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La Trinidad, rabia pop

El grupo malagueño gira este otoño para presenta  su último EP

 

MARÍA CANET

Vivir para el trabajo de lunes a viernes; quemar el hartazgo de la rutina en algún garito los fines de semana. Esa explosión que supone liberar la rabia contenida que colma, gota a gota, el vaso de las ilusiones y las ganas. Un ejercicio purgatorio, paréntesis de vida entre las semanas que vuelan mientras se circula en modo automático. La marca de una generación que trata de mantenerse a flote entre la precariedad y las aspiraciones en una sociedad cada vez más líquida, donde todo es relativo, efímero y se construye a base de dudas, no de certezas. Una sociedad y una generación a la que cantan La Trinidad.

El cuarteto malagueño publicó su primer trabajo, Los Edificios Que Se Derrumban (Sonido Muchacho, 2020) cuando los cimientos que sostenían las sociedades occidentales mostraron su falta de consistencia ante la pandemia. A medio camino entre dos bandas paisanas, el pop estival de Airbag y el inconformismo próximo al punk de Biznaga, la propuesta de La Trinidad es incisiva, analítica, reivindicativa, pero a la vez bailable. Un trabajo oscuro que bebe del post punk, el garage o el pop y en el que la decadencia sociopolítica, lo cañí y la reivindicación de antihéroes de extrarradio son protagonistas. Temas como ‘La Clase Media’  ponen el foco en el resentimiento latente en unos jóvenes marcados por la falta de oportunidades a pesar de su amplia preparación. Otros como ‘España Invertebrada’ esbozan un buen reflejo del país a base de humor ácido.

El pasado mes de mayo, los malagueños volvían al ruedo con la publicación de ¡Qué Asco de Primavera! (Sonido Muchacho, 2022), un EP de tres canciones más luminoso, en el que los sintetizadores ochenteros, el amor y la melancolía cobran mayor presencia. La crítica sociopolítica y las reflexiones filosóficas se mezclan en esta ocasión con guiños culturales (Juana de Arco, la Venus de Milo, La Espuma de los Días), episodios de nostalgia y enamoramiento. ‘Jorge Enamorado’, que arranca con una oscura distorsión en la onda de su predecesor, rompe entre guitarras pop y sintetizadores que evocan recuerdos de instituto. Más enérgica y vital, ‘Las Vistas del Barrio Alto’ es un hit de pop redondo con un pegadizo riff inicial y un estribillo entre la euforia y la intensidad; como presenciar a través de una canción el inicio de una relación. Tras la evasión y los alicientes que animan el día a día, ‘Las Horas Que Trabajo’, con un claro deje Smiths, es un bofetón de gris realidad, como el despertador que abruptamente interrumpe y acaba con el sueño (y los sueños) el lunes por la mañana. Ahora que el verano se despide oficialmente y el olor a salitre parece una ilusión, La Trinidad agitan sus guitarras para combatir la asfixiante realidad, mientras los toques electrónicos arrojan luz sobre la desazón de la rutina.

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