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Rubén Pozo: “la vida es una película en la que no hay toma dos”

El músico acaba de presentar su cuarto disco en solitario

 

 IVÁN GONZÁLEZ / MARÍA CANET

Los primeros rayos de Sol se cuelan por las rendijas de una persiana aún desplegada. La luz empieza a colarse en la estancia tímidamente, pero sin detenerse. Aún no molesta, pero ya permite que las formas se atisben sin ambigüedad. Es la hora en la que las criaturas nocturnas han de retirarse. Sin embargo, hay una que ya ha perdido el miedo a exponerse. Rubén Pozo (Barcelona, 1975) ha encontrado en la noche su refugio. Un lugar que le ha proporcionado la seguridad necesaria para  asomarse al precipicio de los miedos, las inseguridades, ese lado menos amable con el que se batalla en soledad. Pero, en ese silencio,  también parece haber encontrado la calma, el perdón, un abrazo amigo. Vampiro (Sony Music, 2022), su cuarto trabajo de estudio en solitario, es un elepé de esencia acústica, como el crujir de la madera que dispara las pulsaciones en una noche solitaria. Diez canciones que sirven al artista para purgarse y reconciliarse consigo mismo y con el resto; la sociedad tampoco escapa a su análisis, afilado como los colmillos de Nosferatu. Una exposición sincera a esa claridad que tanto asusta. Las marcas de la incisión no desaparecen, pero sí cicatrizan. Pozo ha aprendido a soltar el látigo. De este nuevo álbum, de los discos y artistas que le marcaron o su afición por el cine y la literatura hablamos en un nuevo ‘No He Venido A Hablar de mi Disco’

 

F.R: Rebobinemos hacia el instante en el que empezó todo ¿cuáles son tus primeros recuerdos musicales? 

R.P: Mi padre era melómano y en mi casa había una colección grande de vinilos. Recuerdo que con 11 años, estaba en la piscina comunal de mi barrio y mi padre se había dejado el walkman. Le di al play y sonó una canción que me encantó, muy bonita pero muy sucia; no sonaba como lo que oía por la radio. Era ‘Wild Horses’ de los Rolling Stones, del Sticky Fingers (1971). Empecé a escuchar ese disco y me volví loco por las guitarras. Luego pasé a Led Zeppelin a los Beatles y a todo eso. Luego en el instituto descubrí grupos españoles: Barricada, Rosendo, Extremoduro, Burning, Sabina… Pero empecé por lo anglosajón. Lo que si me aportó el castellano era que entendía las letras, me gustaba más la música de los ingleses, pero no entendía nada; con los españoles me gustaba el poder entender todo.

Esos artistas de los que hablas te hicieron coger una guitarra y hasta hoy, momento en el que acabas de cumplir diez años de carrera en solitario. ¿Qué recuerdos tienes de tus etapas anteriores, cuando formabas parte de una banda?

Las relaciones son difíciles y las bandas son como matrimonios. Las cosas que te parecen encantadoras al principio son las que te machacan al final. Los Rolling Stones viajan con psicólogos. Yo he tenido mucha suerte, Buenas Noches Rose fueron los colegas de instituto: meterte en una furgoneta con tus amigos para ir a tocar, imagínate. Luego Pereza con Tuli y Leiva, más majos que las pesetas y con un talento de la ostia y, encima, la cosa empezó a funcionar, porque con Buenas Noches Rose fue más a nivel underground. Hace un par de años me llama Lichis, que es un compositor de la ostia para hacer algo juntos… No puedo quejarme de nada.

 ¿En qué momento te encuentras? 

Ahora me encuentro de puta madre, he tenido momentos de estar más nervioso, pero ahora estoy muy contento. Me va suficientemente bien lo mío como para seguir haciéndolo, vendo mis tickets, vivo de esto… Tengo mucha suerte. He hecho el disco que quería hacer. De mi carrera en solitario, mi favorito es este. Quería que fuera totalmente acústico, pero no lo he conseguido; ahora lo agradezco, si no habría sido algo árido. No he querido hacer un disco muy largo; no quería un ladrillo de 17 canciones. Mi guía para hacer este disco ha sido “si me estoy poniendo nervioso, no es el camino”.  Creo que es el disco en el que mejor he cantado y el que menos trabajo me ha dado compositivamente y al grabarlo también, no he hecho muchas tomas.

¿Has descartado alguna canción?

Si hay dos que se han quedado fuera, algo haré con ellas. Mira, no tiene nada que ver, pero hemos hablado de Sticky Fingers, y ese disco que me flipó, son diez canciones. No creo que esté en el momento de hacer algo largo. Eres Bob Dylan, te saca un bootleg y te escuchas las dos horas, pero yo no soy Bob Dylan, no atentes a la paciencia del oyente.

