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Mick Rock, el hombre que fotografió los 70

La vida le dotó de un apellido que muchos desearían, y acabó honrándolo siendo uno de los fotógrafos más importantes en la música

 

CRISTINA G. HERNÁNDEZ

Sus inicios en la fotografía coincidieron con sus primeros años en Cambridge, mientras estudiaba Lengua y Literatura, cuando comenzó a coquetear con el LSD. En uno de esos viajes comenzó a echar fotos presa del asombro que le producía el click al disparar. Todo esto era sólo el principio de toda su carrera profesional, completamente autodidacta y casi siempre influenciada por las drogas.

Por aquel entonces, como buen estudiante, Rock se ganaba el pan vendiendo a revistas sus fotos y pequeñas reseñas de bandas que tocaban en bares de Londres. De una forma u otra eso le llevó a conocer a Syd Barrett, recién salido de Pink Floyd por sus excesos con el ácido. Le parecía sacado de otra época, un poeta de otro mundo, fuera de sitio, así que Mick trató de capturar esa aura de melancolía que desprendía en la sesión de la que salió la portada de The Madcap Laughs, primer disco de Syd en solitario.

A principios de los 70 conoció a David Bowie pocos años antes de su transformación en Ziggy Stardust, cuando sólo iban a verle 400 personas en Londres. En uno de ellos fue donde Rock capturó la icónica foto “Guitar Fellatio”, en la que Bowie, prácticamente de rodillas, toca con los dientes la guitarra de Mick Ronson. A partir de entonces, la relación de Rock con Bowie se fue consolidando hasta tal punto que se convirtió en su fotógrafo personal, yendo con él de gira y capturando cada detalle de la vida de una rock and roll star.

Durante los años como fotógrafo de Bowie, Rock reunió una cantidad enorme de fotografías que fue tomando en conciertos, camerinos y fiestas por las que se dejaron caer en aquellos años en los que la industria musical estaba boyante y los grandes artistas eran también grandes amigos. El propio Rock dice que los veía -y los ve- como criaturas no humanas, seres que emanaban energía por cada poro de su piel y que era eso lo que él capturaba cuando se subían al escenario, haciendo que las masas se volvieran locas cuando sus ídolos aparecían. Imagínense la fuerza que tenían que desprender Bowie como Ziggy Stardust, Iggy Pop o Freddie Mercury con sus narices hasta arriba de cocaína encima de un escenario.

De esta etapa, marcada por el traslado a Nueva York y los ríos de alcohol y drogas, es cuando surgen sus fotos más icónicas, aquellas en las que aparecen David Bowie y Lou Reed besándose en frente de Mick Jagger, Jagger con Andy Warhol, Iggy doblándose hacia atrás en el escenario o la mítica foto de Lou Reed que acabaría siendo la imagen del Transformer. Además, por delante de su objetivo pasaron artistas de la talla más alta como Debbie Harry, Joan Jett o los Ramones, dejando en sus manos las portadas de sus discos.Dentro de su prolífica creatividad, también participó como director de fotografía en The Rocky Horror Picture Show y en los videoclips para Space Oddity y Life on Mars de David Bowie.

Durante los 80 y 90 su carrera siguió en la cima, poniendo frente a su objetivo a personalidades que estaban en sus mejores años, como Tina Turner, Madonna, Motley Crue e incluso Kate Moss, pero sin dejar nunca de disparar a la gente con la que creció, las grandes estrellas de los 70.

Tras tres infartos debidos al exceso con las drogas, especialmente la cocaína y el speed, tras haber estado hasta cinco días sin dormir y tras haberse perdido la boda de David Bowie, Mick Rock decidió desintoxicarse y ceder su vida al yoga y al café. Sigue haciendo fotos y sigue capturando el aura de todos los que se ponen frente a su cámara, entre ellos Daft Punk, Pharrell, Queens of the Stone Age, Jack White o Father John Misty, aunque con la tranquilidad y la perspectiva que le da haber dejado atrás el desfase de los años 70.