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Hasta que el cuerpo aguante

Los ídolos del rock and roll siguen siendo esos chavales que con diecisiete fueron poseídos por el rock y viven suspendidos en una eterna juventud

ÁLVARO GONZÁLEZ

Si el rock’n’roll es el espíritu de la juventud, ¿por qué seguimos viendo a tipos de setenta años sobre un escenario? Esencialmente porque esos señores siguen siendo esos chavales que con diecisiete fueron poseídos por el rock y viven suspendidos en una eterna juventud. Al igual que en cualquier otro trabajo, parece que en el rock’n’roll la jubilación también está cada vez más lejos. Con una pequeña diferencia: un músico ama su curro por encima de todo. Otra pregunta que surge cuando vemos que una banda septuagenaria sigue en activo es la siguiente: ¿qué necesidad tiene este grupo de seguir tocando si les sale la pasta por las orejas? Bien, no se trata de una necesidad económica, sino de una necesidad vital. Un músico vive por y para tocar, no concibe su vida si no es encima de un escenario. Salir de gira, tocar cada noche en una ciudad diferente, sentir la adrenalina y la electricidad del escenario mezclada con el calor del público… todo esto es lo que mantiene vivas a las leyendas del rock.

Ahora que pregunten por qué los Stones siguen girando. A saber qué clase de maníaco sería Keith Richards si no saliese a tocar cada cierto tiempo. No me quiero ni imaginar en qué tipo actividad de asociación senil estaría metido Mick Jagger; quién sabe, quizás tejería unos jerseys preciosos.Lo cierto es que, por mucho debate que generen, los Rolling Stones han seguido haciendo historia con sus incansables planes de gira. En marzo del año pasado, Jagger, Richards y compañía aterrizaban en Cuba para dar su primer concierto en La Habana ante medio millón de personas. Muy pocas personas y bandas pueden decir que siguen escribiendo la historia de la música popular a esa edad. Para cerrar el año 2016, los Stones publicaron ‘Blue and Lonesome’, un álbum en el que volvían a sus raíces más blueseras. Queda demostrado que no hace falta andarse con filigranas, a veces funciona mejor volver a los orígenes que reinventarse enrevesadamente. Por mi parte, no pido que inventen nada nuevo, simplemente que sigan al pie del cañón con dignidad; necesitamos saber que están ahí predicando la palabra del rock’n’roll.

Y hablando de los orígenes de los Rolling Stones es inevitable acordarse de Chuck Berry, que Hendrix lo tenga en su gloria. El bueno de Chuck fue, hasta que nos dejase recientemente, uno de los músicos más longevos que ha dado el rock’n’roll. Sin ir más lejos, este viernes se publica ‘Chuck’, una compilación de material inédito que ve la luz treinta años después del último álbum de estudio del padre del rock. Lo que iba a ser un disco para celebrar la inmortalidad de Chuck Berry será, paradójicamente, una obra póstuma.

Subamos el volumen y la distorsión del amplificador para hablar de AC/DC. Sin duda, es una de las bandas que más polémica ha generado en los últimos años. Supieron sobrevivir y superponerse al duro revés que supuso la muerte de Bon Scott. Por suerte para los hermanos Young, Brian Johnson mantenía viva la energía del grupo y los fans le acogieron de manera espectacular. Sin embargo, en los últimos años Angus Young ha tenido que variar la formación de AC/DC tantas veces que sólo queda él como miembro original. Malcolm, hermano mayor de Angus y guitarrista rítmico de la banda, tuvo que abandonar el grupo que formó a principios de los setenta aquejado por demencia senil y fue sustituido por su sobrino Steve Young. Si con la sustitución de Phil Rudd por problemas con la ley no teníamos suficiente, un problema auditivo dejaba fuera de juego a Brian Johnson. El vocalista tuvo que dejar la banda por obligación de los médicos y fue reemplazado ni más ni menos que por Axl Rose. Y digo “ni más ni menos” no porque tenga en alta estima al cantante de Guns N’ Roses, más bien todo lo contrario, sino porque aquel cambio fue tan sonado que hubo tantos agradecidos como detractores. Y es que parece que la fórmula que ha funcionado durante más de cuarenta años empieza a fallar; los dos últimos álbumes de AC/DC dejan claro que hay que mover algún engranaje en la maquinaria del hard-rock. Pero, estudios de grabación y discos aparte, sigue siendo escandaloso ver a Angus Young sobre un escenario: puro nervio contenido en poco más de metro cincuenta que se desata sobre muchos de los riffs más famosos de la historia.

En nuestras fronteras, Rosendo es el ejemplo más fiel de dedicación a la música. Él es un obrero del rock, no sólo lleva las noches al pie del cañón que canta en “Flojos de Pantalón”, lleva décadas ya. El humilde rockero de Carabanchel sigue reuniendo adeptos y fidelizando a los más mayores gracias a la constancia y al buen hacer. Con una buena colección de discos, Rosendo Mercado sigue sacando material muy a la altura de los mejores años de Leño. Prueba de ello es su último álbum de estudio, ‘Vergüenza Torera’ (2013) o el directo de Las Ventas que se editó y publicó en 2014. No cabe duda de que Rosendo es una garantía, es el único Mercado fiable. Por muy mayores que se estén haciendo nuestros ídolos, es una maravilla seguir teniéndolos sobre los escenarios en lugar de en el geriátrico.