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Santero y los Muchachos

Santería de bar

La banda valenciana presenta Royal Cantina, un trabajo doble que combina la vertiente eléctrica con la acústica

 

MARÍA CANET

Desde una terraza del madrileño barrio de Pintor de Rosales, Miguel Ángel Escrivá pide la segunda copa de vino blanco. Su hermano Josemán y Soni Artal, que en la primera ronda habían optado por café para vencer el cansancio de un intenso día de promoción, sucumben: “venga, otras dos de tinto por aquí”. Santero y Los Muchachos siempre están dispuestos a una ronda más. Ese es espíritu que empapa Royal Cantina (Actúa Music Entertainment, 2022), el tercer larga duración de la banda valenciana baluarte del “rock reposado”, de cimientos acústicos pero esencia rockera. Un disco doble con dos vertientes:  Royal, eléctrica, con fuerte presencia de vientos y teclados; Cantina, acústica, con la sugerente imperfección de la desnudez. 17 canciones en las que se respira la añoranza por las barras de bar y el calor del piel con piel que la pandemia robó, y que ahora son la banda sonora perfecta para recuperar el tiempo perdido.

Como un trago rápido para calmar la sed, Cantina vio la luz en el verano de 2021, cuando se empezaban a atisbar destellos de la antigua normalidad. Era el momento de volver a esas añoradas tabernas de suelo pegajoso y murmullo constante. Los Santero quisieron premiar a su público con una colección de canciones que “iban a iba ser un añadido a un tercer disco, un extra”, cuenta Miguel Ángel. Con el ambiente cantinero en la cabeza, la idea inicial era grabar el álbum en directo, “en un bar de Valencia con más músicos amigos: coger al bajista de Los Zigarros, a Luis Prado (Señor Mostaza), para que interpretaran nuestras canciones y estar ahí con ellos”, explica Josemán. Los obstáculos generados por la pandemia obligaron a generar ese caos alegre y vivo en el estudio. Reivindicadores de la imperfección, los setenta vuelven a ser la principal referencia de los valencianos: “creo que lo que nos gusta es la mezcla de las buenas melodías y el ambiente de imperfección de los discos de esa época. Tienen una magia que hoy en día es muy difícil conseguir”, sentencia Josemán. ‘Río Bravo’ o ‘Brindis Escoba’ exponen esa crudeza. Una magia fruto de la improvisación que llevó a Josemán a usar dos pilas para grabar la percusión de ‘Carretera de El Saler’: “ era lo único que tenía a mano  y es lo que suena”, confiesa entre risas.

Pero en las tabernas donde se practica la santería, los suelos pegajosos plagados de palillos conviven con techos de los que cuelgan lámparas de cristal y dinteles dorados. Los trajes al estilo Flying Burrito Brothers que lucen en las fotografías que acompañan al elepé (tomadas por Juan Pérez-Fajardo en Benidorm), “hechos bajo nuestra interpretación”, reflejan ese mestizaje entre suciedad y resplandor: Royal Cantina es ese lugar donde las ratas pueden llevar corona, como se ve en la americana que luce Miguel Ángel. Cuerdas, vientos y teclados —“por primera vez hemos contado con músicos externos a la banda“— dotan a  las melodías de Royal de sofisticación.  ‘Complicado’, composición orquestal que bebe del sonido Filadelfia y de la música italiana de los 60’s (cuya melodía compuso Pepe Escrivá, padre los hermanos hace 20 años) es el mejor ejemplo: “el referente que teníamos para esta canción era ‘Ciudad Solitaria’ de Mina. Escuchábamos mucha música italiana por nuestra madre”, cuenta Josemán. Un tema bisagra entre Cantina, “que es muy polvoriento”, y Royal: “Pone al oyente en un espérate que estos se han quitado el polvo de encima” añade Miguel Ángel. Son varias las composiciones que han rescatado de “un cajón que nunca está del todo abierto ni cerrado”, indica Soni. Si embargo, otras como ‘Con Los Pies Por Delante’, candidata a entrar en los tres discos del grupo, se ha quedado a las puertas: “habla de la Valencia de la época de la corrupción. Melódicamente nos gustaba, pero nos dimos cuenta de que la letra tenía cabida en la situación pandémica, y eso nos echó para atrás. Hay demasiada gente hablando de eso”.

“El rock no es solo distorsión”

Con el objetivo de “reordenar el tablero para volver a empezar la partida”, los músicos han querido regresar al origen de Ventura “donde era todo mucho más ecléctico”, señala Josemán. Si ‘¿Quién Te da Más?’, es un ejercicio de acústicas abiertas a lo Tom Petty o Traveling Wilburys  —“el rock no es solo distorsión”— los Rolling Stones de los setenta (Sticky Fingers o Exile On Main Street) teclados, vientos y coros mediante, viven en ‘El Tipo del Espejo’, balada a lo ‘Dead Flowers’ u ‘Ojos Pardos’, que recuerda los inicios de la relación de Miguel Ángel con su chica: “acabé en su cama sin meditarlo demasiado y aquí estamos, por culpa de tragos de más” menciona entre risas. ‘Sálvame de mí’, posee un guiño a otros valencianos discípulos de sus Satánicas Majestades, Los Zigarros y su ‘A Todo Que Sí’: “habla de cómo procesamos las cosas que al principio nos dan placer pero luego nos llevan a una vida peor, hay que saber decir que no y acudimos al a su ‘A Todo que Sí’, al final hablamos de lo mismo”.

Los hermanos Escrivá y Soni Artal permanecen atrincherados en la frontera entre lo festivo de Sudamérica y la introspección a la que invitan las carreteras norteamericanas. ‘Noches Al Sol’, posee aroma costero, mientras que ‘Otro Vaso’ o ‘¿Qué Voy a Hacer?’ vibran al son de ranchera mexicana. En esta ocasión, se atreven incluso con el bolero en ‘Carta De Un Admirador’, lamento de un perdedor al que un amor no correspondido araña por dentro. Un tema que Miguel Ángel compuso inspirado por la película El Juez de la Horca (John Huston, 1972), protagonizada por Paul Newman: “él regenta un bar y está enamorado de una vedette. Cuando muere, le deja escrita una carta y ella va un día al bar y le leen la carta. Cuando Josemán vino con la melodía, estaba con esta película en la cabeza y me acordé de Ángela Molina, que me encantaba cuando era adolescente. Até un poco ambas cosas”. Ese poso peliculero de los westerns norteamericanos se cuela en las letras con menciones al sheriff, águilas, desiertos, ríos  —“nos gusta hablar de lo que hemos consumido en películas”—, pero también en melodías como la de ‘Piel Lagarto’, que narra la historia de un forajido que huye para olvidar, aderezada por el pedal steel y el slide: “Miguel Ángel no estaba convencido de meterla y estuvimos r que r”, cuenta Soni. El trabajo de armonías vocales a los Crosby, Stills & Nash luce especialmente en ‘Sheriff’ y ‘Carretera de El Saler’, una road movie “de un tipo bebido yendo a encontrarse con su pareja” ambientada en Valencia, condenada a ser ya un clásico de la santería: “nos emociona es ver cómo ha calado incluso fuera de nuestra ciudad.

Sus ganas de “brindar con la gente” les han empujado a arrancar la gira de manera inmediata, de momento, en formato trío, “adaptando Royal al formato Cantina hasta que lleguen los festivales en verano. Javi (el pequeño de los Escrivá), y Pau García Serra (batería), nos acompañarán en eléctrico”, cuenta Soni. Los bares como templos y las canciones como bandera. Preparen hígado y garganta, Santero y Los Muchachos siempre dirán que sí a una ronda más.