Esa tranquilidad de la que hablas se refleja en el sonido del disco, pero también en las letras, como ocurre con  ‘Gente’: “me he cansado del lado oscuro”. Ofrece una sensación de serenidad y de estar a gusto contigo mismo ¿no?

Yo me flagelo mucho, pero ‘Gente’ es un poco “deja el látigo, tío”. Todos tenemos cosas que hubiéramos hecho de otra manera. No eres un criminal, no has matado a nadie ni has hecho nada irremediable. Lo mismo has herido a gente, te han herido a ti… Supongo que todos queremos hacerlo lo mejor posible, pero a veces patinamos. La vida es una película en la que no hay toma dos. Es toma uno y para adelante. Quería empezar el disco así, de buen rollo y de tranqui, de mañana, de luz, de “acéptate, está todo bien”. Termina más melancólico y de noche, con ‘Vampiro’; el día se va complicando (risas).

“Mi guía para hacer este disco ha sido: si me estoy poniendo nervioso, no es el camino”

Hay canciones más íntimas como ‘Vampiro’, ‘Escorzo’ o ‘Tras La Tormenta’, con letras en las que te perdonas, pero también te machacas. En otras como ‘Abel y Caín’, haces un retrato de la sociedad. Vas de lo individual a lo colectivo.

Es que tenemos un gen…Veo así la humanidad, siempre parece que hay dos bandos: norte contra sur, el rico contra el pobre, Real Madrid y Barça; dentro de los mismos equipos hay también ostias: en lo partidos políticos, en nuestro grupo de amigos… Joder, estaba en la Biblia, Abel y Caín eran hermanos y uno mató al otro. Celos, envidias… Un día te levantas cruzado y la vida es una tragedia de Shakespeare, pero ya desde el principio: en el teatro grecolatino o la mitología… Todo son traiciones, deslealtades, incestos… Yo tengo una visión positiva de la vida humana, pero no sé si el lado oscuro es más grande que el otro. El lado positivo hay que forzarlo, de forma natural es todo tragedia griega.

Normalmente se tiende a hablar de personas que han formado parte de nuestra vida desde la nostalgia, pero tú, en ‘Ya No Eres Mi Problema’ lo enfocas como una liberación, que también es necesario de vez en cuando.

A veces sufres a un tóxico y a veces el tóxico eres tú sin querer. En un revés raro puedes ser incluso el psicópata (risas).

Se ve en letras como la de ‘Me Pareces Increíble’ (“qué idiota soy, cuánto me odio”) o  ‘Vampiro’  (“proyectar en el de al lado fracasos, carencias, miedos, yo también lo hago”)

Me meto caña porque siempre hago igual, lo veía venir pero me quedé.

¿No eres de los que se guía por la intuición?

No, yo aguanto mucho. Me cuesta traspasar la barrera de la confianza, pero cuando la pillo, es fácil darme… Estoy en la fase de la lealtad, que es algo muy importante para mí, y la lucho, pero hay momentos en los que no puedo más. Yo también puedo ser el malo, sin querer, por defensa o lo que sea. En la vida hay mucha tragedia: mentiras, deslealtades, deshonor, difamación, hablar mal de no sé quién cuando no está…

En ‘Siempre Saludaba’ hay una de cal (“a veces tengo miedo de mí mismo”) y otra de arena (“echa unas gotas de tu hechizo, haz tu magia, amor y dale ritmo“). ¿Todo se puede reconducir? 

Esa habla de “eh, tú también puedes ser un capullo”, pero la redención llega con la coda final que me encanta. A través del amor y del cariño te puedes curar de tu parte psycho (risas).

 

Hablemos de cine, ¿eres muy cinéfilo?

No soy cinéfilo del cine danés subtitulado, si me gusta la película bien, pero el cine mainstream también me gusta, aunque no conecto mucho con el mundo Marvel. Me gusta Spiderman, pero Batman es como una cosa muy oscura y muy seria con la que no conecto mucho, creo que estoy mayor (risas).

 ¿Qué películas, actores o directores dirías que son tus imprescindibles?

Me gusta tanto Billy Wilder como Spielberg, pero también me encantan Top Secret y Aterriza Como Puedas. Me gusta lo que me gusta, que me haga pensar, reír o soñar. Una peli que te haga decir: ¡ostia, que se pare el tiempo!

Como en la música, se percibe una querencia por lo anglosajón. 

A mi me ha educado Estados Unidos, Spielberg con E.T. Yo quería vivir ahí, tener una bici y llegar al cole y dejarla ahí y ni atarla ni nada, tener una casa y no un piso,  muchas Nike…

¿Eres de series?

He visto Breaking Bad, Better Call Saul me encantó. De Los Soprano vi dos temporadas y, por lo que sea, he abandonado, pero la retomaré. Succesion, House of Cards… Las veo cuando alguien me dice que alguna está de puta madre.

