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Rufus T. Firefly: conocer el secreto de los patos

La banda de Aranjuez presenta El Largo Mañana el próximo 3 de febrero dentro de Inverfest

 

MARÍA CANET

En El guardián entre el centeno, Holden, su protagonista se pregunta a dónde irán los patos de Central Park en invierno. Los peces siguen ahí, pero ¿los patos? J. D Salinger retrató así la angustia que produce la incertidumbre en su célebre y maldita novela. Cualquiera ha necesitado una voz amiga que, en algún momento, le ayude a ver que los patos seguirán ahí mañana. Alguien que conozca ese secreto. Los diez temas que componen El Largo Mañana (Lago Naranja Records, 2021), séptimo trabajo de estudio de Rufus T. Firefly, nacen de la calma que otorga la experiencia. Del saber a dónde van los patos cuando se congela el lago.

Ese conocimiento ha llevado a la banda de Aranjuez a presentar el disco prácticamente a la inversa: en verano y a principios de otoño descubrieron los nuevos temas en directo ante el público; en octubre lanzaron una tirada limitada del álbum en vinilo y cedé que se agotó en cuestión de horas; finalmente el 26 de noviembre, el disco vio la luz en plataformas digitales. Una manera de hacer las cosas que responde a una voluntad por “darle valor a la música, a la banda y al equipo que lo ha hecho” y no, recalcan, por echar un pulso a la industria: “nos dimos cuenta de que estábamos siguiendo una tendencia a la hora de hacer las cosas y no sabíamos muy bien por qué. No tenemos discográfica; nuestro fuerte es el directo y hacer discos especiales, así que hemos intentado explotar un poco eso”, explica Víctor Cabezuelo. Una apuesta contra la inmediatez constante que les ha demostrado que comprar un disco en formato físico y dedicar tiempo a su escucha, forma con la que él y Julia Martín-Maestro, los dos pilares del grupo, crecieron, y “que es la que más nos emociona”, no está caducada.

“La naturalidad de personas tocando se puede compaginar con todo lo que nos ha enamorado siempre de la tecnología”

El sosiego ha llevado a Rufus T. Firefly a cuidar las maneras y reinventar el fondo. Sin abandonar la esencia psicodélica que comparten con Anni B. Sweet o Los Estanques, y que les situó en el mapa con Magnolia (Lago Naranja Records, 2017) y Loto (Lago Naranja Records, 2018), la banda se cobijó en el sonido Filadelfia de los setenta para hallar calma tras la gira de 2018: “Pasamos de dar 10 conciertos al año a dar 200. Acabé saturado. Empecé a escuchar música un poco más tranquila y eso me llevó al Wha’ts Going On de Marvin Gaye”, cuenta Víctor tras sus lennonianas gafas amarillas. La impronta clásica de Gaye se ha entrelazado con la modernidad de Childish Gambino y su al Awaken, My Love! (Glassnote, 2016): “Creo que ha sido de donde más nos hemos empapado de sonido, porque tiene ese rollo soulero clásico pero cuando escuchas cómo está mezclado es mucho más moderno”, añade Julia. Si en sus anteriores trabajos apostaban por la sorpresa –“hacer un compás extraño, un redoble cuando no viene a cuento, pisar un pedal”- en esta ocasión, la suavidad y la repetición son los motores de la melodías: “todas las canciones forman parte de un todo. Hay un sonido que te va llevando y no sabes cómo”. Un trance melódico para el que ha sido imprescindible el factor humano: “Antes dependía mucho de que lleváramos un sintetizador o un pedal determinado, ahora depende más de cómo le dé Julia de fuerte o flojo a la batería. La naturalidad de personas tocando se puede compaginar con todo lo que nos ha enamorado siempre de la tecnología”, señala Víctor. Precisamente, la formación ha vivido multitud de cambios en sus 15 años de carrera.  Junto a Cabezuelo (voz, guitarra, teclados) y Martín-Maestro (batería), Miguel De Lucas (bajo), Marta Brandariz (teclados y voces), Juan Feo (percusión), Carlos Campos (guitarra) y Manuel Cabezalí (Havalina) en la coproducción,  han dado vida a El Largo Mañana en los estudios El Lado Izquierdo. Recientemente, Brandariz, tuvo que abandonar el proyecto debido a problemas auditivos. Manola ha tomado su testigo a las teclas. La visión romántica de banda que tenían en los 90 como “algo sólido que no puede fallar” se ha diluido para dar con algo que es “de verdad. Al principio sufría mucho, ahora me gusta pensar que somos un grupo que está vivo. Hay gente que se queda más, otros menos, pero es igual de bonito y de válido. Es más importante poder vivir que la música, por muy importante que esta sea” señala tajante Cabezuelo.

