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Izaro Andrés, la revolución de sus limones termina, ¿y ahora qué?

En 2023, la vizcaína cerrará el ciclo artístico que comenzó hace dos años con Limones de Invierno, la artista nos cuenta que está lista para dar un nuevo salto

 

RAQUEL ELICES / Fotos GLORIA NM

Pocos lugares ofrecen una puesta en escena tan bella como la del Auditori Caló del S’oli del Sonorama Ibiza. Con el mar de fondo y las olas rompiéndose en una playa salvaje, el momento mágico del día llega justo al atardecer, cuando los colores ocres del sol empiezan a bañarlo todo con una luz cálida que estalla en todas partes. Es justo entonces cuando la cantante y compositora vasca Izaro Andrés hace su aparición sobre el escenario. Descalza, con su vibrante vestido naranja, desgarbada y alegre, de repente, todo parece fundirse en ella, ¿o es ella la que se funde en el entorno?

Artista de raíz y origen, Izaro consigue que todo permee en ella, llevando consigo toda la energía capturada en el territorio físico y personal con el que fueron creadas sus canciones para transformarlas en cada nuevo lugar. Un instinto adaptativo, sin perder la esencia. “Esta es mi primera vez en la isla, pero cuando llego a un lugar me gusta conocer a gente nativa, empaparme del lugar”, confiesa Izaro en la charla que mantenemos después de su concierto. “Como ocurre con mi música, busco la raíz de todo allá donde voy, me pongo a imaginar (no sé) dónde compran la fruta, qué hacen cada mañana, cómo sería mi vida si yo hubiese nacido aquí. Me gusta descubrir ese costumbrismo, entender esa vida que ya está inventada”, añade.

Entre el público, esta vez, encontró una ibicenca que, para sorpresa de Izaro, se sabía todas las canciones en euskera. “Pensaba que era vasca”, recuerda la artista. Pero no hacía falta que lo fuera para conocer perfectamente sus temas. “Sus limones”, como ella misma define a su disco Limones en invierno (2020), han conquistado ya todos los rincones de nuestro país y cada una de sus islas. Aquel álbum elevó la voz de Izaro más allá de Euskadi, incluso con una pandemia mediante.

Puede que ahora no se recuerde, pero cuando la cantante lanzó aquel álbum, pocas semanas antes de que el toque de queda paralizase una gira internacional, Izaro llegó hasta el segundo puesto en número de ventas, superando a la mismísima Rosalía. Sin embargo, el parón y todo lo que vendría después hizo tambalear los cimientos de la artista de Mallabia. “Pensé que mi carrera podía terminar ahí, teníamos muchas cosas pensadas, una gira muy fuerte en Latinoamerica que se paralizó por completo”, recuerda.

Pero sus fieles y los que la descubrieron aquel año no se dieron por vencidos. “Daba igual cuantas veces tuviésemos que aplazar los conciertos, el público seguía comprando entradas y a pesar del cambio de aforo o las restricciones siempre estaban a tope”, comenta. Para dar un impulso nuevo a lo que parecía haber sido “comido por la pandemia”, en 2021 Izaro lanza Limones de Oro, una revitalización de su anterior disco con colaboraciones de lujo en las que artistas como Amaral, Zahara, Rozalén o Pedro Pastor se sumaban sus voces a aquellas joyas pop, valses, ritmos latinoamericanos y folk otoñal que volvía a recobrar vida.

Foto: Gloria NM

“Cuando vi a Zahara sobre el escenario vi a una mujer libre. Yo quería poder hacer eso”

“Fue una locura. Es el típico disco que haces cuando ya eres un arista veterano, pero es que me lancé a ello porque pensé que quizá todo podía terminar aquí para mí”, confiesa. Algo tan sencillo como un cruce de halagos por Twitter entre ella y Zahara desató este desfile de dúos incréibles. “Contacte con ella a raíz de un vídeo que posteo, ella me dio un like a un comentario y me escribió por privado. Empezamos a hablar de que yo la había teloneado hacia tiempo en Donostia, ella no se acordaba, pero le dije que cuando la vi subirse al escenario, vi a una mujer libre y en ese instante pensé, yo quiero poder hacer eso. Mi mensaje fue muy contundente y ella me respondió que sí enseguida y se vino a Donostia, cenamos juntas, grabamos y ahora puedo decir que es mi amiga, ¡eso me parece incréible!”, cuenta emocionada.

Izaro no duda en celebrar todo lo bueno que le trajo aquel impulso definitivo que fue Limones de oro, pero reconoce que “estaba en otro mood“. ” Cuando salió, habían pasado un montón de cosas en mi vida y  me pilló componiendo algo diferente”, comenta. Por eso, la gira que terminará el próximo mes de enero en el Circo Price de Madrid es para ella, un cierra de ciclo. Una despedida con la que Izaro también siente que podrá quitarse “la colita pandémica” que la ha acompañado estos dos últimos años.

Una vez que termine, cambiaran muchas cosas“, advierte. Ahora ya no quiere hablar de limones, hay más oscuridad y está componiendo a piano. 2023 se perfila para la artista como un año de “mirar hacia adentro, grabar y apagar el foco”. Izaro dice sentirse algo exhausta tras la larga presentación que han supuesto sus limones. Una idea que recogerá su nuevo disco, tal y como adelanta. En él las reflexiones sobre la Izaro artista e Izaro persona se bifurcan -fronteras que, asegura, se habían difuminado en los últimos años-. La artista quiero hablar de la presión del éxito, de la industria y punto mediático. Un paralelismo con el disco de Motomami, de Rosalía, que no pasa desapercibido. “Cuando escuché el disco, yo ya tenía mis canciones escritas y pensé, ¡ostras, tengo mi Motomami!”, dice.

Foto: Gloria NM

Izaro recuerda lo abrumada que se sentía con su primer disco o lo mal que lo pasó cuando empezaron a reconocerla por la calle. “Con mi segundo disco fue la primera vez que sentí que no podía ir tranquilamente por la calle en Euskadi, la gente me paraba y, a veces, me hacía mucha ilusión, pero también quería apagarlo y sentía que ya no podía volver atrás. Me costó ubicarme”, cuenta.

Mucho a cambiado la situación desde aquellos primeros pasos a la joven que hoy puede presumir de haber reunido a 6.000 almas en el velódromo de San Sebastián. “Fui la primera mujer vasca en actuar allí, antes estuvo Tina Turner, y para nosotros fue una celebración, marco un hito en nuestra carrera“. Izaro no se olvida del plural cuando habla de su proyecto en el que se encuentran Iker Lauroba, Oriol Flores, Garazi Esnaola y Julen Barandiaran.

Mirando ya hacia la nueva etapa que está deseando emprender, hay cosas de las que desde luego no se desprenderá. Como la música de raíz que ella transita en toda su longitud, desde lo más profundo a lo más alto y luminoso. “Para mí, la música siempre será como un gran árbol. Las copas de los arboles son diferentes en cada parte del mundo, pero si vas a la raíz, en el fondo se encuentran todas. El folclore es mi cable a tierra”, subraya. Tampoco dejará de lado el euskera, como lengua natal es parte de su verdad. Y por supuesto, seguirá apostando por la ternura porque “en un mundo tan hostil, donde se está poniendo cada vez más un tipo de agresividad y odio muy particular, hay que reivindicar, como decía Nacho Vegas en una entrevista, la ternura, esa es la revolución“, concluye.