En la pandemia, por ejemplo, ¿viste más que de costumbre?

Estuve con mi hijo y con mi chica en casa. A mi hijo le gustan mucho las de terror, e hicimos un trato: vemos una de terror y la siguiente la elijo. Eso y tocando la guitarra.

 

“Guitarra y voz, o voz y piano. Creo que todo está ahí”

 

¿Empezaste a componer el disco durante el confinamiento?

Sí, son canciones de, más o menos, los dos últimos años. Siempre he tardado muchísimo en hacer una canción, siempre le he dado muchísimas vueltas, pero, en esta ocasión, me salían rápido; son como 10 vomitonas.

Habitualmente, ¿compones con una idea en mente? ¿primero la letra y luego la música? ¿tienes algún método?

Con este álbum me ha salido todo a la vez. En el caso de ‘Abel y Caín’, por ejemplo, en una hora lo tenía todo. Si veía que las seguía tocando al cabo de los días, se quedaban.

Luego ya las vestías en el estudio con José Nortes…

José tampoco me hace hacer muchas tomas. Él sabe que, si a mí no me sale a la segunda o a la tercera, es que hay algo que no funciona. Ha sido mi apuesta con este disco y he llegado a una conclusión: creo que, en el arte, no por ponerle más horas obtienes algo mejor. Hay que saber cuándo dejarlo. Al principio quería un disco acústico, pero al final si la canción pedía una guitarra eléctrica pues la tenía que meter…

La cabra tira al monte…

Claro. Le ha dado más vida que haya un hammond, una eléctrica, un sitar eléctrico…

¡Un sitar eléctrico!

José tiene una guitarra que suena como un sitar: tiene unas cuerdas en diagonal que suenan por simpatía, se llama así; no las tocas con a la púa, tienes tus 6 cuerdas y luego otras cruzadas, como unas 20 en total. Esas vibran según lo que estás tocando y todo eso le da un sonido tipo sitar.

Y la afinación, ¿es igual?

Sí, como una guitarra normal, no es un sitar como los de George Harrison o Ravi Shankar. Me gustó un montón.

Siempre has tenido un deje muy Harrisoniano en tu forma de tocar. Se ve, por ejemplo, en ‘Siempre Saludaba’.

La coda final de esa canción me encanta. Le decía a José, “tío, creo que no está a la altura lo que viene  antes  de esa parte” y él me dijo: “es que es necesaria para que luego entre ésta”.

La sonoridad de las guitarras, en general, es más cruda, tienen esa impronta fronteriza, polvorienta, un poco en la onda de artistas como J.J Cale, al que has versionado anteriormente. ¿Tu vínculo con la música de raíces norteamericana ha sido reciente o te viene de lejos?

No, de siempre. Me gusta un tío o una tía que no tiene que enchufar muchas cosas para tocar una canción y que me encante. No sé, creo que ahí esta todo: guitarra y voz, o piano y voz. Si no esta ahí, puedes vestir, arreglar, pero el corazón tiene que estar ya y tiene que ser fácil transmitirlo. De todas formas, espero no sonar muy americano (risas).

No, pero va más por esa onda que los anteriores, que eran trabajos mucho más eléctricos, más glam rock, con guiños a T. Rex o a Bowie.

También porque estoy tocando mucho a voz y guitarra. Cada vez estoy más con la española, es mi guitarra de sofá y siempre compongo con esa. Las eléctricas guapas las tengo más guardaditas.

Con banda o en solitario, ¿cómo te enfrentas a los directos? 

Cada noche es un mundo. Lo importante cuando vas a guitarra y voz es que no haya barullo. La gente del viernes sí que quiere jolgorio, y esos conciertos están guay con banda. Pero si no, prefiero que haya poca gente y que estén callados a que haya mucha y no escuchen. Hay noches que conectas así y es una pasada.

¿Cómo surgió la colaboración con Miguel Ríos?

Estábamos grabando ‘Abel y Caín’. Miguel llegó a Black Betty (los estudios de José Nortes) y como trabajan juntos me dijo “te voy a robar a José 15 minutos”. Me quedé pensando y dije, “joder igual esto es una señal”, y vi como un cartel de película de cine con Rubén Pozo y Migue Ríos como Abel y Caín. Después metí la voz y se la enseñamos a Miguel. Le gustó y la grabamos. Me decía Miguel “¡cómo empastamos en el estribillo!”, y joder, que me diga eso Miguel Ríos con mi forma de cantar… Siento que me ha bautizado un poco como cantante. Miguel ha sido todo disposición y, joder, lo siento: sigue siendo el mejor cantante de rock español y cada vez canta mejor.

Siempre te has rodeado de buenos amigos. En esta ocasión, la letra de ‘Mañana es Lunes’ nace de unos versos que te pasó Isma Romero, ¿cierto?

