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Sarria: un prometedor camino de psicodelia y rock and roll

El joven compositor malagueño presentó su debut en solitario hace unas semanas

 

MARÍA F. CANET

Nacho Sarria (Málaga, 1995) viste pantalones de campana y camisa de cuello picudo; sus ojos marrones, ocultos tras unas gafas de aviador, y su larga y rizada melena, a lo cantaor flamenco, delatan sus raíces andaluzas. Su profunda voz acaba de otorgarle ese halo de Jim Morrison gitano. Cualquiera pensaría que tiene en frente a una estrella del rock setentera, pero él simplemente se define como un “chico de Málaga al que le gusta Led Zeppelin”.  A sus 26 años, acaba de presentarse en solitario con Sarria (autoeditado, 2021) un álbum que bebe de clásicos del rock and roll, la psicodelia y del folk de los 60’s y 70’s. Fórmula similar a la empleada por compañeros de generación como Los Estanques, y por sus paisanos Riverboy, Derby Motoreta’s Burrito Kachimba o Unidad y Armonía, aunque agitada de manera distinta. Una reinterpretación actualizada y personal del género que algunos llevan décadas empeñados en enterrar y que, en en el último lustro, parece haber revivido en nuestro país.

El malagueño siempre ha sido “el niño” en todos los proyectos, “incluso en el mío propio. A veces cuesta imponer tu criterio y ser el líder cuando todo el mundo te dobla la edad”, cuenta entre risas. Comenzó a tocar la guitarra con diez años, después de que se le inyectara el veneno del rock and roll a través de un videojuego: “El escenario final era un concierto de los Kiss. Con 9 años los vi maquillados, los fuegos artificiales… Tuve claro que eso era lo que yo quería ser”. Con 14 años ya compaginaba estudios y carretera: “Entre semana estudiaba en un colegio del Opus, y los fines de semana me iba a tocar con el grupo de mi primo. Luego estuve en uno que era una mezcla entre Obús y Tino Casal”, añade entre carcajadas. Con la veintena recién estrenada, se obsesionó con Los Labios, conjunto sevillano de glam rock, tras verles en directo: “Llegué a montar una banda para telonearlos. A Sammy, el cantante, le caí en gracia y, cuando grabaron el primer disco, me llevaron como pipa: iba a por hielos, daba clase a los niños… “. Esta etapa como chico para todo, afirma, le ayudó a desromantizar el mundo de la música y a empatizar con los trabajadores que están a la sombra: “Fue chocante porque me di cuenta de que había idolatrado un mundo que no me gustaba. Yo no quiero seguir la biografía de Keith Richards como si fuera una biblia”, sentencia. Tras la salida de Álvaro Suite (guitarrista de Bunbury), Nacho entró en la formación como segundo guitarra para la grabación del segundo disco, trabajo que no ha llegado a publicarse. Una experiencia “increíble” que le llevó a trabajar junto a Lenny Kravitz y Craig Ross en Los Ángeles, que, sin embargo, tuvo un final más bien amargo: la falta de libertad creativa y de apoyo por parte de ciertos compañeros precipitaron su marcha: “era casi como una ofensa que yo hiciera un tema. Enseñar una canción me costó una bronca porque estaba interrumpiendo el proceso creativo de la banda”, cuenta con tristeza.

La impronta de ese periodo tan difícil de su vida permanece en temas hoy incluidos en su primer larga duración. Grabado y mezclado por Paco Lamato y Javi Mora en los sevillanos estudios Happy Place de Sevilla, con Ricky Candela al bajo, Fernando Reina a la batería y José Vaquerizo y Fran Rosado a las teclas, el parto de Sarria ha sido un proceso duro y doloroso: “Empezamos a grabar en verano y acabamos en diciembre, Paco se rompió la rodilla… Pero han creído en mí y en las canciones, ha habido mucho amor en la grabación”. Compuesto por 8 temas, el disco se divide en dos caras: la primera, puramente eléctrica, con cortes más experimentales y largos, y una segunda, más acústica y ligera. En ambas, las influencias son evidentes: la sombra de los Beatles, Doors, Rolling Stones o los Byrds se asoma en muchas de las composiciones. Una declaración de intenciones por parte de su autor: “Creo que están muy claras, quería que se notaran. Vengo de esto y me gusta esta música”. Melodías con influencias esencialmente anglosajonas para un proyecto cuyas letras, siempre tuvo claro, serían en castellano: “Me sale natural, no siento ni pienso en inglés. Me siento muy orgulloso de mi idioma, de mi tierra. Quiero que me entiendan los míos, y si después me entiende alguien más, estupendo”, sentencia.

