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Valdivia, poesía y lírica desde el corazón del folk y la electrónica

Conocemos a la artista madrileña que se mueve entre el folk y la electrónica

 

ALBERT JANÉS

Como los rayos del sol que despuntan en el alba en invierno, o el agua que fluye en un riachuelo de montaña en verano, la música de Valdivia es envolvente, cálida, cruda y bella. “Que el cielo volverá a salir / aunque no sepa mirarlo” es el verso que inaugura el EP Cero, de la artista madrileña Irene López Valdivia quien, bajo el alias de Valdivia, presenta un íntimo y conmovedor proyecto musical.

Irene aprendió a tocar la guitarra de forma autodidacta a los 16 años: “Llevo peor tener profesores que aprender por mi cuenta. Así, no tengo que pelearme con nadie”, comenta. Después de sacar un par de versiones de C. Tangana y Sticky M.A., Valdivia editó en 2020 el EP Cero (el cual ya tenía grabado antes de las versiones, aunque el resultado no le convenció), con 7 preciosos temas que podrían encasillarse dentro géneros cómo el  slow pop y, sobre todo, el neofolk, aunque Irene aclara que no son etiquetas que ella haya elegido: “Yo no me encasillo en ningún estilo. A veces, me preguntan: “¿Qué música haces?” Y no sé explicarlo muy bien, porque me parece un poco complejo y que no se puede resumir en estos géneros. Al final, lo resumimos en cosas que no lo engloban en su totalidad, aunque sirven”.

Irene cita como inspiración a grupos como Bon Iver y, sobre todo, Daughter: “Es mi grupo favorito de la vida”. No obstante, el estilismo de Cero surgió también de forma coyuntural: “Cuando quise empezar a hacer canciones, se lo propuse a varias personas, pero nadie quiso tocar ni formar un grupo conmigo, así que pensé: “Pues da igual, ya lo hago yo sola”. Al final, si estás solo, hacer este género es más fácil  que hacer cualquier otro”, aclara la artista. Otra referencia estilística que menciona es el post-hardcore: “En el EP hay guitarras muy ambientales, como arpegios de fondo, lo cual le da bastantes toques post-hardcore, aunque ello no se note mucho”. Precisamente, en la última canción del EP, “Sigilo”, Valdivia cuenta con la colaboración de la voz de Begoña, de Ordesa y Monteperdido: “Bego es de mis mejores amigas. No podía no estar”, confiesa. Monteperdido es, de hecho, una banda mucho más cercana al post-hardcore, estableciendo así ese puente no demasiado evidente a primera vista con este estilo, pero bien implícito en los acordes y texturas de las composiciones de Cero.

Después del EP, Valdivia ha publicado un par de nuevas canciones: ‘Lo Malo Conocido’ y ‘La Cruz’, con un sonido mucho más electrónico, dejando atrás el sonido acústico de Cero: “Simplemente me cansé de ser emo”, cuenta Irene entre risas. Sobre el motivo del cambio de sonido, precisa: “Me apetecía hacer algo más movido, ver que podía salir del registro anterior; también para demostrármelo a mi misma. Quería probar con sintes, cosas menos orgánicas y más electrónicas y, la verdad, es que estoy a gusto con el cambio”. Aunque las nuevas canciones hayan cambiado la guitarra por los sintetizadores y se muestran bajo otra forma, el fondo musical de Irene sigue bien presente en los nuevos temas, con su gran voz como hilo conductor, y demostrando su capacidad de evolucionar y adaptarse a lo que se proponga: “Pienso que un artista no tiene que hacer siempre lo mismo. No criminalizo para nada los artistas que deciden cambiar de un día para otro, y renuevan su manera de hacer música, me parece una evolución”, aclara con rotundidad.

“La música es de consumo rápido. Sacas un tema y, en unos meses, a no ser que sea un hit, ya se habrá olvidado”

A nivel lírico, el proyecto se inspira en vivencias y sensaciones personales, aunque hay una evolución importante entre Cero y los nuevos temas: ”En Cero, todo era muy metafórico, lírico, y poético y, aunque siempre me inspiro en vivencias, en lo nuevo, está expresado más crudamente”, explica la artista. La edición en formato físico de Cero, muy cuidada, tanto en la versión en cassette como en CD, muestra una clara inspiración DIY (Do It Yourself), como el sello usado para la carátula del CD, que Irene muestra orgullosa encima de su escritorio. “Los artistas pequeños vivimos del apoyo de nuestros amigos, nuestra gente cercana. En los círculos musicales en los que nos movemos, al final todo se basa mucho en visibilizar y apoyar el trabajo de los demás, consumir sus productos, tanto de manera virtual como pagando merch”.

La compositora se muestra asimismo muy reflexiva y crítica acerca de cómo es el consumo de música hoy en día: “La música es de consumo rápido. Sacas un tema y, en unos meses, a no ser que sea un hit, ya se habrá olvidado y, aún siendo un hit, caduca. Me preocupa, porque es invertir mucho tiempo, dinero y ganas, y el hecho de que se mueran tan rápido los temas pues frustra, porque te hace tener que ser mucho más productivo. Y el capitalismo, lo elevamos a eso”. La madrileña puntualiza que, las cosas, hay que hacerlas sin esperar resultados, “Porque quieres hacerlas. Aunque también es verdad que, en el fondo, sí que lo esperas un poco”.

Enfermera de profesión, explica el duro año de pandemia vivido: “Recuerdo la pandemia como lo peor de mi vida. Una tragedia constante. Dejé el trabajo en Junio porque no podía más, y estuve todo el verano tocando. Ahora estoy currando en una clínica, y ya no tengo tanta sobrecarga”. Dejando atrás esos tiempos difíciles, Valdivia prepara, para el futuro, varios conciertos en 2022, así como un nuevo EP a finales de este año o inicios del 2022. “Y cuando el alma toque fondo / yo ya no veré en la oscuridad”, canta Irene en la bellísima canción ‘Escala De Grises’ y, como si fueran pequeñas luces cálidas y envolventes, sus canciones arropan y acompañan en un sendero para, precisamente, no perderse en la oscuridad.