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Luis Prado

Luis Prado: tragicomedia pop para piano

El músico alicantino, líder de Señor Mostaza, publicaba el pasado febrero El Tsunami Emocional, su segundo disco en solitario

 

 

MARÍA F. CANET

En la camiseta que luce Luis Prado (Alicante, 1972) puede leerse “The piano has been drinking” junto a una fotografía de  Tom Waits. Parece que el músico es incapaz de separarse del instrumento que, en sus propias palabras, le eligió cuando tenía 4 o 5 años: “Me da envidia la gente que dice “recuerdo cuando tenía 11 años y me regalaron mi primera guitarra”, porque yo no recuerdo cuando empecé a tocar el piano”. Es una tarde primaveral de marzo y el sol pega con fuerza en una terraza de La Ciudad de la Imagen, complejo de oficinas dedicadas al mundo audiovisual de las afueras de Madrid. Un lugar desangelado, donde apenas se encuentran un centro comercial y alguna franquicia de conocidos restaurantes, y que, sin embargo, pegaría en una de las letras de El Tsunami Emocional (Hall Of Fame Records, 2021), el segundo trabajo en solitario de Prado.

Reconocido teclista, solicitado por Miguel Ríos o Ariel Rot entre muchos otros, el alicantino ha aprovechado la larga pausa que se tomó su banda, Señor Mostaza (desde 2017 no publican nuevo material) para centrarse en su carrera en solitario. En 2016 publicaba Mis Terrores Favoritos, al que siguieron los dos volúmenes Luis Prado Plays Standards Vol.1 y Vol.2, con versiones a piano y voz de temas de los Beatles, Nacha Pop, Bowie, Sinatra o Rosendo. A finales de 2019, veían la luz, a modo de sencillo, ‘Deberías (hacer algo con tu vida)’ y ‘Tu Red Social’, dos canciones que fueron “una excusa para tocar. Quería que el disco fuera realmente algo nuevo, así que decidí hacer esa transición”.  Prado, que también es profesor de piano, afirma compaginar bien estas diferentes facetas: “Mentalmente lo veo sano, entiendes un poco a todo el mundo y lo hago con gusto. Cuando me da tiempo a todo, funciono bien así”.

Cuando llegó el confinamiento, “ ¾ partes del álbum estaban acabadas”, aunque el proceso de grabación ha sido mucho más complejo: “Los arreglos de violín con Manu Clavijo se hicieron a distancia y ha sido más difícil”, comenta mientras bebe una coca-cola. Como ya sucediera con su predecesor, el propio Luis ha grabado todos los instrumentos, algo con lo que disfruta enormemente porque “no me pongo tanta exigencia como con el piano”. A pesar de las ventajas que ofrece tal proceso —“vas directamente al estudio y lo construyes desde ahí; no te hace falta pasar por el local de ensayo”—, admite echar de menos “la interacción con tus amigos”. Producido por José Nortes (Coque Malla, Morgan, Ariel Rot), el elepé es musicalmente más complejo que Mis Terrores Favoritos —“Quizás había muchas canciones a piano-bajo-batería y en este igual he enriquecido más los arreglos; tengo obsesión por no repetirme mucho”—, y  posee una estructura de ópera rock. El aroma ochentero se percibe a lo largo del álbum; la impronta de la ELO —“ inevitable por el uso del sintetizador vocoder”— es evidente en ‘Todo está decidido’, mientras que ‘Una última vez no importa’ bebe de grupos como La Mode:  “Coincidió con que Nortes se compró un montón de sintetizadores analógicos y a mí me apetecía probar solos con eso en vez de con guitarras”.

El pop sesentero y algo barroco al estilo Beatles y Beach Boys es un faro que siempre ilumina las composiciones del alicantino: “Los Beatles son los padres del invento, tienen una trayectoria muy divertida y sirve de nexo común con mucha gente. También tengo otras filias, me encantan los Kinks, Bowie y la gente que ha tocado con él como Mick Ronson, pero los Beatles en relación calidad precio… No se da tanta cantidad de canciones buenas en tan poco tiempo y en una misma formación. Me gusta hasta Ringo en solitario”, comenta entre risas.

