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Las carreteras infinitas de la música americana

Reflexionamos sobre la música americana, un concepto que rompe las barreras de los estilos musicales

MARÍA F. CANET

Hablar de la música americana como un único estilo es algo complejo. Numerosas carreteras secundarias derivan en una principal, contribuyendo a su riqueza. Como diría Manolo Fernández (Toma Uno) la americana es un gran paraguas que abarca desde el bluegrass, al rock sureño, pasando por el country o el sonido California. Un concepto que abarca muchos y diferentes estilos, que podríamos definir como la música del pueblo norteamericano, algo que podría incluir hasta artistas de soul, gospel o blues. Los diferentes sub-géneros de la música americana se han retroalimentado a lo largo de los años, algo que podemos ver reflejado en la película Great Balls Of Fire, donde un niño llamado Jerry-Lee Lewis acudía en secreto a los bares de Blues para escuchar a esos músicos.Pero los orígenes de la americana seguramente se encuentren en la vieja Europa: esas primeras guitarras partiendo del puerto de Cádiz y otros instrumentos de Francia o Inglaterra en época de grandes expediciones y conquistadores.

Tampoco debemos olvidar que el concepto americana incluye también a la música latinoamericana. Prueba de ello son figuras fronterizas como Warren Zevon, Santana o Linda Ronstadt, reflejo de la influencia latina en los sonidos norteamericanos.

Así mismo, el rock, ha tenido una gran influencia sobre el country más puro. Los Beatles o los Rolling Stones revolucionaron también este género, un impacto reconocido en bandas como The Byrds, y especialmente en figuras como la de Gram Parsosn. Artistas actuales como Wilco o Ryan Adams apuestan por una revisión de los sonidos tradicionales norteamericanos desde una fuerte impronta rock, siguiendo la senda trazada por Tom Petty y sus Heartbrakers, que mezclaron como nadie rock and roll y sonidos sureños.

La americana trata de ligar la música a un lugar físico; es algo más que un vaquero tocando el banjo en un porche. América siempre se ha identificado como una tierra de oportunidades, algo que ha quedado reflejado en su música, con diversos estilos reinando en Estados Unidos: desde el Blues de Chicago o Nueva Orleans, al country más primigenio de los estados del sur, o los sonidos más melódicos de California, el sonido Detroit con sus poderosos vientos, la marca Philadelphia en la música negra de los setenta, pasando por el swing y las Big Bands en las grandes ciudades como Nueva York.

La música americana ha sido un vehículo a través de la cuál narrar la historia del país, construida a través de las historias personales de sus ciudadanos. El gospel nos hace llegar el llanto de los trabajadores de los campos de algodón que piden ayuda a Dios. El blues nos narra en muchas ocasiones el sufrimiento de la clase obrera y de la raza negra. El bluegrass ha sido una herramienta para narrar las duras condiciones de vida de los habitantes de los Apalaches. Woody Guthrie, máximo exponente del folk norteamericano, narró un periodo crítico de su país, hablando sobre las consecuencias de la Dust Bowl y de la Gran Depresión de los años treinta, en temas como This Land Is Your Land o Dust Bowl Blues. Su tierra, Oklahoma, fue una de las grandes afectadas por la sequía de esos años, provocando que sus habitantes, los conocidos okies, la abandonaran rumbo a un futuro mejor en California. Esto ha marcado fuertemente el carácter de sus habitantes -férreos supervivientes- y su música, dando personalidades tan brillantes como Wanda Jackson o Leon Russell. Ya se sabe, “¿qué tendrá el agua de Oklahoma…” .

Resulta curioso que los okies abandonaran sus tierras para ir a California, un Estado donde la vida era mucho más agradable. Esto es palpable en su música; un canto a la libertad, materializado en el movimiento hippie de los sesenta. En las colinas de Laurel Canyon, la canadiense Joni Mitchell compuso parte importante de su obra, empapada de la influencia de Crosby, Stills & Nash. También se materializó en la ciudad de Los Ángeles, en locales como el Whisky A-Go-Go, donde ofrecieron sus primeros conciertos los Doors. The Mamas And The Papas, Scott McKenzie, Buffalo Springfield con Neil Young como uno de sus miembros, o Jackson Browne son un claro ejemplo del sonido California, que nos invita a disfrutar de la vida y a dejar las preocupaciones a un lado.

Por su parte Hank Williams, se convirtió en el padre del country primigenio, abanderado del estilo desarrollado en los Honky-Tonks de carretera, cuyo testigo recogerían más tarde figuras como Gram Parsons o Emmylou Harris. Una música que hacía un guiño a perdedores y corazones rotos que van a llorar sus penas a la barra de un bar de carretera, mientras toman un Whisky y escuchan el canto desgarrado del corazón roto de Tammy Wynette.

Y, como no, llegamos a Dylan. Mr. Zimmerman, que recogió el testigo de estos trovadores de la primera mitad del S.XX, para convertirse en el principal cronista de la segunda mitad de siglo. Dylan es el mejor ejemplo de diversidad de la música americana. Primero como representante de la canción protesta en su fase más folk junto a Joan Baez, posteriormente, introduciéndose en el rock tras su encuentro con los Beatles, algo que acabó de materializarse cuando The Band se convirtió en su banda de acompañamiento. Posteriormente hemos conocido al Dylan crooner, al Dylan Bluesman, o a Dylan cantante de Jazz. Como no olvidar la constante presencia de coros soul o gospel en temas como Changing Of The Guards.

Los denominados outlaws, esos forajidos, en su mayoría músicos texanos como Guy Clark, Willie Nelson, Waylon Jennnings o Twones Van Zandt, dieron rienda suelta a un estilo que reflejaba el modo de vida de estos tipos solitarios, libres, huyendo de la ley. También encontramos odas a esta soledad y a este vivir al margen de la ley en la famosa figura del Desperado, que vaga por el desierto sin rumbo fijo, al que cataron los Eagles. O qué decir de los cowboys y su vida en el rancho o en el rodeo, de los que nos hablan Johnny Cash o la mismísima Judy Collins.

Pero encontramos también rebeldía materializada en el rock sureño, en grandes bandas como Lynyrd Skynyrd, la Creedence Clearwater Revival, los Allman Brothers o los Black Crowes, que abordan las temáticas tradicionales de la música popular norteamericana desde una vertiente más rockera. ¿Quién no ha soñado con conducir una Harley por la Ruta 66 mientras sonaba el Born To Be Wild de Steppenwolf?

https://youtu.be/W3UgO6Ib_4Q

La música americana nos lleva a recorrer carreteras con la ventanilla bajada y el viento de cara. Te lleva a enfundarte unas botas, montarte encima de un caballo y galopar por las grandes llanuras, a ir a un Honky Tonk a beber Whisky cuando te han roto el corazón, recorrer las playas de California en furgoneta, sentir el polvo sobre el rostro de los trabajadores de la tierra, o el dolor de un outlaw. La música americana invita a disfrutar de la vida, pero también a hacer frente a la cruda realidad. Es, en definitiva, música para soñar.