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20 años de la muerte de Julián Infante

Julián Infante: míster rock ‘n’ roll

El pasado 4 de diciembre se cumplieron 20 años de la desaparición del carismático guitarrista de Tequila y Los Rodríguez

 

IVÁN GONZÁLEZ

En un descanso y en mitad del pasillo, un risueño y vivaz Julián Infante grita “temblad, Los Ronaldos”, dejando atónito a Coque Malla, cantante y líder de la formación. En la recién estrenada década de los 90, Los Rodríguez se preparaban para dar el que sería su primer y mítico concierto en la sala Siroco de Madrid. Lo hacían en los locales de ensayo Tablada 25, aún en activo en el castizo barrio de Tetuán; antes que ellos pasaron por allí algunas de las mejores bandas del pop rock en castellano: Leño, Alaska y Los Pegamoides, Los Secretos, Gabinete Caligari, Antonio Flores y Los Ronaldos entre otros.

La profecía de “el abuelo” —cariñoso apodo de Julián en Tablada— se cumplió y Los Rodríguez se convirtieron en la mejor banda de rock de la década de los noventa. Llegaron a arrebatar el trono a Los Ronaldos, que a su vez lo habían heredado de unos Tequila desaparecidos tiempo atrás y en los que, a su vez, también había militado Infante. Los Rodríguez se mantuvieron lo suficiente como para convertirse en leyenda. Desde entonces, sólo Pereza —ya en los 2000— y Los Zigarros han seguido su estela en la más genuina tradición del rock stoniano en español.

Julito, como le decían cariñosamente sus amigos, empezó tocando junto a Felipe Lipe en la Spoonful Blues Band, una banda de rock sureño que fue el germen de Tequila, la formación de rock clásico en castellano por excelencia en la España de finales de los 70’s y principios de los 80’s. Fueron años de excesos y aventuras desbocadas, tanto por el repentino éxito masivo de la banda y la temprana edad de sus componentes, como por lo que se movía en el salvaje Madrid de aquellos años.

Cuesta estabilizarse cuando termina el torbellino y a veces no se supera nunca. Tras el final de la banda en 1982, llegaron años de idas y venidas en los que Julián tocó con numerosos compañeros. Colaboró con Glutamato Ye-Yé y con Martirio; fue batería con los mejores Pistones, militó con Academia Parabüten y dio una docena de conciertos con Desperados. Allí conoció a Guille Martín (futuro bajista de Los Rodríguez), sin embargo, la diversión era literalmente demasiado para ellos, algo que acabó por precipitar su salida de la banda.

En 1990, TVE buscaba formar una banda con el pretexto de versionar a los Rolling Stones; el parecido de Infante con Keith Richards era asombroso y fue seleccionado; Fernando de Diego y Germán Vilella culminaron un proyecto que adoptó el nombre de Fuera de la Ley. En ese momento, Julián llamó a Arito —así llamaba cariñosamente a Ariel Rot—para que acudiese al concierto de los Rolling Stones en Madrid —Rot se encontraba en Argentina—. Posteriormente, le invitó a unirse a la banda que poco después se transformaría en Los Rodríguez.Mañanas de sol y sombra con Lexatin, cervezas en el bar Pez 18 a mediodía, ensayos por la tarde en Tablada 25, noches de jam en el Al’Laboratorio de Malasaña y madrugadas en “El Ranchito”, la casa de Ariel y Cecilia Rot en la calle Martínez Campos. Llegan los discos, las giras, el éxito y “la enfermedad”.

Julián era míster rock ‘n’ roll, el arquetipo y encarnación del mito por excelencia de “sexo, drogas y rock ‘n’ roll“, el Keith Richards español, más rollinga que los mismísimos Rolling Stones. Ariel Rot dijo una vez, que toda su vida había dominado el arte de bajarse en la penúltima estación, pero que Julián se saltó esa parada. Hace ahora veinte años, el más “calavera entre los calaveras”, que decía Andrés Calamaro, decidió seguir adelante y continuar el trayecto observando el camino inexorable hacia el final, el final de una estrella del rock.