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Moses Rubin: cuando los sueños de infancia se convierten en la única certeza

El madrileño acaba de publicar su segundo disco bajo la impronta del rock setentero, el folk y la música negra

 

MARÍA CANET

Con apenas siete años, Moisés Rubin de Célix (Madrid, 1990) fantaseaba con “dar conciertos en la azotea”. Emular a sus grandes ídolos, los Beatles, —“mi mejor amigo del cole era escocés y le pedía que me tradujera sus canciones en español; mi peli favorita era Help…”— era el principal juego de un niño que sostuvo por primera vez una guitarra, la de su tío, con tan solo tres años. Un instante que sus padres inmortalizaron en la fotografía que hoy ilustra la portada de Dreams and Certainties (autoeditado, 2022) su segundo elepé como Moses Rubin.  Esos sueños de infancia alimentados por viajes en coche en los que sonaban Solera, Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, Cecila o Paul Simon, son hoy una realidad compartida con amigos como Germán Salto, Los Estanques, Morgan o Pablo Solo, junto a los que forma parte de una escena que ha renovado el pop-rock nacional. Además de un ADN musical en común, a ellos le une también el idioma: “no descarto componer en castellano, pero quiero encontrar mi voz. Me gusta más lo melódico, a lo rock argentino; soy muy fan de Spinetta”.

Rubin debutó en 2016 con Subtle Atmospheres (autoeditado), un elepé de pop luminoso que recogía “las ocho mejores canciones que había compuesto en siete años”, bajo la producción de Ramiro Nieto (Mucho, Salto). Con el EP acústico Leeds (autoeditado, 2018), testimonio sonoro del año que vivió en Inglaterra mientras estudiaba un máster en comunicación política, anticipó su vertiente más folk. Cinco años y un crowdfunding después —“me alucina que la gente haya depositado su confianza en mí antes de escuchar el disco”—, Dreams and Certainties, cuya grabación se vio interrumpida por la pandemia —“el confinamiento llegó cuando nos quedaban algunas sesiones de grabación. Creo que eso ha hecho que sea un disco mejor”— presenta al Moisés más ecléctico con el objetivo de “volcar todo lo que soy. Tengo gustos muy diversos, no me gusta acotarme a un estilo. Los discos que más me gustan son los más libres; es genial que exista un White Album donde tengas ‘Martha My Dear’, ‘Hapiness Is A Warm Gun’ o ‘Yer Blues’ ”, afirma. Grabado en los estudios Audiomatic de José María Rosillo (Deluxe, Marlango, Jorge Drexler), quién también ha participado en la producción, y masterizado por Jacobo Naya (La MODA), el álbum otorga protagonismo a la fusión de estilos (rock psicodélico, blues, soul, gospel, folk, pop…), la experimentación y los pasajes instrumentales. Un proceso en el que Lete G. Moreno (batería), Sergio Valdehita (teclados) y Rodrigo García (bajo), integrantes de la banda que acompaña a Moses, ha sido clave: “lo hemos producido entre todos. Con Lete llevo tocando prácticamente desde la adolescencia, con los primeros grupos que tuve. Voy en solitario en lo que respecta a componer las canciones, pero el proyecto somos cuatro”, sentencia.

“No me gusta acotarme a un estilo. Los discos que más me gustan son los más libres”

Con una fuerte reminiscencia a las décadas de los sesenta y setenta en lo musical, las letras ahondan en la falta de expectativas y esperanzas de una generación, la de los actuales treintañeros, que ven como las certezas de antaño (formar una familia, comprar una vivienda, estabilidad laboral…) hoy son sueños prácticamente inalcanzables. Una frustración que se palpa desde los primeros acordes de ‘What I’m Doing Now’, un tema de guitarras hendrixianas, groove funky y estribillo melódico, que junto a  la claptoniana ‘Interlude’ y ‘Sunday’, que rezuma nostalgia al estilo Nick Drake, conforma “un medley. En esas tres primeras canciones está resumida la esencia del disco”. La tiranía del neoliberalismo aparece en ‘You Know The Answer’, simulación de una conversación “conmigo mismo” entre la desazón y la búsqueda de una reacción, simulada a través del crescendo del estribillo, como si la consciencia se manifestara. Un tema que Moisés compuso al empezar a trabajar en una gran consultora “de esas que despersonalizan a la gente, estuve casi tres años hasta que encontré la puerta de salida. Me hizo ser quién no era, me generó mucho sufrimiento, muchos problemas a nivel personal”, narra. Un cambio de vida que se atrevió a emprender y que ha plasmado en ‘The Big Flaw’, un canto desgarrado a la liberación y a la fortaleza personal entre riffs a lo ZZ Top y guiños a los Rolling Stones del Exile On Main Street, que entona junto a Juno Kotto King: “quería un dueto a lo ‘Gimme Shelter’. Es un tema que habla de empezar a comportarme como yo quería y no cómo la gente esperaba que yo fuera. Ahora trabajo en marketing musical y estoy mucho más contento”. Nebulosa y cruda, como esa promesa de futuro intangible, ‘Dreams and Certainties’, destaca por la particular percusión en la onda del ‘Black Bird’ de los Beatles: “a Lete se le ocurrió meter la palma de su mano restregándose por el vaquero y un micro en el pie que va pillando su taconeo”, explica.

Esa sensación de falta de rumbo que evoca el vaivén de armonías con furiosas guitarras se compensa con piezas más serenas y reflexivas como ‘What We Might Forget’, entre arpegios que recuerdan a Neil Young y un slide harrisoniano a dos guitarras —“habla de esas cosas que puedes perder cuando no estás en el sitio adecuado”— o ‘Berodia’, que compuso durante unas vacaciones familiares en una aldea asturiana: “me sentí tan bien, que me plantee el reto de componer una canción que saliera íntegramente ahí. Estaba leyéndome una biografía de Nick Drake, de ahí que tenga ese toque folk, el guiño a la luna rosa”, cuenta. ‘Morning Sun’, originalmente concebida “como una parte C de ‘You Know The Answer’. Los chicos me insistieron para que fuera otro tema”, despliega solemnidad entre los celestiales teclados de Valdehita y los coros —“quería que fueran como los del Let It Be que grabó Phil Spector”— de las hermanas Bea e Idoia Asurmendi.  La luminosidad pop de ‘Running Far Behind’ o las alegres acústicas a lo Byrds de ‘Endless Conversation’, tema que es un guiño a su pareja —“siempre le digo a mi novia que empezamos a hablar hace 10 años y no hemos terminado. Así concibo las relaciones amorosas o de amistad, como una conversación que se alarga en el tiempo”— aportan ligereza al elepé. La desnuda ‘Me and my Birds’ es la encargada de cerrar el álbum con una metáfora  sobre la libertad: “los pájaros que hay en mi cabeza no pueden pasar por determinados aros. Al final creo que hago canciones en las que las estrofas son pesimistas y los estribillos los contrasto con una esperanza”. Moses Rubin se agarra a esa ilusión de infancia que hoy se ha convertido en una de sus pocas certezas.

PRESENTACIÓN EN MADRID 13 DE OCTUBRE