 

La aceptación forma parte del aprendizaje, un proceso que los de Aranjuez han sabido representar en estos diez temas (dos de ellos únicamente disponibles en las ediciones físicas). Un ascensión gradual -“tiene sentido dónde está cada canción”, señala Julia-, que arranca con la  personal reflexión de ‘Torre de Marfil’, en la que expone alguna de las dolorosas consecuencias que conlleva ser músico: “Estoy muy contento con mi vida, pero no puedo evitar no echar de menos algo que no voy a tener. Tiene muchas consecuencias (como cambiarme de piso cada dos meses) que me impiden ser padre”. Con versos como “la vida empieza hoy/tengo la extraña sensación de no pertenecer a nada”, ‘Selene’ es la liberadora meta de un viaje para el que la soledad es necesaria y cuya melodía, progresiva, permite observar el camino recorrido: “queríamos que fuera muy poco a poco, que de repente estuvieras en lo más alto de la canción y dijeras ¿pero cómo he llegado aquí?”. Ya no hay miedo a no encajar: “Me da mucha rabia cuando todo se reduce a estereotipos perfectamente definidos, porque es mentira. Por eso creo que la política no funciona ni va a funcionar nunca, porque dentro de cada ámbito hay millones de pequeños ámbitos”, sentencia Cabezuelo.

Las letras de El Largo Mañana abordan la búsqueda interior, el asomarse a ese abismo que es el espejo. Ese concepto queda reflejado el arte del elepé, obra, una vez más, de Julia. Un diseño minimalista cargado de complejidad: “las canciones decían estoy aquí, estoy observando, estoy pensando, ¿cómo reflejas todo eso en una imagen?”, plantea la batería. La artista encontró en los horizontes el símil perfecto para representar “la reflexión y la observación. Estar sentada en la playa mirando. Eso era lo que quería transmitir. También dejarlo abierto, porque muchas veces eres más capaz de imaginar cosas cuando hay algo en blanco”. Darse cuenta de “de dónde estás, quién eres, lo que tienes y lo que no vas a tener nunca” es la clave para “empezar a caminar”, señala Víctor. Los sueños marchitos de la adolescencia reviven en ‘El Hombre de Otro Tiempo’, un retrato de su “yo” de los 18 años: “Recoge todas las cosas que yo pensaba de la música, los sueños que tenía. También me hace pensar en Miguel (De Lucas): él es el hombre de otro tiempo real, se quedó en los 70’s”, comenta entre risas. Esa conexión con el pasado también late en ‘Templehof’, con crescendo grunge y teclados a lo Ray Manzarek: “Hubo un poco de discusión, no sabíamos si meter esa parte o no porque nos recordaba mucho a lo anterior. Hubo un punto de tenemos que meterlo porque también somos nosotros” cuenta Julia.

