se palpa en ‘No dia que eu vim-me embora’, una versión de Caetano Veloso que sirve como huella de lo que ha sido la vida de la artista en los últimos cuatro años: “durante el confinamiento tenía la sensación de que había que agarrarse a las cosas que uno quería y la tropicalia es la música que creo que más tengo en la cabeza desde entonces”, cuenta con entusiasmo. Si la versión refleja su actual etapa vital, las ocho composiciones de Yfeu captan periodos diferentes de su vida, “desde la adolescencia”, señala, como ocurre con ‘Lust & Love’, que en la onda del ‘Harvest Moon’ de Neil Young aborda los primeros amores adolescentes: “es una de las primeras canciones que hice enteras”. Su mudanza a Madrid hace cinco años, cobra protagonismo en ‘Thrill’, corte que aborta la división entre la “necesidad de identidad; a uno le tira mucho su tierra, y aunque sea el mismo país no es lo mismo”, y su rutina en la capital: “no me costó adaptarme, estoy encantada, pero me salto el proceso: voy para adelante y hay un momento en que me paro, miro hacia atrás, y digo ¡guau!”, exclama. El tema, además, incluye un guiño a los Specials: “en mis últimos años en Sevilla escuché mucho post punk, punk, ska, rock steady y quise hacer esa referencia”. Entre esa mezcolanza de estilos y de vivencias, Julio Martín, teclista y productor del álbum, ha sido una figura clave para lograr que el disco goce de un mismo hilo estético y “que esas canciones puedan sonar una detrás de otra”, cuenta la artista. 

El hecho de que la grabación se desarrollara en tres estudios diferentes (Matilda, Fania Estudios y la casa del propio Julio) y en periodos distintos “—empezamos a grabar en febrero en 2020. Paramos con el confinamiento y hasta junio no retomamos los ensayos y al pasar tanto tiempo, muchas de nuestras perspectivas cambiaron”— acentúa su eclecticismo. Si ‘Loyalty’ es un claro ejercicio de estándar de jazz, ‘Evil’, bebe de la Amy Winehouse de Frank y del hip hop. La intérprete ha querido reflejar lo “complejas que somos las personas” gracias a la variedad estilística pero también al cantar en tres idiomas. Si el inglés le permite “atreverme a chulear”, confirma con una sonrisa pícara, Yfeu escoge el castellano en contextos “más reflexivos o críticos”, para mostrar sin reparos su vulnerabilidad, como reflejan ‘A Media Luz’, con un solo de guitarra y los vientos como protagonistas, o ‘Me Vio Llorar’. Aunque reconoce que le resulta complicado adaptar la sonoridad del jazz al castellano, le apetecía abordar el “monstruo lingüístico” que es el inglés:  “al final en la música, el cine, te meten el inglés en todos lados y acabas por tener un imaginario de palabras en inglés, pero, para los que no es nuestra lengua, lo hablamos pero la entendemos de una forma que no es”, señala. El portugués, por su parte, espera “explorarlo mucho más porque me flipa”. 

María Yfeu sigue su camino con los pies en el presente y sin perder de vista el pasado. Con los oídos bien abiertos y la cabeza en constante movimiento; una incansable exploradora del sonido que de momento sólo ha encontrado tesoros en forma de canción.