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Fats Domino: Y de repente, el rock and roll

Analizamos Fats Domino Rock and Rollin’, un disco en el que el pianista saca toda la artillería pesada para encabezar la transición a ese rock and roll que tantas pasiones levantaría

 

PALOMA HERNÁNDEZ MATELLANO

Cuando le señalaban como uno de los pioneros rock and roll, Fats Domino no se cansaba de repetir que él solo hacía el mismo ‘rhythm and blues’ que llevaba décadas triunfando en Nueva Orleans. Pero el de Domino era un R&B renovado, con un ritmo más acelerado y una temática liviana que se vinculaba más a ese “sonido de la ciudad” que popularizarían Presley y compañía. Un estilo nacido de las urbes que, con influencias que van desde el Blues del Misisipi al jazz y el boogie, celebra los rasgos de esa vida metropolitana tan seductora.

Así lo evidencia su segundo larga duración, Fats Domino Rock and Rollin’ (1956), un disco en el que el pianista saca toda la artillería pesada para encabezar la transición a ese rock and roll que tantas pasiones levantaría. Entre las dos instrumentales que abren el elepé, ‘Swanee River Hop’ y ‘Second Line Jump’, y la que lo cierra, ‘Fat’s Frenzy’, bien podrían haber pasado diez años de la historia de la música. Las primeras aúnan la influencia del blues con un piano que pierde monotonía y gana viveza, mientras que la última es la más flagrante exhibición de que el rock llegaba para quedarse.

Cierra así el ciclo de evolución de su propio estilo musical que se abría con la primera canción del disco, ‘My Blue Heaven’, una versión del éxito que interpretaba el crooner Gene Austin y que Domino reinventa con un ritmo de trompeta más marcado y optimista pero que conserva una clara influencia del jazz. Del éxito de Fats tiene gran parte de mérito precisamente su trompetista, Dave Bartholomew, junto a quien compuso la mayoría de sus canciones. Fue él quien le introdujo al que sería su primer sello discográfico, Imperial Records, con el que alcanzó varios números uno que le catapultaron a la fama, llegando a actuar en el Ed Sullivan Show.

Fats Domino Rock and Rollin’ baila entre piezas más cercanas a lo que hoy entendemos por puro rock and roll y otras en las que sus cualidades de bluesman tienen una notable presencia, como son ‘If You Need Me’ y, especialmente, ‘Goodbye’ y ‘My Heart Is In Your Hands’. Aunque con un ritmo más desenfadado que el del blues tradicional, Domino vuelve en estos temas a un sonido más contundente, con el piano ralentizado y su voz ganando intensidad. Y es así como consigue potenciar el dramatismo de su mensaje: una sincera declaración de amor que es el cliché idóneo para conquistar a su audiencia. Sin innovar mucho en las letras, procura no alejarse de las fórmulas de éxito que comparten todas las canciones de desamor, como “Te querré hasta el día que me muera” en ‘If You Need Me’ o “Decías que me querías / Pero no significaba nada” en ‘Careless Love’.

La misma temática ligera, pero muy humana y atractiva, plantea en ‘Are You Going My Way’, en la que ilustra cómo un joven seduce a una chica al salir del colegio. En este caso lo hace en un tono más roquero en el que el saxo gana presencia, como también ocurre en ‘I Love Her’ y ‘When My Dreamboat Comes Home’, esta última con un ritmo muy fresco cercano al boogie. Y en esa misma línea va ‘I’m In Love Again’, la que es quizás su canción más famosa de este elepé gracias al “eenie meenie and miney-mo” que a cualquier amante del baile le resulta irresistible.

Puede que Fats Domino no fuera el catalizador del rock and roll, ni este disco una de las grandes obras maestras de la música, pero sí es una magistral exhibición de cómo del blues al rock hay solo un paso. Y Fats, como buen pionero, nunca quiso dar marcha atrás.