En cuanto a las letras, el humor y el sarcasmo reinan en el universo pradiano: “No veo otra forma de contar las cosas, sobre todo para hacerlo de forma personal, porque al final hablo de temas que se han tratado mil veces. El cuerpo me pide es barniz, incluso me tengo que frenar”. Aunque la mayoría de títulos parecen hacer referencia a la crisis sanitaria, señala que “la pandemia no ha influido tanto en las letras como parece. Cuando acabó el confinamiento añadí ‘El fin del mundo es ya’ y cambié alguna.  ‘Te Vi Terraplanista’, habla de la sorpresa que te llevas al descubrir la opinión que conocidos tuyos emiten en redes sociales; este año se ha acentuado todo, aunque el terraplanismo lleva ya tiempo con nosotros”, comenta con ironía. El mundo digital es recurrente en su prosa, como ocurre en el tema que da nombre al disco: “Nos pasamos media vida ahí, y más ahora. La canción habla de un proyecto de educación emocional a base de tutoriales, el personaje va probando de todo y va viendo que no funciona. La frase “me tragué una charla TED/ y tuve que ir en Euromed” es mi favorita de todo el disco. Es una rima directamente heredada de Siniestro Total”, confiesa.

Dar brillo a los detalles de lo cotidiano es otro don del compositor; ‘No Puedo Olvidarte’, un tema entre The Band, el vodevil o Randy Newman, Prado usa una medida del tiempo basada en elementos del día a día como el consumo de orfidal, capítulos de Breaking Bad o cortes de pelo: “Debe de haber millones de canciones sobre una persona no puede olvidar a otra, pero lo que me atraía era ese concepto del tiempo; medirlo, por ejemplo, en cortes de pelo. Supongo que estaba pensando que debería cortármelo más a menudo, y hay veces que dices  ‘hace 2 cortes de pelo que no veo a esta persona’ ”.

A pesar del tono apocalíptico del disco, Luis Prado siempre arroja luz y optimismo, como ocurre en temas como ‘Me Río (El Crash)’: “Está compuesta por 3 partes diferentes y me costó encajarlas. El personaje de la estrofa está lamentándose y el del estribillo lo intenta arreglar, pero tampoco está muy convencido, son las diferentes facciones de uno mismo”, apunta. ‘Recomenzar (Resetear y Tal)’, más melódica y en la onda Beatle, habla de “del momento de tener que volver a empezar en cualquier situación, desde una mudanza o cambio de trabajo, el tener que volver a levantarse”. La tragicomedia hecha canción, así podría definirse la música de Prado: “La letra, según la música con la que vaya, puede transmitir una cosa u otra. También me gusta empezar una canción con tono jocoso y que acabe en un tono más sentido o viceversa, empezar sentido y arreglarlo luego. Me gusta ese contraste para no cortarte las venas directamente”, añade entre risas.

Destacan los guiños al cine: la tenebrosa sección de cuerdas “a lo Psicosis” de ‘Me Río (El Crash)’ o ‘Quédate Con Nosotros’, por “el cliché de las pelis en el que hay alguien que destaca y llega otra persona y dice “quédate con nosotros que tú eres el que vale”. Se ve en muchos biopics de famosos, de hecho, en la intro hay una frase del doblaje sudamericano de la peli de Queen, cuando le ofrecen a Mercury dejar el grupo”. La cultura televisiva también tiene su hueco; si en ‘El Fin Del Mundo Es Ya’ menta a Ana Blanco, en ‘Vals del Montón’, que parece salida de un musical, destaca a Quique, personaje de la serie Verano Azul: “A veces para explicar algo viene muy bien una imagen, si dices quique de verano azul hay un porcentaje importante de gente que lo va a entender, otro no, peor me arriesgo. Nunca había conseguido hacer canciones ternarias que vayan a 3 como el ritmo del vals”.

Mientras espera poder presentar El Tsunami Emocional en directo, Luis Prado se dedica a tocar “canciones de otros, es lo que más hago durante el día, no componer canciones mías”, y a volver a los clásicos: “Últimamente me ha dado por escuchar cosas de Abba que no había escuchado, aunque voy saltando mucho. En cuanto a grupos actuales me gustan mucho The Lemon Twigs o Foxygen”. Aunque destaca a bandas del panorama nacional como INC o Los Estanques, admite necesitar una “puesta a punto de bandas actuales. No es como cuando tenía 20 años que estaba más metido en la escena, ahora soy un señor que de vez en cuando sale a tocar”, comenta con sorna. Por fuerte que sea el tsunami, Luis Prado logrará sortear sus olas, haciendo equilibrismo entre la comedia y el drama, pero, siempre, sobre las teclas de un piano.