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Niña Polaca: “Somos rock para llorar y cagarse en la gente”

Aupados por potentísimos directos y energía canalla, la banda más prometedora de la escena nacional nos habla sobre su nuevo álbum 

 

RAQUEL ELICES

Las entrevistas con Niña Polaca deberían hacerse siempre en la plaza del Dos de Mayo, con la estampa cotidiana de Malasaña de fondo. Un grupo de colegas, unos litros y el fin de semana a punto de estallar en el centro de Madrid. Muy cerca de allí se encuentra El bigote del Greco. Un lugar de referencia para la banda, el bar en el que han arrancado más de una noche de juerga y uno de los sitios que inspiraron el éxito con el que muchos descubrieron a la banda, Madrid sin ti, un himno que resonó fuerte en mitad del confinamiento y les llevó a estar en boca de todos. Esta vez, eso sí, a Surma, Sandra y Beto no les parece feo entrar dentro a echar unas birras, aunque hoy les falta su batería, Kobbe.

“Me han hecho más entrevistas como miembro de Ginebras que de Niña Polaca, pero con ellos siempre hay cerveza. No está nada mal”, confiesa Sandra mientras da el primer sorbo a su doble. La guitarrista, que hace sonar sus cuerdas en ambas formaciones y en su proyecto personal Grasias, fue la última en incorporarse al grupo. Lo hizo justo cuando acababa de empezar los ensayos con Ginebras, el cuarteto que forma con Magüi, Raquel y Juls.

El nexo entre ambas formaciones es más que palpable. Es habitual verles compartiendo escenario en sus bolos y este 4 de junio lanzan juntos Magaluf. La colaboración es el tercer avance del nuevo disco de Niña Polaca (tras Joaquín Phoenix y Garabatos, Despedidas) en el que los ocho alían guitarras, batería y voz para recordarnos, con su ironía habitual, lo mal que nos caen los guiris en España.

 

Raquel, Sandra y Beto (arriba); Juls, Kobbe, Magüi y Surma (abajo)

El tema formará parte de su próximo disco, un trabajo que se publicará este otoño y con el que la banda entra por primera vez en un estudio de grabación profesional. “Hemos pasado de grabar en la casa del abuelo de Beto a hacerlo en un estudio, con la producción de Dani Alcover”, cuenta Surma. Pero la esencia no cambia. “Siguen siendo canciones de rock para llorar y cagarse en gente. Con un sonido más crudo, con más tóner y más heavy”. Un ejemplo de ello es el primer adelanto que lanzaron a principio de año, Joaquin Phoenix, un tema con guitarras que parecen estar en carne viva, excitantes cambios de ritmo y mucha rabia. “El principal cambio es que hemos pasado de grabar nuestro primer disco en una casa de campo a poder gritar a tope en un estudio. Alcover ha sabido captar muy bien nuestro estilo y ha sacado la garra que teníamos dentro”, cuenta Surma, vocalista de la banda y principal compositor de las letras, junto a Beto. “Normalmente Surma trae los temas que ha escrito y juntos los pulimos para engrandecerlos y que suenen potentísimos”, apunta Beto.

Niña Polaca es el fruto de una buena conexión vecinal, así fue como Beto y Surma forjaron su amistad en el verano del 2017. Ambos acababan de instalarse en Malasaña, pero no se conocieron hasta que el sonido de sus guitarras se coló por el patio interior del edificio en el que ambos vivían. “Le escuchaba todas las noches dándole a las cuerdas”, recuerda Surma. Varios encuentros después y un intercambio en Wallapop con un lote hicieron el resto. Kobbe se uniría más tarde, a través de la banda que por aquel entonces compartía con Beto y otros amigos. Un grupo llamado Sapiensfilia en el que, armados con un plátano, mucha guasa, energía punk y un sonido gamberro, experimentaban a base de guitarrazos y baterías salvajes.

 

 

Algo de todo aquello hizo vibrar los primeros latidos de Niña Polaca que tomó forma y nombre un año más tarde. La revelación surgió tras un viaje de tres semanas hasta Polonia y ganas de ligar. Sandra, que llego poco después, lo resume brevemente: “Son heterobasicos y querían saber cómo se decía niña en polaco”. Bromas aparte y con la segunda ronda de cervezas ya en la mesa,  Surma recuerda que él sabe polaco gracias a su padre y les echó un cable en aquella hazaña de la que salió el nombre. Con todo, también explica que sus raíces europeas le han influido en alguna cosa más. “Crecí escuchando los temas que me ponía mi padre. Siempre música en inglés, mucho Bruce Springsteen, Eric Capton”. De hecho, Surma asegura que hasta hace 4 o 5 años no había escuchado casi música en español. “Suelo escuchar mucho a los Liberty, Arctic Monkeys, The Maccabees…”, enumera entre las bandas que más le marcan a la hora de componer.

Una amalgama de referentes anglosajones que se cuelan en las canciones de Niña Polaca, pero que también se mezclan con el sonido patrio de La Movida, de la que todos se declaran fans, y del empuje de una escena surgida al calor de las salas como el 2D, Café la Palma o el Lucy in the Sky en los que Niña Polaca ha compartido espacio y fiesta con bandas como Camellos, Ginebras, Margot, Karavana o Jordana B. “Madrid me dio la vida, me voy a ir de Malasaña y me muero”, cuenta Surma, que no ha dejado de inspirarse en el barrio, la gentrificación y sus gentes para componer con mucha ironía himnos como Pinta Malasaña en los que cantan eso de: “Moríos modernos / banalizando la ansiedad / sois la policía / poniendo multas sin parar / He sacado la guitarra / y defiendo un criminal”.

 

Los bolos se fueron sucediendo hasta que en 2019 actuaron en la Wurlitzer. “Fue el primer concierto de verdad, con mucha gente. Fue brutal” recuerda Beto. Su directo potentísimo hizo ganar a la banda más y más adeptos, hasta que llamaron la atención de Carlos Galán, del sello Subterfuge. Así arrancaba 2020, con Sandra ya dentro de la banda y un futuro prometedor por delante tras su fichaje en la reconocida discográfica. Pero la pandemia lo paralizó todo. “Fue un mazazo”, reconocen.

Un año más tarde, las cosas han cambiado. Madrid parece estar volviendo a ser (incluso sin ti) la que era, con sus madrugadas en los tejados y sus cielos alumbrando las calles de la capital. El pasado mes de febrero, la música en directo de Niña Polaca volvía a colarse en el Teatro Nuevo Alcalá. “Fue nuestro primer concierto en pandemia y la gente lo dio todo, se sabían todas las letras“, cuenta Sandra. “Fue una salvajada”, añade Beto. Llegaron allí con todo vendido y las ganas de comerse el escenario tras meses ensayando desde casa. “Madrid en pandemia ha sido como uno de esos colchones de Ikea que te los dan comprimidos y no crees que de ahí pueda salir un colchón, pero en cuanto los sueltas se hacen enormes y cuando nos suelten en Madrid nos expandiremos igual”, bromea Sandra.

El próximo 6 de junio será el momento de expandirse como la espuma. El Teatro Lara de Madrid vivirá este próximo domingo la explosión definitiva que Niña Polaca lleva esperando desde hace tiempo. “¿Puedo dar besos a todos los de la primera fila?”, pregunta Sandra emocionada a Surma y Beto. Toda la banda vislumbra ya ese momento en el que podrán salir al escenario a defender sus himnos y adelantarán varios temas de su próximo disco. Lo que es más que seguro es que no están solos. “Cuando salgamos de esto nos vamos a dar un baño de masas incréible“, auguran mientras salen los primeros chupitos de la noche.