La potente ‘Gitana’, que hipnotiza a base de guitarras, teclados y percusión que crean una sugerente atmósfera, es la encargada de abrir el elepé. Un tema que el compositor define como “la niña de mis ojos”, a pesar de llevar años metida en un cajón: “Me enamoré de una mestiza y la hice cuando llegué a Sevilla, en el salón de mi primera casa escuchando a la Creedence Clearwater Revival; estaba obsesionado con el ‘Bayou Country’”, apunta. Los últimos 5 años de su vida, confiesa, están narrados en este disco. Letras como la de ‘Esperando Al Sol’, una composición en la onda del ‘Going To Californa’ de Led Zeppelin —“Durante un tiempo, Fernando (compañero en Los Labios) y yo vivíamos en el local de ensayo en Sevilla porque no teníamos dinero para pagar el alquiler. Con lo poco que teníamos, compramos una acústica de 12 cuerdas y a la mañana siguiente, me desperté y me salió la intro”— o la de ‘Fundido A Negro’, poseen un tono casi fúnebre: “Al escucharla mi madre me dijo “no sabía que estabas tan mal”. En ese momento estaba bastante perdido, no tenía ilusión, y lo único que quería era meterme en la cama, estar en casa con mis padres. Me costó mucho terminarla porque no me quería afrontar a eso”, narra aún con angustia.

Temas como ‘Arriba En La Montaña’, un ejercicio de folk de tintes orientales, o ‘El Camino’, eléctrica, con gran protagonismo de los sintetizadores, ofrecen una visión existencialista de la vida, desde una perspectiva más serena: si la primera aborda la importancia de ser dueño de su propio destino, la segunda “me la escribí a mí mismo para recordarme que no hay prisa, que hay vida por delante”. La crítica social está presente en cortes como ‘L’ Occidental’, un oscuro y muy influenciado por los Doors y Jim Morrison —“ me he criado con ellos, quería que se notara esa referencia explícita. Realmente he aprendido a cantar por él”— que tiene su germen en su estancia en Los Ángeles con Los Labios, lugar donde afirma “todo el mundo quería algo de ti, no había humanidad. Me pareció horrible”. Por su parte, la alegre melodía pop de ‘A Todo Color’ contrasta con su mensaje crítico con el postureo imperante en redes sociales, del que el propio músico afirma haberse sentido parte: “A veces me he sentido un impostor. Estaba asqueado, todo mi entorno estaba mal, muchos amigos pasándolo mal y luego estamos vendiendo la moto. Todo el mundo está bien hasta que se toma 4 copas y te suelta que está jodido. No debería ser así, deberíamos poder contar las cosas sin filtro”, añade mientras da un sorbo al café.

A pesar de guardar como un tesoro el legado de las décadas doradas del rock, Nacho Sarria lanza una advertencia: “no quiero que nadie espere nada de mí. Si en 2 años me apetece irme a Marruecos y grabar con una orquesta marroquí o hacer un bolero, ¿por qué no?”.  Los Beatles no paraban de evolucionar, crecer, son la máxima referencia”. Aunque es el estilo musical con el que en la actualidad se siente más representado, confiesa que la etiqueta ‘rock’ le genera cierto rechazo: “Parece que se hace en serie, hay unos patrones: ya sabes que te van a hablar de la policía, de la chica con la que estuve anoche y del cubata que me bebí después. Me parece tremendamente aburrido”, admite sin reparos.

Orgulloso de la actual escena musical de su tierra —“siempre se mira para fuera y de repente Andalucía es una cuna de la música psicodélica”— señala que, a pesar del talento, “no se da apoyo a las bandas. Sevilla quizás es una excepción, pero nosotros mismos nos estamos estrenando en directo a 600 km de nuestra casa cuando lo lógico sería hacerlo allí. Sería maravilloso no tener que conducir 6 horas cada vez que quiera tocar”. Ecléctico e inquieto, Nacho termina el café y repasa sus últimas escuchas en Spotify: boleros, calypso, Julio Iglesias, Jonathan Wilson, Michael Rault, Ángel Stanich, el último disco de Anni B. Sweet o los Kinks. Su planta de estrella, contrasta con su manera de entender la música, alejada del prototipo ‘sexo, drogas y rock and roll’: “Soy muy tranquilo. Volví a Málaga antes del confinamiento y está siendo genial. En Madrid duré dos meses y medio, me volví loco. Estoy acostumbrado a levantarme y ver el mar, darme la vuelta y ver la montaña; eso me lo quitas y peto”. En calma y con la  ilusión de un niño chico en los ojos, a Nacho Sarria le queda un prometedor camino por recorrer.

 

Próximos conciertos 

Jueves 1 de julio, MADRID (Siroco)

Viernes 9 de julio, MÁLAGA (La Cochera Cabaret)