Isma es amigo. Unos meses antes de la pandemia me mandó un cacho de canción, un audio por whatsapp, nunca lo había hecho. Me dijo que me lo mandaba por si se me ocurría algo, apunté las frases en mi cuaderno, cambié de móvil, perdí los audios… Un día estaba trasteando con los acordes, abrí el cuaderno y vi que esas frases encajaban con la melodía que estaba haciendo. Creía que era algo mío, me había olvidado de lo de Isma, pero justo abrí el cuaderno por ahí. No me reconocía en esas frases, hasta que un día dije “¡ostia, es la canción de Isma!”. Se lo mandé y le pedí disculpas porque ni me acordaba. Es la primera canción con la que sentí que podía hacer algo. A partir de ese momento empezaron a salir las demás.

Hablando de letras de otros, en ‘Escorzo’ mencionas un plagio a Baudelaire…

Plagié dos versos en otro disco pero nadie se ha dado cuenta (risas). Me confieso.

¿Eres muy lector?

Me encanta leer, leo más libros que escucho discos.

¿Cuál ha sido el último que te ha enganchado?

Voy a terminar El guardián entre el centeno y Levantad carpinteros la viga del tejado y Seymour: una introducción, dos novelas cortas en una, ambas de J.D Salinger. Me leí Las cabezas de Rafa Pons, que me gustó mucho; habla  de lo que es tocar por bares a guitarra y voz. A mí me gusta descubrir cosas, pero hay días que necesito lo de siempre y digo “tío, el Led Zeppelin III o el Sticky Fingers”, quiero ir a terreno conocido. He leído que se suele hacer sobre todo cuando no eres teenager, es como un resorte para protegerte en estos tiempos en lo que todo es inabarcable porque no hay tiempo material. Voy a lo seguro y tengo 3 días en los que escucho a los Rolling Stones en bucle o Sabina o Aute…

¿Sigues escuchando música en formato físico?

Sí, como me veo ya en el rollo este viejuno, y que a veces tengo mi tarde Zeppelin, dije, “vale, vamos a hacerlo bien”. Tengo mogollón de vinilos, unos 400, me compré un plato guay, tuve que ampliar cable para los altavoces… Cuando tengo ese punto lo hago bien. Estoy pasando en hacer otra obra para tener el plato al lado del sofá y no tener que levantarme (risas).

¿Cuáles son tus joyas?

Mis joyas son las que le robé a mi padre. Mis padres se separaron cuando yo tenía 13 años y mi padre dejó casi todos los vinilos en la casa en la que vivíamos y es lo que me he llevado, no todos, pero muchos: los de los Rolling Stones, Led Zeppelin, Beatles… Con él fui a Discoplay o a Madrid Rock a comprarme mi primer disco, que fue uno de los Who. Acababa de ver la peli de Woodstock y lo había flipado con ellos. Mi padre me llevó a comprar discos y vi un vinilo que es una grabación pirata de un disco de la ópera rock Tommy, tocada entera en Ámsterdam de 1969. Me compré ese disco porque vi que venía la versión del ‘Summertime blues’ que tocaban en el concierto de Woodstock y dije este. En mercadillos he encontrado cosas muy chulas, un recopilatorio de rarezas de los Beatles que se llama Rarities, que me compré en el puerto de Barcelona; hay dos versiones en alemán de ‘I Want To Hold Your Hand’, ‘Rain’, ‘Hey Bulldog’, una versión alternativa de ‘Across The Universe’ con dos voces femeninas que resulta que eran dos fans que les esperaban en Abbey Road y que subieron a cantar.

¿Has visto el documental Get Back?

Claro, cuando termina la actuación, me emocioné; tú sabes que es la última y estaba ahí “¡no, no os vayáis!”. Y luego bajan y les veo la cara brillante de después de bolo, como a cualquiera ¡y son los Beatles! Pero son como cualquier otra banda. La verdad que cuando se van del tejado se me cayó una lagrimilla.

¿Qué andas escuchando ahora?

Estoy en bucle con los Faces, todos los conocemos, pero nunca me había detenido en ellos y ando escuchando todos sus discos ahora. Siempre me han parecido unos hermanos pequeños de los Rolling Stones, he entrado con Ooh La La (1973) y es un grupo que me hace feliz. También a Rod Stewart en solitario al margen de los éxitos.

Una vez escribiste en un post de Instagram que, cuando estabas de bajón, te decías “tienes el secreto, siempre lo tuviste”.

Eso fue porque me había salido algo guay la noche anterior, iba pensando en ello mientras me dirigía a coger un tren, y en vez de irme a Chamartín me fui a Atocha. Al final llegué a Chamartín sudando, pero cogí el tren y cuando me relajé pensé eso (risas). Eso me gusta para una canción, no lo había pensado (risas).