VOLA y su cuarto artefacto musical ‘Friend Of A Phantom’: ¿qué hay de nuevo?
Los escandinavos exploran la dualidad de su sonido en su nuevo trabajo, Friend of a phantom
ANDREA COLINO CASTILLO
Estás viendo una peli de ciencia ficción, de esas con mucho presupuesto y poca historia, y llega el momento decisivo para el o la protagonista: la batalla definitiva. Entre golpe y golpe, su adversario proyecta al héroe con una fuerza sobrehumana que le hace flotar por el aire unos cuantos metros, mientras tú desde el sofá de tu casa ves cómo su cuerpecito se encoge hacia delante, doblándose y volando a cámara lenta, y piensas “Sé que caerá y no será bonito, pero de momento…qué paz”. Friend Of A Phantom (Mascot Records, 2024) es la fuerza sobrehumana que te proyecta, pero también es la paz que sientes volando. Es luz y sombra. Es blanco y negro.
El cuarto disco de la banda danesa-sueca VOLA se llama Friend Of A Phantom (amigo de un fantasma) y marca una nueva etapa para el escandinavo cuarteto de metal progresivo. Tras el éxito de su anterior trabajo Witness (Mascot Records, 2021), que los catapultó a la fama (relativa) de la escena del metal progresivo en Europa, VOLA han sacado esta oda a la dualidad que tanto miedo daba escuchar por si no habían llegado a la suela del zapato de su tercer álbum. Pero como el principal compositor, guitarrista y vocalista de la banda, Asger Mygind, dijo en una entrevista para The Prog Report, hacer un disco igual de bueno ya era un logro, y eso lo han conseguido.
«Es un perfecto equilibrio de afilados elementos cuya potente personalidad está contenida en los confines de cada canción, y baila entre la luz y la sombra»
Canciones más luminosas, como ‘We Will Not Disband’, conviven con otras más oscuras, como ‘Bleed Out’, pero sin pisarse y creando una contradicción armoniosa. La primera, con un mensaje de nostalgia inocente y recursos instrumentales ligeros, como un fingerpicking limpio sobre un teclado con reverb, da paso a un segundo verso en el que la polirritmia a manos de Adam Janzi (batería) ofrece nuevas sensaciones de firmeza hasta entonces ocultas. En cambio, la segunda empieza con versos canallas que emanan confianza, para desembocar en el estribillo más pegadizo del álbum, y vuelven a la caña con un breakdown que suena a un híbrido entre Gojira y Mastodon.
Este es un disco que tiene para todos, y además bien. Hay más electrónica pero también más gutural, más brillo pero más suciedad. Lo que a veces suena excesivamente cibernético acaba equilibrándose en su tiempo justo por la continuidad de un bajo oscuro y potente, a manos de Nicolai Mogensen, o una guitarra de tono oxidado, como en ‘Paper Wolf’ o en ‘Cannibal’. En esta segunda lo vemos con ese comienzo de instrumental dura pero voz brillante de Asger, el estribillo popero, que alude a la estructura melódica favorita de la banda, y los duros coros de Anders Friedén (vocalista de la banda sueca de death metal In Flames) que aportan nuevas dimensiones.
Con este álbum, igual que con cualquiera de sus composiciones, VOLA obliga a la escucha consciente, a abrir la mente y a aceptar que los géneros musicales duros no dejan de serlo por tener elementos menos cañeros. Es un perfecto equilibrio de afilados elementos cuya potente personalidad individual está contenida con cuidado en los confines de cada canción, y baila entre la luz y la sombra. Entre lo blanco y lo negro. Pero sin mancharse.