De la pérdida de la inocencia a la tangible, ‘Lafayette’ que interpretan junto a Anni B. Sweet, supone un contraste entre la potente melodía y la pérdida de un ser querido, abordada en la letra. La tristeza se convierte en agradecimiento en una forma distinta afrontar el duelo, tema que sigue siendo tabú en la actualidad: “me parece muy bonito pensar en haber coincidido con esa persona, haber aprendido, haber sido felices juntos. De alguna manera me parece que así las personas nunca terminan de morir, porque te transforman”, cuenta Víctor con emoción en la voz. Poco a poco el hielo se derrite y brotan las flores. El premio tras ese sacrificio se percibe en cortes como ‘Me has conocido en un momento extraño de mi vida’, con ese guiño cinéfilo a El Club de La Lucha —“Mi vida siempre ha sido no saber muy bien dónde estoy, a dónde voy… Ahora mismo sí que siento esa aceptación”, señala Víctor— o ‘Sé Dónde Van los Patos Cuando Se congela el Lago’, cuya letra es obra de Álvaro Marcos, cantante de Atención Tsunami: “Le pedí a Álvaro que escribiera las letras del disco. Me dijo “déjame una y vamos probando”. Le pasé las canciones y empezó con esta. Hablándole del concepto del disco, se acordó de El Guardián Entre el Centeno. Esta canción va de intentar ayudar a alguien a ver algo que no es capaz de ver, porque no nos damos cuenta de lo que tenemos”.

La introspección deriva inevitablemente en lo colectivo. En estos tiempos, las relaciones humanas pasan por lo digital. ‘Esta Persona No Existe’ aborda la deshumanización que fomentan las redes: “Hay una página, This Person Doesn’t Exist, en la que aparece la cara de una persona creada por inteligencia artificial, pero que en realidad no existen. Muchas veces la sensación que tengo viendo Instagram (o el mío propio) es que eso no existimos, no sé qué nos está aportando como sociedad”. Aunque Cabezuelo concluye con alivio que “por mucho que tratemos de impedirlo, todo tiene que pasar por el filtro de la realidad”. Uno de los atractivos del cuerpo a cuerpo, el sexo, se presenta en ‘Polvo de Diamante’, cuyo título procede de Los Caballeros del Zodiaco, serie favorita de Víctor cuando era pequeño: “era el ataque que tenía uno de ellos, con el que todos se congelaban”, cuenta entre risas. La melodía posee esa atmósfera de calor en aumento, sin renunciar a la sofisticación, a lo Marvin Gaye: “en muchos temas habla de sexo, pero él conseguía que fuera desde una perspectiva muy bonita y nada agresiva, muy natural”.

Con la variante ómicron paralizando por enésima ves la música en directo, Víctor y Julia coinciden en que “no es que ahora estén las cosas peor que nunca, sino que ahora nos estamos dando cuenta. El cero apoyo a bandas emergentes, el que sea inviable hacer una gira sin salir de tu ciudad, lo de las condiciones en las que se toca en un festival lleva años siendo así. Imagino que todo acabará petando”, señalan. Ellos son unos de los afortunados con varias fechas en el calendario. Conscientes de que “el 90% de las bandas no puede ni tocar, ni siquiera salir de su local”, bromean con que “deberían prohibir por ley a los grupos tocar más de en 3 festivales por año. Sería increíble, todo el mundo tendría cabida”. Mientras, seguirán presentando El Largo Mañana en un directo donde sus clásicos se adapten a la nueva sonoridad: “algunas las hemos probado y no encajan nada y nos sacan del show y sentimos que estamos haciendo una versión”. Entre risas, reconocen que, gracias a este álbum, han podido ver al público bailar en sus conciertos por primera vez: “Ahora, cuando acabamos con ‘Nebulosa’ o ‘Río Wolf’, la gente cambia hasta la forma de interactuar, es muy curioso”, señala Julia.

Víctor y Julia comentan impresionados sus sensaciones tras ver ‘Get Back’, documental sobre las sesiones de grabación del Let It Be de Los Beatles: “Cada vez que me pongo el documental me dan ganas de decir “vamos a ver, chicos, ¡calmaos, que sois los Beatles!”, exclama Cabezuelo. Julia subraya que cuando se es joven se tiene “más pasión”. Una pasión que los de Aranjuez no han perdido 15 años después. Aunque, ahora, conocen el secreto de los patos del lago.