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Steve Hackett, cinco décadas sin rendirse al silencio

Analizamos el último trabajo del veterano músico

 

RAMÓN GARCÍA

Mientras que con muchos menos años de carretera, otros viven de las rentas de sus obras legendarias, el veterano guitarrista Steve Hackett jamás ha dejado de avanzar. Así lo demuestra su nuevo trabajo Surrender of Silence (InsideOut Music, 2021). Y todo ello sin olvidar que en los últimos años ha sido el único capaz de llevar al directo con dignidad, haciendo vibrar a los nostálgicos de la ‘era Gabriel’, el legado de Genesis. Una banda en la que, aunque su opinión nunca se tuvo demasiado en cuenta, dejó su impronta para siempre. 

Hackett fue uno de los inventores del tapping y su apabullante técnica con todo tipo de guitarras está fuera de toda discusión. Durante toda su carrera ha coqueteado con el blues, la clásica y el folklore de muy diferentes culturas, pero tiene la rara habilidad de conseguir llevárselo todo a su complejo universo. Aunque editó sus mejores obras en solitario cuando los del punk triunfaban a base de no saber tocar ni tres acordes seguidos, ha continuado grabando discos repletos de música original desde su marcha del gigante del progresivo en los setenta. Pueden gustar más o menos, pero no hay duda de que hablamos de un currante con talento. Este nuevo trabajo es la prueba palpable de que, a sus 71 años, pocas veces pierde su estado de gracia. 

Esta nueva producción forma parte de una especie de tetralogía que comenzó en 2015 el excelente Wolflight, solo interrumpida por el acústico y algo más flojo Under a Mediterranean Sky editado a inicios de este mismo año. Se rodea, además, de un auténtico dream-team del prog con, entre otros, Roger King en los teclados, el excelente bajista de The Tangent, Rob Townshend, y dos baterías de auténtico infarto, Nick D´Virgilio y el legendario Phil Ehart.

The Obliterati es la obertura con la que arrastra al oyente a su mundo de fantasía con tintes ecológicos, algo que preocupa mucho al guitarrista en estos últimos tiempos. A destacar la excitante Relaxation Music For Sharks, la vigorosa Held in the Shadows, la más hard rockera Fox´s Tango o la impresionante The Devil´s Cathedral, con un turbador órgano de iglesia que introduce en un sonido prog clásico al que da aún más brillantez su vocalista habitual, Nad Sylvan. Los toques más sinfónicos llegan de la mano de Natalia, evocando a la madre Rusia. Su ración de world music se esconde en Shanghai to Samarkand, pero también en la decepcionante Wingbeats, en la que el nivel baja hasta el punto de asistir a un The Lion King descafeinado o a los peores momentos de Oldfield en The Millenium Bells. Un traspiés perdonable dado el alto nivel del resto del disco.

Aunque casi no tengan reflejo en los medios tradicionales, hoy en día se continúan grabando excelentes discos de progresivo a cargo de nuevas bandas en todas partes del mundo; si hay un faro que ilumina a todos los que se aventuran a iniciarse en este sub estilo maldito del rock, ese es un señor llamado Steve Hackett.