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Medalla, el eclecticismo como bandera musical

La formación catalana publicaba hace unos meses Arista Rota, su último trabajo

 

ALBERT JANÉS

“En la música, valen más 100 personas que estén dispuestas a apoyar tu proyecto, que 100.000 a quién se la sudes”, sentencia Eric Sueiro sobre el mundo de las plataformas de streaming, de los likes y de la música fast-food. En el barrio barcelonés del Raval, en el corazón de la ciudad Condal, Eric desgrana las entrañas de su banda, Medalla. Nacida en 2017 y tras varios cambios de line-up, la formación está actualmente compuesta por Sueiro (voz, guitarra, sintetizadores, piano y coros), Marc López (batería, coros, percusiones), Joan Morera (guitarra, coros) y Josep Peris (bajo, trompeta).

Medalla debutó con el elepé Emblema y Poder (El Segell, 2017), un disco que, tal y como ellos definen, aspira a ocupar un espacio imaginario que se encuentra entre Judas Priest y El Columpio Asesino: Queríamos hacer algo bastante guitarrero, que tuviera  influencias del heavy, las típicas guitarras armonizadas, la epicidad. A la vez, en el Columpio Asesino encontramos una inspiración muy fuerte en las letras. Fue el primer grupo que me abrió los ojos para escribir en castellano, en cuanto a cómo utilizar el lenguaje”, explica Eric. Sobre el uso del castellano como  herramienta para conectar más con la gente, apunta: “Era una inquietud que tenía, cuando iba a un concierto que cantaban en castellano, y todo el mundo cantaba las letras, pensaba: “yo también quiero eso”, y no por egoísmo de “quiero que la gente cante mis letras”, sino por el momento de comunidad y sentimiento de todo el mundo cantando a la vez”.

“Las letras son esenciales en Medalla. Cada verso pesa”.

En su segundo disco, Medalla (El Segell, 2019), abrieron el horizonte musical hacia sonidos más pop, aunque manteniendo ese toque de hard rock/heavy metal: “Salió bastante espontáneamente. El primer disco lo grabamos después de 6 meses tocando juntos, en el segundo llevábamos ya 2 años, y entonces se crean dinámicas nuevas. Lo hicimos ya entre todo el grupo, y es fruto de eso. Ese disco me parece bastante loco. Si escuchas a grupos de la escena indie actual, suena muy diferente”. Arista Rota (Limbo Star, 2021), publicado el pasado mes de octubre, es una demostración de su enorme eclecticismo musical, mostrando una paleta de estilos perfectamente conjuntados, donde las melodías más pop se entrelazan con la fuerza del rock, y dentro de este tamiz se cuelan canciones de bossa nova (‘Altares’), o de pop barroco (‘Verde Esmeralda’): ”Es un disco con bastante fuerza y, sobre todo, quién lo escuche no se va a aburrir, porque cada canción es diferente. Creo que es algo que hacemos en todos los discos, no hay una canción que sea igual que otra”, explica Eric.

Aunque el mosaico estilístico empleado por la banda a lo largo de su trayectoria pueda parecer abrumador, hay una coherencia interna que Sueiro se encarga de aclarar: “No somos un grupo de rock, y en este sentido, Arista Rota tiene coherencia con todo lo que hemos ido haciendo. Hay una línea bastante pop a nivel melódico (no pop tipo 40 Principales). Aunque hagas una bossa nova, una balada psicodélica como ‘Rey Emérito’, o ‘Dos Espadas’, que está entre el flamenco y el heavy metal, siempre hay ese mínimo común múltiplo: el pop”.

Igual que la música, la vertiente lírica tiene una gran importancia en las composiciones del grupo: “Las letras son esenciales en Medalla. Cada verso pesa, cada cosa que digas debe tener relevancia en la narración que estás creando, si no, se difumina. No me gustan las letras vagas. Los títulos de medalla son todos conceptuales. Frases lapidarias”, comenta. En cuanto a la evolución lírica a lo largo de los 3 discos, señala que “al principio, cuesta encontrar lo que quieres decir y cómo.  Cuesta mucho abrir tus sentimientos y emociones. En el segundo disco ya lo empezamos a hacer, y también empezamos a incorporar la crítica en las letras. En Arista Rota, hemos hecho una mezcla entre todo: crítica personal, política y social, y a la vez, poder hablar de sentimientos sin tapujos”.

La banda ya ha dado un par de conciertos en salas de Madrid y Barcelona: “Lo que mola de las salas, es que la peña ha comprado entradas para verte a ti, y ello conlleva un grado de responsabilidad”.  Un circuito que, en palabras de Eric, hay que cuidar y que prefieren a los festivales: “Si tocas a una hora que esté bien, el festi está genial. Pero si tocas a las siete, cobras 400 euros y no te dan de alta en la Seguridad Social, ya es otra cosa. Los festivales son un arma de doble filo”.

Lejos de las fórmulas estereotipadas que se usan a menudo en el panorama indie nacional, de grupos del estilo “Coldplay a la española”, como comenta Sueiro, Medalla ofrecen un compendio musical ecléctico de tremenda calidad en el que cualquier aficionado a la música honesta y apasionada encontrará un refugio en el que disfrutar, ya sea en soledad, o en la comunión extática de una actuación en directo.